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Vistas de Panama

Chiriquí: Un destino extraordinario

A más de cuatrocientos kilómetros de Ciudad de Panamá existe una provincia, Chiriquí, que ofrece lo mejor de dos mundos: playas de ensueño, un océano Pacífico biodiverso y con paisajes imponentes, y un puñado de pueblos de montaña con clima templado y verdes inquietantes en donde se produce no solo el mejor café, sino también buena parte de los alimentos que se consumen en el país centroamericano.

Por: Viodelda Barrías
Fotos: Javier A. Pinzón

Dos playas en un día

Ubicada a más de cuatrocientos kilómetros de Ciudad de Panamá, la provincia de Chiriquí —conocida también por su nombre indígena, el Valle de la Luna— posee una zona costera que se extiende desde la vecina Costa Rica hasta la Península de Azuero, y que comprende playas casi vírgenes, zonas de desarrollo turístico mediano y pueblos que empiezan a transformarse debido al auge del turismo, que va descubriendo la belleza y la biodiversidad de la región.

El propósito de este, nuestro primer día de recorrido en la provincia, era conocer dos de sus playas más famosas: La Barqueta y Las Lajas. Empezamos la aventura visitando Alanje, pequeño pueblo colonial conocido en el país por ser sitio de peregrinación de los fieles católicos devotos al Santo Cristo de Alanje y puerta de entrada hacia La Barqueta. La historia cuenta que Alanje fue fundado en septiembre de 1591 y en su Basílica Menor Santiago Apóstol se encuentra la figura del Santo Cristo. Cada año, tanto en Semana Santa como en septiembre, miles de personas acuden a la iglesia para pedir o agradecer favores. Tras una visita breve a la iglesia, tomamos rumbo hacia La Barqueta.

25 minutos de la ciudad de David, La Barqueta es uno de los balnearios más populares de los chiricanos, y a la hora que llegamos ya el sol se había apoderado de sus 23 kilómetros de playa. Declarada Área de Protección de la Tortuga Marina y Refugio de Vida Silvestre, las fuertes olas se prestan para surfear, sus manglares para hacer kayak y sus bosques para paseos a caballo o apreciar la salida del sol, aunque los lugareños aseguran que la puesta del sol es uno de sus mayores atractivos. Como sitio de anidación de tortugas, con algo de suerte y si se queda durante más tiempo, podrá ser testigo de la arribada nocturna de tortugas que llegan a desovar.

La belleza de La Barqueta impresiona, pero su mar es bravío y rompe con fuerza en la arena. Tome pues sus precauciones con los remolinos; pregunte a los lugareños la zona más segura para bañarse.

Terminada la visita a La Barqueta, lo siguiente es recorrer los 112 kilómetros aproximados que la separan de la playa Las Lajas, donde se goza de una increíble tranquilidad, debido a que el turismo de masas aún no ha llegado. Es un remanso de paz de 18 kilómetros de largo de arena tornasol, en el distrito de San Félix, noventa kilómetros al este de David, en un pueblo homónimo habitado esencialmente por familias de pescadores.

Aun así es posible encontrar algunos hoteles para alojarse en familia o en pareja, aunque el lugar se presta para acampar: su mar casi turquesa, el oleaje espumoso, la tranquilidad… Todo invita a montar una carpa y protegerse allí del sol, o alquilar algunos de los ranchos que ofrecen los lugareños. Como con La Barqueta, tenga precaución: con marea alta, el oleaje es fuerte y peligroso.

Si decide quedarse para ver la caída del sol, prepárese para el espectáculo que ofrece el oriente chiricano: mientras el sol va ocultándose en el horizonte, el cielo se torna naranja y los pulmones se llenan de ese viento salitre que una podría jurar que limpia hasta el alma. La experiencia es casi mística.

Navegando entre islas y corales

¿Quieres una isla para ti solito, hacer pesca deportiva de alta gama, bañarte en playas de arena blanca o alojarte en una cabaña con el sello “Unique Lodges of the World”? Todo esto es posible en el Golfo de Chiriquí, una zona que se encuentra ubicada a lo largo de la costa del Pacífico de Panamá, entre las provincias de Chiriquí y Veraguas.

Para disfrutar de las maravillas que ofrece el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí accedimos por Boca Chica, un pequeño pueblo de pescadores que en la última década ha presentado un vertiginoso desarrollo hotelero en su costa y en islas aledañas, como Boca Brava, Palenque y otras más lejanas como Islas Secas.

Partimos del Seagull Cove Resort, un encantador hotel boutique ubicado en tierra firme y con muelle propio. La idea era hacer un recorrido panorámico por el archipiélago y gozar de sus suaves playas y aguas transparentes.

La primera isla que se divisa, antes de la zona protegida, es Boca Brava, una montaña que surge de repente del mar, en donde funciona el Cala Mia Boutique Resort, considerado otra joya de la zona. La isla tiene playas de arena blanca, cabañas rodeadas de frondosos árboles, muelle privado, actividades de pesca deportiva y spa, entre otras amenidades.

Luego están las islas Paridas (la mayor de todas) y Paridita, Santa Catalina, Pulgoso, Tintorera, Obispo, Obispone, Icacos, Corral de Piedra… El mar es verdaderamente color turquesa, cristalino. Pronto aparece Bolaños, con sus cuatro playas de arena blanca y suave bordeada de arrecifes coralinos y visitada por la megafauna marina. Desde la lancha pudimos observar una tortuga que nos daba la bienvenida y nos invitaba a deleitarnos en las cálidas aguas del Golfo. Pocos minutos después llegamos a Isla Gámez y sus dos playas de arena blanca. Aquí desembarcamos, degustamos una refrescante bebida y nadamos en sus transparentes aguas.

Pero aún a nuestros ojos les faltaban otros lugares paradisíacos por descubrir en este entorno natural. Ya fuera del área protegida, Isla Palenque resultó fascinante y sorprendente, con su hotel, del mismo nombre, que ofrece lujo y comodidad en medio de 162 hectáreas de selva tropical.

El resort es uno de los diez hoteles administrados y desarrollados por Cayuga Collection en América Central y cuyo sello distintivo es la sostenibilidad. Isla Palenque Resort ha sido distinguido por National Geographic como “Unique Lodges of the World”.

En el muelle del hotel nos esperaba un guía, quien nos ofreció toallas húmedas para refrescarnos del candente sol y luego una camioneta nos llevó durante seis minutos por frondosos parajes al otro extremo de la isla, en donde están ubicadas las casitas o bungalós. Disfrutamos de un suculento almuerzo que tuvo como entrada ceviche de chayote, acompañado de un fresco y delicioso filete de atún como plato fuerte y calabazas caramelizadas de postre.

Luego de regresar a tierra firme, fuimos a visitar el hotel Boca del Mar, a menos de cinco minutos del centro de Boca Chica. Otro paraíso del entorno que ofrece cabañas finamente decoradas, varias piscinas, restaurante y muelle privado. Escuchamos su amplia gama de ofertas turísticas y excursiones antes de partir a nuestro próximo compromiso: la puesta del sol en medio del mar. Valió la pena: un luminoso sol pintó de rojo, amarillo y naranja el cielo y se ubicó entre dos islotes para esconderse en el mar. Al regresar a Seagull Cove Resort nos aguardaba otra sorpresa:  la ya tradicional fiesta sabatina de su Tiki Bar.

Isla Secas, idílica y mágica

El tercer día de nuestra aventura partimos del muelle del Seagull Cove Resort rumbo a el archipiélago de Islas Secas. Tras unos 45 minutos de navegación divisamos lo que sería otra experiencia sin igual: Isla Cavada, la mayor de las catorce islas que conforman el archipiélago y que esconde unos de los resorts más idílicos de la región. Sus aguas circundantes albergan más de 750 especies de peces y 128 especies de plantas.

Isla Secas Reserve and Resort fue reinaugurado el pasado 20 de diciembre; con un nuevo look de todas sus áreas públicas, restaurantes y casitas (cabañas), invita a una verdadera experiencia bajo las estrellas. Allí la fuente energética es solar; el agua usada se recaptura, los restos de comida se deshidratan y no se usan botellas de plástico. La idea es mantener el entorno en su mejor estado.

En este paraíso tropical usted puede escaparse a una de las islas del archipiélago, bucear en sus transparentes aguas, hacer surf de remos, kayak de pie, relajarse en su completo spa o pasar el día cómodamente acostado en una hamaca.

Después de un recorrido a pie por la isla y sus impresionantes senderos y en four wheel hasta la pista de aterrizaje, en medio de árboles nativos, comimos el almuerzo frente al mar: ceviche de sierra, atún recién pescado acompañado de ensalada de lechuga y tomate aderezada con salsa de guanábana, patacones y, para culminar esta experiencia gastronómica, helado de banano con compota de chocolate orgánico.

El capitán de la embarcación nos esperaba en el muelle del hotel para nuestro viaje de regreso a tierra firme. Fueron tres días conociendo las mejores playas de la costa Pacífica chiricana, una experiencia emocionante que invita a repetirla.


Dónde quedarse

En Boca Chica

Hotel Bocas del Mar. Hermosas cabañas. Tiene muelle privado. Tel. +507 6395 8757. info@bocasdelmar.com / www.bocasdelmar.com

Seagull Cove Resort. Hotel boutique. En el Tiki Bar se disfruta buena música y presentaciones folclóricas. Tel. +507 851 0036. www.seagullcoveresort.com

En las islas del Golfo de Chiriquí

Isla Palenque Resort. Su sello distintivo son el lujo y la sostenibilidad ambiental. Distinguido por National Geographic como “Unique Lodges of the World”. Tel. +1 855 679 4364. www.islapalenque.com

Cala Mía Boutique Resort, en la isla Boca Brava, sus instalaciones se integran armoniosamente con la naturaleza. Tels. +507 851 0025 / 6972 6954 / 1 800 507 1246. calamiaresort@gmail.com

www.calamiaresort.com

Isla Secas Reserve and Resort, en Isla Cavada, la mayor del archipiélago de Islas Secas. Sus casitas se entremezclan con la selva. Tiene paneles solares. Tel. 800 377 8877. www.islasecas.com