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Ecología

Los objetivos ambientales del Planeta

Texto y fotos: Carlos E. Gómez

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Cuando el astronauta Buzz Aldrin descendió detrás de Neil Armstrong y pisó la Luna, el 20 de julio de 1969, levantó la cabeza y describió a la Tierra como “una joya brillando en el cielo; una joya de azul profundo y verde aceituna”. Sin embargo, hoy el planeta luce enrarecido por el cambio climático: un fenómeno que afecta a todos los países y a todas las personas en todos los continentes. Cambios que vivimos en nuestra piel a causa de la alteración del clima, el aumento del nivel del mar, la creciente contaminación y la degradación de los suelos y los mares. El desastre ambiental ha aumentado el número de migrantes de 173 a 244 millones en quince años.

Esta realidad impulsó a los gobernantes, empresarios, sociedad civil y pueblos del orbe a establecer los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como un compromiso para transformar nuestro mundo antes de 2030, los cuales fueron coordinados en 2015 por las Naciones Unidas y aprobados en asamblea general por todos los países miembros. Entre estos destacan cuatro grandes objetivos ambientales: producción y consumo responsable, acción por el clima, vida submarina y de ecosistemas terrestres.

¿Por qué consumir y producir sosteniblemente, respetando el ambiente? 

Porque las estadísticas indican que cada día somos más y, por ende, consumimos más. Si no actuamos para cambiar la producción y nuestros hábitos de consumo, causaremos daños irreversibles al planeta. Cuántas cosas compramos solamente porque están en oferta o son moda, sin pensar en el impacto ambiental de su producción. Por ejemplo, según datos de Naciones Unidas, cada año 1.300 millones de toneladas de alimentos (por valor de un billón de dólares) son arrojados a la basura por los consumidores y mayoristas o se deterioran en bodegas debido a malas prácticas de recolección, almacenamiento y transporte.

Además, producimos más de cincuenta millones de toneladas métricas de desechos electrónicos y arrojamos más de ocho millones de toneladas de desechos plásticos al mar cada año.

¿Qué puedo hacer como consumidor para mejorar el ambiente? 

Descargue la aplicación ODS en Acción, que propone iniciativas, aconseja actuar de forma reflexiva a la hora de comprar y optar por productos sostenibles, no contaminantes y amigables con el ambiente cuando sea posible. Segundo, recicle, reutilice y reduzca la cantidad de deshechos. Como productor, la idea es crear ganancias netas haciendo mejores cosas, que generen menor impacto ambiental, menos contaminación, más reciclaje, mayor competitividad y mejor calidad de vida para consumidores y trabajadores.

¿Cuáles son las metas para el 2030? 

Reducir los desechos, reciclar y reutilizar. Reducir a la mitad el desperdicio de alimentos y disminuir significativamente el consumo de productos y energías fósiles. Por ejemplo, desde 2012 Francia genera más del 90% de su electricidad a partir de fuentes con cero emisiones de carbón, pues además de la energía nuclear, utiliza hidroeléctrica, eólica y otras alternativas verdes.

¿Por qué adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático? 

Porque el cambio climático impacta negativamente no solo la economía, sino también la vida de todas las personas y las comunidades en todos los países. Según António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, “el cambio climático representa el desafío más determinante de la época en que vivimos, pero tenemos aliados importantes para combatirlo: la ciencia y la tecnología. Hay que continuar con la acción climática, pese a los escépticos”.

Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por las actividades humanas han aumentado. El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) demostró que la temperatura media mundial aumentó 0.85 °C entre 1880 y 2012. Al respecto advierten que la producción de cereales se reduce en un 5% por cada grado que aumente la temperatura; de hecho, debido al clima más cálido, de 1981 a 2002 se perdieron cuarenta millones de toneladas de cultivos de maíz, trigo y otros productos.

También los océanos se han calentado. La cantidad de hielo y nieve ha disminuido, con una pérdida irreparable de 1.07 millones de kilómetros cuadrados por década. Entre 1901 y 2010, el nivel del mar subió 19 centímetros y se estima que en 2065 habrá subido de 24 a 30 centímetros más, lo cual provocará la inundación de ciudades costeras y otros desastres naturales. Las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2) han aumentado un 50% desde 1990, y desde 2000 hasta 2010 se incrementaron más que en las tres décadas anteriores.

¿Cuáles son los compromisos para el 2030? 

Todos los gobiernos se han comprometido a incorporar acciones tendientes a mitigar el cambio climático entre las políticas y estrategias de los planes de desarrollo nacional y local. Una de las prioridades es disminuir las emisiones de CO2. Además, los países desarrollados que conforman la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático planean invertir 100.000 millones de dólares anuales en 2020 para atender las situaciones relacionadas con el cambio climático y poner en pleno funcionamiento el Fondo Verde para el Clima. Es fundamental mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad de respuesta frente a este fenómeno que afecta la vida y la economía de todas las personas y todos los países.

¿Por qué conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos?

Porque los océanos proporcionan recursos como alimentos, medicinas y biocombustibles. El medio marino es la morada de una asombrosa variedad de criaturas, que va desde organismos unicelulares hasta la ballena azul (el animal más grande del planeta). También es el hábitat de los arrecifes de corales, uno de los ecosistemas con mayor diversidad genética del orbe. Los ecosistemas costeros actúan como barreras de amortiguación para reducir los daños causados por tormentas y mareas altas. Las costas son el escenario para actividades recreativas y turísticas, y además ayudan a mejorar la salud de las personas. Sus aguas han sido vitales para el comercio y el transporte mundial. Por eso la gestión ambiental de este recurso es esencial para el futuro sostenible de la vida.

Hoy la sobrepesca y la contaminación marina están poniendo en peligro la vida de los océanos. Se ha destruido el 20% de los arrecifes coralinos, un 24% adicional corre peligro inminente de desaparición por presiones humanas y un 26% está en amenaza de desaparecer a más largo plazo. Los elevados niveles de acidez que hoy tienen los océanos pueden generar un debilitamiento de los esqueletos y caparazones de muchas especies marinas, según indican estudios científicos. La proporción de poblaciones de peces marinos que se mantienen en niveles biológicamente sostenibles ha disminuido drásticamente en todo el mundo por la sobrepesca. La mala gestión marina ocasiona un impacto económico que supera los 200.000 millones de dólares al año, según estimaciones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y, si no se adoptan medidas de mitigación, el cambio climático aumentará el costo de los daños a los océanos en otros 322.000 millones de dólares anuales en 2050. Para colmo, se estima que más de ocho millones de toneladas de desechos plásticos se vierten cada año al mar y lo más preocupante es que esta cifra va en aumento.

¿Qué podemos hacer? 

Para empezar, debemos eliminar en lo posible el uso del plástico, organizar y participar en actividades de limpieza de playas, elegir productos con certificado de buenas prácticas marinas y, para conservar la diversidad biológica, exigir que los gobiernos establezcan sistemas de zonas protegidas bien gestionadas.

¿Cuáles son los compromisos? 

De aquí al 2020 se deben gestionar y proteger sosteniblemente los ecosistemas marinos para restablecer la salud productiva de los océanos, reglamentar eficazmente la explotación pesquera, poner fin a la pesca excesiva, la pesca ilegal, las prácticas destructivas, la pesca no declarada y no reglamentada; aplicar planes de gestión con fundamento científico, para restablecer las poblaciones de peces en el plazo más breve posible; conservar y proteger al menos el 10% de las zonas costeras y marinas, y prohibir los subsidios y subvenciones que contribuyan a cualquier tipo de pesca irregular.

De aquí al 2025, es urgente prevenir y reducir significativamente la contaminación marina de todo tipo, y minimizar y afrontar los efectos de la acidificación de los océanos, mediante una mayor cooperación científica.

¿Por qué proteger la vida de los ecosistemas terrestres? 

Porque solo el 30% de la superficie del planeta es tierra con ecosistemas diversos y es aquí donde vivimos los seres humanos. De aquí tomamos el agua que bebemos, los alimentos que consumimos y el aire que respiramos; por eso gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener la degradación de las tierras y la pérdida de biodiversidad es vital para la existencia y el bienestar de las personas.

Datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señalan que cada año se talan y desaparecen trece millones de hectáreas de bosques y la degradación del suelo provoca la desertificación de 3.600 millones de hectáreas, afectando la vida y la economía de millones de personas que luchan contra la pobreza. Los efectos de la desertificación lo sufren directamente 250 millones de personas, mientras unos mil millones se encuentran en zonas de riesgo, repartidas en más de cien países.

El 8% de las especies animales conocidas se han extinguido y el 22% están en peligro de extinción. En los últimos cien años han desaparecido más de 120 especies de animales, incluyendo el tigre persa, el lucio azul y la gran mariposa blanca de Madeira (declarados extintos en 1970); el tigre de Java y el hipopótamo enano de Madagascar (en 1976), el leopardo de Zanzíbar (en 1996), el rinoceronte negro (en 1997), el rinoceronte de Java (en 2011), la tortuga gigante de Pinta (en 2012) y el leopardo nublado de Formosa (en 2013). Hoy, 4.898 especies de animales están en la lista de riesgo crítico de extinción.

¿Qué podemos hacer? 

Reciclar, reutilizar y reducir el uso de bolsas plásticas, consumir alimentos producidos en el ámbito local y solamente los que necesitamos y reducir el consumo de energía mediante sistemas Inverter. Ser respetuoso con la fauna y la flora protegida, no comprar ni consumir animales silvestres y participar en la siembra de árboles y vegetación nativa.

Todos podemos hacer un planeta libre de contaminación y según Ligia Noronha, directora de la División de Economía ONU Medio Ambiente, la buena noticia “es que la ciencia está de nuestro lado. Hoy está claro que, gracias a las nuevas tecnologías, la economía verde es la economía del futuro. El negocio de la ecología es el mejor negocio y, al mismo tiempo, sirve para generar beneficios y hacer el bien”. Por eso pensemos y actuemos verde.