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Destino Estados Unidos

Un paseo por la historia de Las Vegas

Fremont Street es el sitio histórico de La Ciudad del Pecado. A solo cinco kilómetros de los mega-hoteles, la calle donde todo comenzó es hoy un paseo peatonal en el que es posible conocer cómo surgió la ciudad y revivir las glorias de antaño.

Por: Roberto Quintero
Fotos: Roberto Quintero

Hacía un frío terrible y lo más sensato era guardar la cámara, ponerse unos guantes y meter las manos en los bolsillos del abrigo. Pero el deseo de retratar lo que estaba observando era mucho más fuerte que mi instinto de preservación. Aún me costaba creer que me encontraba en Fremont Street, justo el lugar donde comenzó la historia de Las Vegas. Quizá para el visitante promedio, saber cómo y dónde surgió la mítica Ciudad del Pecado sea un hecho irrelevante. Y hablar de historia, tratándose de una metrópoli tan joven y en constante cambio, tal vez sea una total cursilería. Pero me hago cargo: dar un paseo por sus orígenes queriendo revivir aquella época de las apuestas clandestinas, las trifulcas entre gangsters, el gran despertar de las luces de neón y esas noches en que Frank Sinatra y sus amigos caían a tomarse unos tragos, resultaba un plan fascinante.

De aquel agite de antaño ya no queda nada, la verdad; ahora la acción pasa por otro lado. Después de años de esplendor, en los 80 el epicentro de la diversión se mudó del todo a The Strip, el bullicioso fragmento de Las Vegas Boulevard donde hoy se erigen los mega-hoteles con miles de habitaciones, glamorosos casinos, finos restaurantes y gigantes salas de espectáculos. Más de cuarenta millones de visitantes llegan allí cada año con el firme propósito de tentar su suerte. Por eso en Fremont Street, corazón del Downtown Las Vegas, a cinco kilómetros de The Strip, el ambiente es otro. Más que el casco antiguo de Las Vegas, parece su lado B. Un barrio tranquilo de edificios bajos y calles semivacías, con personas que no tienen cara de andar enfiestadas desde hace una semana: son los residentes del área, la gente real que habita ahí donde el Circo del Sol jamás se asoma; herederos de los primeros moradores, que llegaron con sueños de progreso y fundaron la ciudad en 1905.

Su aspecto también ha cambiado mucho. De hecho, recuerdo que al bajar del taxi le pregunté al conductor si estaba en el lugar correcto. Es raro querer reconocer un sitio al que nunca se ha ido, lo sé. Pero aunque nunca había estado físicamente ahí, se trataba de un lugar que había visto miles de veces. Ingenuo, cual si fuese un personaje melancólico de una película de Woody Allen, fui en busca de la postal clásica. La luminosa calle con sus anuncios de neón, que en los años de apogeo fue conocida como “Glitter Gulch” (Quebrada Destellante), inmortalizada en el filme Viva Las Vegas, protagonizado por Elvis Presley en 1964. Esa en la que James Bond —interpretado por el gran Sean Connery— conducía a toda prisa un Mustang rojo mientras era perseguido por la policía, en la cinta Diamonds are Forever (1971). La misma en la que vi deambular mil veces a la banda irlandesa U2, en aquel famoso video de la canción “I Still Haven’t Found What I’m Looking For”, en 1987. La que hasta hace algunas décadas fue una de las calles más conocidas de Estados Unidos.

Esa postal icónica desapareció. A finales de 1994, los empresarios y las autoridades de turismo convirtieron las cinco cuadras más importantes de Fremont Street en un paseo peatonal al que llamaron Fremont Street Experience, haciendo de ella una atracción que rescatase del olvido sus años de gloria. Son pocos los hoteles y casinos emblemáticos que aún quedan en pie; hoy en su lugar hay muchos restaurantes y tiendas de souvenirs y chucherías en general. Sobre la peatonal se instaló una pantalla en forma de dosel, con doce millones de lámparas LED y un sistema de altavoces, para presentar todas las noches un espectáculo de luces y sonido.

Me dispuse a recorrerla con la esperanza de encontrar algún resquicio secreto en las paredes de la historia que me transportara a Las Vegas de los años 50, o al menos un estandarte de aquel mítico momento que aún estuviera en pie. Cuando de pronto, al fondo de la última cuadra, divisé al célebre Vegas Vic, ese vaquero de catorce metros de altura erigido en 1951 sobre la fachada de The Pioneer Club. ¡No lo podía creer! Este se convirtió rápidamente en uno de los emblemas de la ciudad, ya que el vaquero “hablaba” y movía el brazo dando la bienvenida a los visitantes, lo que era toda una novedad en aquella época. Hace algunos años el club devino en una tienda de souvenirs. Y Jennifer, una de sus dependientas, me contó que el letrero fue restaurado a finales de los años 90, para que el simpático personaje no desapareciera.

Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que justo al lado de Vegas Vic se encontraba el Golden Gate Hotel & Casino, el hotel más histórico de Las Vegas. Abrió en 1906 bajo el nombre de Hotel Nevada y ha sobrevivido al tiempo, siendo testigo de momentos claves de la historia de la ciudad, como la época de la prohibición del licor, las apuestas clandestinas y el reinado de los gangsters, así como la posterior legalización de los juegos de azar, que dio pie al boom de Las Vegas en los años 50 y 60, y la llegada de las estrellas de Hollywood. ¡Por cierto! En el casino del hotel está el bar Prohibition, en el que habitualmente caían juntos Frank Sinatra y Sammy Davis Jr. para tomarse un trago cuando la noche apremiaba. No pude resistir la tentación de pedirme uno (ya que estaba) e imaginarme a esos dos genios del espectáculo sentados junto a mí en la barra. Creo que es lo más cerca que he estado de Disneylandia en mi vida.

Abandoné la peatonal y me metí a un restaurante, para comer algo y resguardarme del frío. Lo primero que llama la atención es el precio de la comida, ¡se nota que no estamos en The Strip! Carmen, la cajera, se muere de la risa ante mi sorpresa y me pregunta de dónde soy. “Aquí todo es mucho más barato: los hoteles, la comida y el shopping. Es para que los turistas también vengan acá”, me dice, como si adivinara que soy periodista, con ese simpático español que tienen los latinos en Estados Unidos. Le pregunté si siempre era así de tranquilo y me dijo que no, que en las noches siempre viene más gente por el show de luces. Y que en la peatonal a veces organizan conciertos gratuitos, lo que mantiene una rotación periódica de locales y turistas.

Con los últimos rayos del sol me fui a dar una vuelta por el barrio. A las pocas cuadras me topé con otro hotel legendario: El Cortez, que abrió sus puertas en 1941. En el camino descubrí varias paredes pintadas con grafiti, confirmando un dato que ya había leído en un panfleto turístico: el Downtown Las Vegas se ha convertido recientemente en el Art District. Muchas galerías de arte se han instalado en el barrio y a veces realizan ferias artísticas, un impulso generado por la apertura en 2012 del Museo Nacional del Crimen Organizado, mejor conocido como el Mob Museum (Museo de la Mafia), que le ha dado un aire nuevo a la localidad.

Regresé a la peatonal en busca de un taxi. El sol se había esfumado, el frío me estaba matando y debía regresar a The Strip, tenía entradas para el Circo del Sol esa noche. Pero antes de partir, le di un último vistazo a Fremont Street. Las luces de neón ya estaban encendidas. Me dio gusto quedarme con esa última imagen de aquella calle que acarició la gloria. Verla brillar una vez más, como un viejo guerrero que se resiste al paso del tiempo.