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Destino Estados Unidos

St. Petersburg y Clearwater

Arte, gastronomía, historia, playas deslumbrantes, deportes acuáticos, cerveza artesanal y cocteles al atardecer, son algunos de los atractivos turísticos más relevantes que pueden disfrutar quienes visitan las ciudades de St. Petersburg y Clearwater, en la Bahía de Tampa.

Por: Roberto Quintero
Fotos: Carlos Gómez

 

Luego de tres días recorriendo Tampa, llegó el turno de dar un paseo por St. Petersburg y Clearwater para descubrir los atractivos turísticos que ofrece el área metropolitana de la Bahía de Tampa, conformada por estas tres ciudades que se complementan para brindar a sus visitantes algo de agite urbano y un poco de paz y tranquilidad frente al mar. Tan sencillo como que en su viaje de negocios usted puede salir de una conferencia, quitarse la ropa formal, calzarse las chancletas e irse a la playa. Una cualidad que sin duda le da un valor agregado a este destino turístico.

Comenzamos el recorrido por uno de sus platos fuertes. Llegamos al centro de St. Petersburg poco después de las diez de la mañana y fuimos directo al Museo Dalí, que exhibe una gran cantidad de obras representativas de toda la carrera artística del pintor español Salvador Dalí. La muestra permanente incluye 96 óleos, muchos dibujos originales, grabados, esculturas, fotografías, manuscritos y un extenso archivo de documentos. Hay piezas fundamentales de los distintos periodos creativos de Dalí, como El teléfono langosta (1938) y Gala mirando el mar Mediterráneo que, a una distancia de veinte metros, se transforma en el retrato de Abraham Lincoln (1976). El edificio, diseñado por el prestigioso arquitecto Yann Weymouth, es una pieza de arquitectura digna de un cuadro del propio Dalí. Lástima que la visita fue corta; bueno, ni tan corta la verdad, pero yo me hubiese quedado ahí todo el día contemplando tan espléndida obra.

Decidimos caminar un poco para conocer mejor el área. Downtown St. Petersburg, frente a la Bahía de Tampa, tiene agradables parques y áreas verdes para el deleite de residentes y visitantes. Además, la zona ofrece diversos restaurantes, cafés y terrazas para sentarse a disfrutar de la brisa y el paisaje. En la Avenida Central y Beach Drive hay dos gratas sorpresas para los amantes del arte: el Museo de Bellas Artes y la fina galería Chihuly Collection. En esta última nos detuvimos un rato para conocer la muestra permanente de piezas de vidrio únicas, creadas por el mundialmente reconocido artista estadounidense Dale Chihuly. La obra del maestro del vidrio soplado, oriundo de Washington, ofrece una visión abstracta de su fascinación por la naturaleza, el mar y sus criaturas. Es una excelente idea echarle un vistazo a su deslumbrante trabajo.

Muy cerca de allí se encuentra el hotel Renaissance Vinoy Resort & Golf Club, más conocido como The Vinoy. Se trata de un ícono histórico y arquitectónico de la ciudad construido en 1925, que desde hace 35 años figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos de Estados Unidos. Basta entrar y recorrer el lobby y su restaurante principal para descubrir la historia de este hotel de estilo mediterráneo. Al principio solo atendía durante la temporada de verano, cuando recibió a grandes celebridades como el beisbolista Babe Ruth o el presidente Herbert Hoover. Aunque la habitación costaba veinte dólares la noche, en ese entonces era la tarifa más alta del área. Durante la Segunda Guerra Mundial, el hotel fue utilizado por el ejército como centro de entrenamiento militar; pero no le quiero contar más, pues lo divertido es que usted lo descubra por sí mismo.

Luego del almuerzo nos alejamos del centro para ir a conocer el Parque Fuerte De Soto (Fort De Soto Park), en las afueras de St. Petersburg. Este parque municipal abarca cinco islas interconectadas y 460 hectáreas en el Golfo de México y la Bahía de Tampa. Ni bien llegamos le dimos un rápido vistazo al fuerte que le da nombre al parque, bautizado en honor al conquistador español Hernando De Soto. Fue construido entre 1898 y 1906, y se mantuvo activo hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Luego se me antojó recorrer descalzo la playa de arena blanca del Cayo Mullet, isla principal, donde se encuentra el fuerte, y dedicar el resto de la tarde a fotografiar la fauna local, mientras el sol nos regalaba una bella luz y se despedía lentamente.

Poco antes de que cayera la noche fuimos al pueblo de Gulfport a tomar cerveza. Parecerá banal ‚Äïno para este servidor, aclaro, que se toma las degustaciones muy en serio‚Äï, pero llegar a este rincón floridano para tales menesteres es casi una obligación. En el estado de Florida la cerveza artesanal está de moda y resulta que justo la Bahía de Tampa lidera esta producción (me sentía como en Disneyland, para qué les voy a mentir). En el Beach Boulevard de Gulfport está Peg’s Cantina, una de las más reconocidas de la zona. Allá fuimos a probar de todo un poco, sentados en su terraza rodeada de árboles. Su oferta es amplia y hay una cerveza para cada gusto: amargas, otras más dulces y frugales, rubias o morenas. Mis favoritas fueron la Purple Haze y la White Rascal, pero todas son ricas. Jamás hubiese imaginado una forma más refrescante de culminar un arduo día de trabajo.

Al día siguiente el plan era pasar el día en Clearwater. Nos levantamos temprano, desayunamos y salimos a la carretera. En el camino nos detuvimos en John’s Pass Village, pequeño pueblo pesquero en Madeira Beach, famoso por su marina, tiendas de antigüedades y artesanías y los restaurantes de pescado fresco apostados frente al mar. Una vez allí, recibimos la invitación del alcalde para dar un paseo en su bote, capitaneado por él mismo. El recorrido fue propicio para ver delfines y disfrutar del bello paisaje marino. De regreso, aprovechamos para almorzar y corroborar la merecida fama culinaria que ostenta el lugar.

Nuestra siguiente parada fue el Clearwater Marine Aquarium. El lugar estaba lleno de visitantes y no es para menos, pues este es el hogar de la famosa Winter, una delfín nariz de botella que protagoniza la película Dolphin’s Tale (2011). ¿La conoce? Este film de superación personal (o animal en este caso) cuenta una historia de la vida real. A los tres meses de edad, Winter se enredó en las redes de una trampa para cangrejos, en la costa este de Florida. Fue rescatada y llevada al acuario, donde enfrentó una dura recuperación, pues perdió la cola y dos vértebras. Desde entonces usa una prótesis para poder nadar, pero sobrevivió teniéndolo todo en contra. Hoy es toda una celebridad y por eso miles de personas que desean conocerla visitan el acuario ‚Äïun hospital sin fines de lucro enfocado en rescatar, rehabilitar y liberar especies marinas‚Äï, que se ha convertido en una de las atracciones más importantes de la Bahía de Tampa.

Finalmente llegamos a nuestro destino: Clearwater Beach. Se trata de un simpático y cálido pueblito, asentado al borde de una hermosa y extensa playa de arena blanca frente al Golfo de México y a escasos treinta kilómetros del Aeropuerto Internacional de Tampa. Describiéndolo en una sola frase, es uno de esos sitios que enamoran a primera vista. Es un típico lugar de veraneo, pero tiene alma. Además de todas las comodidades: hoteles de lujo, restaurantes, tiendas, bares, discotecas y múltiples actividades al aire libre, todo se halla en su justa medida y en perfecto balance con la tranquilidad del mar y el paisaje natural, que sabe regalar atardeceres de ensueño. No en vano fue escogido como el mejor destino de playa de Florida, en una encuesta realizada el año pasado por el periódico USA Today.

Luego de dejar las maletas en el hotel y hacer una pequeña pausa para tomar unos cocteles frente al mar, nos enfilamos al Muelle 60 a ver caer la tarde. Este vendría a ser el centro del pueblo, donde se dan cita los bañistas para comprar algún recuerdo hecho a mano en la feria de artesanos, pescar o disfrutar alguno de los espectáculos a la gorra que brindan músicos y artistas callejeros todas las tardes. La algarabía era tremenda y nuestro cansancio también; así que después de una rica cena nos fuimos a la cama.

Al tercer día debíamos volver a casa, pero antes, nuestros anfitriones tenían una sorpresa más para nosotros. Nos llevaron a Tarpon Springs, pequeña ciudad a veinte kilómetros de Clearwater, donde habita la comunidad griega más grande de Estados Unidos. Visitar esta pintoresca localidad es como tener la oportunidad de conocer uno de esos pueblitos costeros de Grecia. Desde la llegada del primer inmigrante griego, hace más de 130 años, sus habitantes se han dedicado a la recolección de esponjas marinas. Uno de sus principales atractivos son las tiendas sobre la Avenida Dodecanese, que venden esponjas a buen precio y de todo tipo, tamaño y calidad, además de jabones artesanales. Muchos turistas toman los tours en bote que explican el proceso y la historia de la extracción de esponjas. Estando allí, es imperdonable no probar los platillos de la comida griega. Nosotros almorzamos en el restaurante Mykonos y fue una verdadera delicia. Está registrado en mi diario de viaje como uno de los mejores almuerzos de mi vida. Si no fuese por el peligro inminente de perder el vuelo, este servidor aún estaría allí, con la panza llena y el corazón contento.

 


Este reportaje se realizó con el apoyo de St. Petersburg Clearwater Area Convention & Visitors Bureau: www.visitstpeteclearwater.com

Recuadro

Copa Airlines vuela a Tampa cuatro veces semanales en un avión Boeing 737-700. El vuelo sale de Panamá los lunes, miércoles, viernes y domingos a las 6:34 p.m. y llega a las 9:53 p.m. (hora de Tampa). Regresa los lunes, martes, jueves y sábados a las 7:02 a.m. y aterriza a las 10:12 a.m.