Contáctanos

Destino Nicaragua

San Juan del Sur: Bella y salvaje

San Juan del Sur, conocida como “la capital de la diversión”, le hace honor a su nombre, pues abundan los bares, restaurantes con música en vivo y discotecas; los surfistas disfrutan de las olas del Pacífico centroamericano y turistas del mundo entero han encontrado su hogar en esta ciudad nicaragüense, creando una comunidad multicultural.

San Juan del Sur: Bella y salvaje
Texto y fotos: Demian Colman

San Juan del Sur, en la costa sudeste de Nicaragua, tiene un entorno de pies descalzos, pieles bronceadas y cabelleras llenas de sal que se pasean sin preocupación alguna por sus inmensas playas. Aquí las compras se hacen en vestido de baño y el día está hecho para tomar el sol. Y mientras surfistas aficionados y principiantes disfrutan de las olas del Pacífico centroamericano en sus playas aledañas, en la ciudad nada interrumpe la tranquilidad de quienes solo desean flotar en el agua salada. La calma y el calor del sol han atraído a turistas del mundo entero en su paso por Centroamérica, y algunos han encontrado en esta pequeña ciudad su hogar, creando una comunidad multicultural y, a su vez, una gran oferta gastronómica. El día a día brinda opciones tan variadas como comida thai, israelí, italiana o mexicana, además de comida de mar, carnes de todo tipo, menú vegano y, por supuesto, nicaragüense.

En los últimos años la localidad ha explotado el turismo, rubro que se ha convertido en uno de los que le aporta mayores ingresos. Hoy en día el turismo se preocupa por crear conciencia y reducir el daño ambiental, por lo que se ha incentivado el desarrollo del turismo ecológico, que beneficia tanto a la localidad como al turista. El avistamiento de ballenas es un claro ejemplo de que disfrutar a los animales salvajes en su entorno sin molestarlos resulta más valioso que verlos en las pequeñas peceras de los parques de diversión.

De todas las opciones ecoturísticas, yo le entrego la corona a la Reserva Natural Playa La Flor. Ubicada a 22 kilómetros de la ciudad, es un santuario que carga con la inmensa responsabilidad de resguardar las 3.000 hectáreas de selva y playa con sus habitantes salvajes. La misión principal de los hombres y mujeres que trabajan en el santuario es proteger la llegada y partida de las tortugas golfinas (Lepidochelys olivacea). Estos indefensos animales, con una longitud promedio de 65 centímetros en su adultez y un peso de 45 kilos, son la especie más pequeña de las tortugas marinas y, como muchas de su orden, están en vía de extinción. Debido a la contaminación de los océanos, la pérdida de espacio en las playas que usan para anidar y los depredadores que deben afrontar incluso estando todavía dentro del huevo, estos increíbles seres tienen todas las de perder.

Entre julio y enero hay siete arribadas masivas, nombre que se les da a los días y noches en que cientos de tortugas salen del agua de forma simultánea para depositar sus huevos en un nido que ellas mismas cavarán en la arena. Algunos de estos nidos tienen más de cien huevos, que romperán el cascarón unos cincuenta días después; si es que son afortunados. Lo malo es que la gran demanda de huevos de tortuga como un platillo típico ha hecho que los saqueadores de nidos se conviertan en un factor de alto riesgo para la supervivencia de estas especies.

De hecho, apenas el 2% de los cien huevos enterrados llegarán a convertirse en una tortuga adulta. Entonces la misión es aumentar el porcentaje de supervivencia, mediante la concientización e inclusión de la comunidad en el proceso. Por eso el santuario invita al turista a vivir las arribadas de cerca mientras recibe instrucciones claras de cómo respetar su espacio. Más adelante los nidos serán supervisados por manos expertas y, algunas veces, transportados a un espacio libre de peligro donde pueden ser monitoreados con el fin de encontrar la mejor forma de protección. Además de observar las impresionantes arribadas, los turistas con suerte podrán presenciar el nacimiento de las tortugas bebés. Es así como caminar descalzo bajo el sol en San Juan del Sur toma ese sentido profundo de conexión espiritual con el lugar que el viajero de esta era busca cada día más.

Mientras las tortugas anidan tranquilas en La Flor bajo el ojo de sus cuidadores, volvemos a la ciudad antes del atardecer. Muy pronto el sol cae, las luces empiezan a brillar y la música vuela por el aire, pues San Juan del Sur, conocida como “la capital de la diversión”, le hace honor a su nombre: bares, restaurantes con música en vivo y discotecas brotan a la luz de la luna, mientras los pies bajan de las tablas de surf y suben al escenario para empezar una noche sin fin.

En esta ciudad del Pacífico nicaragüense cualquier ocasión es buena para bailar y no hay día que perdone la fiesta. El Sunday Funday es una actividad que ha reunido a los entes de turismo para lograr que los turistas se queden ese día y no se vayan con la excusa de “aquí no hay nada que hacer”. La propuesta ofrece una noche para ir de fiesta en fiesta recorriendo los lugares más divertidos de la ciudad para despertar en la playa con ganas de volver a empezar.

Para terminar la fantasía, el Pelican Eyes Resort, el punto más alto de la ciudad, lo espera con una vista inigualable, ya sea para pasar una estadía en sus cabañas, recibir un relajante masaje, degustar una sabrosa comida o sumergirse en sus piscinas infinitas, que ofrecen la mejor opción para disfrutar del panorama, mientras que toda la energía del mar recarga el alma y permite disfrutar la vida que siempre había estado esperando.