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Vistas de Panama

Un día en el lago Gatún

A 26 metros sobre el nivel del mar se extiende un prodigio de la naturaleza creado por el hombre: el lago Gatún, que abarca 436 kilómetros cuadrados y fue construido con el objetivo de almacenar agua suficiente para permitir el paso de los barcos de un océano a otro y proveer también los acueductos de la región.

Por Margarita de los Ríos
Fotos: Demian Colman

Cuando tú abordas un bote en el muelle público de Gamboa, viajas raudo en el tren que lo atraviesa de norte a sur o vuelas sobre sus aguas desde la tirolesa de La Granja, en el extremo norte, puedes deleitarte con las acuarelas dibujadas por el bosque en todas sus orillas. Palmas primero, arbustos más atrás, ramas y lianas enmarañadas al medio y majestuosos árboles en el fondo, cerrando el horizonte, componen las miles de obras maestras que se suceden una tras otra y deleitan el ojo y el espíritu.

 

El bote parte del punto exacto en donde el río Chagres arroja sus aguas a este lago artificial, construido durante la primera década del siglo pasado. Y desde ahí mismo comienza su magia, pues no sabemos si el río tributa sus aguas o roba las del lago para alimentar su caudal que, al otro lado del país, 33 kilómetros al norte, lanza al mar Caribe. Y es que el Chagres en realidad tributa sus aguas a ambos extremos.

El sol está radiante porque ya comenzó la época seca, pero el lago acaba de recibir durante ocho meses el maná que le da la razón de ser a esta enorme represa artificial y mueve la economía nacional: lluvia. Lluvia bendita que en medio de esta selva tropical cae a borbotones, de forma intermitente pero constante.

El lago fue construido para contenerla y poder brindar el agua suficiente para el funcionamiento del canal: una vía de agua a 26 metros por encima del nivel del mar, para permitir que los barcos atraviesen el istmo de un lado a otro. Por eso constituye el corazón palpitante de un hito geográfico incomparable: el lugar donde el hombre volvió a unir los mares luego de que hubiesen sido separados, tres millones de años antes, cuando la tierra emergió del mar.

Las obras de ingeniería del Canal de Panamá fueron muchas: romper en dos la cordillera en lo que se conoce como el Corte Culebra para dar paso al agua, construir las esclusas a lado y lado para que los barcos pudieran subir al nivel del lago y bajar luego al nivel del mar, y la presa que dominó el río con diecisiete millones de metros cúbicos de material y catorce compuertas. Todo se consolidó en 1913 cuando el presidente estadounidense Woodrow Wilson hizo volar desde Washington, vía telegráfica, el dique que contenía las aguas del Chagres para iniciar el llenado del lago Gatún.

No había otro lugar en el mundo donde esto fuera posible: solo ochenta kilómetros de distancia entre un océano y otro, solo una cordillera que atravesar y mucha lluvia durante gran parte del año para mantener el nivel del lago a satisfacción. Pero es que Panamá es mucho más que un canal comercial. Hace tres millones de años, cuando los mares se separaron, también la tierra se unió, creando un puente maravilloso de vida por donde cruzaron especies del norte y el sur. Las plantas fueron expandiendo sus territorios hacia un lado y otro, encontrando aquí terreno fértil para afincarse, y el cruce de animales ocasionó un fenómeno de consecuencias aún no medidas por la ciencia. Lo cierto es que aquí, como en una enorme arca de Noé, fue quedando una huella de todo; por eso el pequeño istmo es una de las zonas más biodiversas del planeta.

Y esa biodiversidad, desde el bote, se siente palpitar. Abajo viven lagartos enormes y de vez en vez sacan sus hocicos al sol. Las iguanas se mueven entre la espesura y los monos, cariblancos, titíes, arañas o aulladores, asoman sus narices curiosos cuando el bote se acerca a sus territorios. El bosque tropical, que bordea el lago y constituye lo que se conoce como la cuenca del Canal de Panamá, tiene en total medio millón de hectáreas, donde habitan 2.650 especies de flora, 159 de mamíferos, 98 de reptiles y 65 de anfibios: un tercio de la biodiversidad de uno de los ambientes más biodiversos del mundo.

El lago tiene varios hitos para que el visitante pueda abordarlo. Desde Ciudad de Panamá el primero de ellos está precisamente en la población de Gamboa, a treinta kilómetros de la capital. Allí está el muelle público y también el Hotel Gamboa Rainforest Resort, desde donde parten excursiones a diario para recorrerlo. También está el punto de partida para llegar a la Isla Barro Colorado, el bosque tropical más estudiado del planeta, ya que desde hace más de cien años se instaló allí un laboratorio del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Con el mínimo de intervención humana, el bosque allí muestra sus propias dinámicas a científicos del mundo que vienen tan solo a observar y anotar.

Gracias a estas investigaciones hoy sabemos, por ejemplo, que las hormigas arrieras cortan más del 15% de todas las hojas producidas en el bosque para fertilizar los hongos que cultivan como alimento en sus nidos subterráneos, que las avispas de higuera pueden viajar hasta catorce kilómetros para polinizar las frutas de higo o que un árbol de espavé grande (Anacardium excelsum) bombea unos 54 litros de agua desde el suelo hasta las hojas todos los días. Mucho de lo que se sabe del mundo natural se ha descrito aquí en esta pequeña isla, que hace parte del Monumento Natural de Barro Clorado. El Instituto ofrece visitas guiadas a este laboratorio viviente.

Al otro lado de la cuenca, en la parte del Caribe, el visitante puede abordar el lago por el Hotel Meliá Panamá Colón, que funciona en una península de cara a la zona menos intervenida. El Meliá Panamá es célebre, pues funciona en lo que fuera la Escuela de las Américas, uno de los símbolos de la presencia de Estados Unidos en Panamá durante los casi cien años que el país del norte administró el canal. En este lugar los militares de Latinoamérica fueron entrenados, entre otras cosas, para combatir la expansión del comunismo. Lo que fue símbolo de la presencia estadounidense, con la devolución del canal y todas las áreas colindantes, se convirtió en un motor del desarrollo turístico.

También en Colón está La Granja, un emprendimiento para la práctica de deportes extremos que permite una vista aérea desde su tirolesa y además ha desarrollado un mariposario y un recorrido para conocer animales típicos de una granja.

Al final del recorrido el turista encuentra una vista fabulosa del lago en el punto exacto donde se encuentra con las nuevas esclusas del canal ampliado, conocidas como Agua Clara. Allí la visita se completa con un magnífico recorrido por el nuevo Canal de Panamá, una vista sin igual del lago Gatún y un buen lugar para almorzar.

 


Para visitar el lago Gatún

Gamboa Rainforest Resort: ubicado a treinta kilómetros de la ciudad, en medio del bosque tropical, ofrece excursiones y aventuras extremas.

Meliá Panamá Canal: en la Provincia de Colón, a pocos minutos de la Zona Libre de Colón por un camino bordeado de selva.

Isla de Barro Colorado: para visitar la isla es necesario reservar en el STRI (www.stri.si.edu).

La Granja: lugar de recreación y deportes extremos, permite abordar el lago desde otra perspectiva (www.lagranjapanama.com).

Esclusas de Agua Clara: el recién remodelado Canal de Panamá ha instalado, al lado del Caribe, el centro de visitantes para conocer las nuevas esclusas.