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Vistas de Panama

Penonomé: Puebleriando‚ en los alrededores

Panamá va más allá de la cosmopolita zona interoceánica, pues también se extiende a los pueblos pequeños que hay en las provincias del país. Con esta nota Panorama de las Américas inaugura una propuesta para dar a conocer algunas de estas comunidades, con sus intimidades, historias y sencillo modo de vida. Acompáñenos, mientras vamos “puebleriando” por el interior de Panamá.

Por Gaspar Victoria
Fotos: Cristian Pinzón

Desde la capital panameña se llega al pueblo de Penonomé tras un placentero y corto recorrido de dos horas. Durante la colonia, el mismo trayecto tardaba dos días, subiendo y bajando por caminos de herradura, a través del accidentado pie de monte panameño. Lo sabemos gracias a don Juan Pérez de Guzmán y Gonzaga, gobernador de Panamá en enero de 1671, quien informó desde aquí la pérdida del estratégico puerto en el Pacífico a manos del pirata inglés Henry Morgan. Noventa años antes, el 30 de abril de 1581, don Diego López de Villanueva y Zapata, miembro de la Real Audiencia de Panamá, registró en otra carta la fusión de varios reductos indígenas para fundar San Juan Bautista de Penonomé. Por suerte, el funcionario español escogió para reubicarlos el preciso centro geográfico del istmo de Panamá, condición que perfiló al humilde caserío para tener un protagonismo creciente en la historia, cultura y política del país.

De hecho, al suroeste de la plaza central hay un monumento que marca el justo medio del istmo panameño. Es decir que si Panamá está en el centro de las Américas, usted estará en el centro del centro. A menos que tenga un ego inmenso, no se quede ahí parado y siga su exploración. Hacia el norte está la Catedral de San Juan Bautista y aunque ha estado ahí desde finales del siglo XVI, lo único colonial que conserva es el púlpito, adosado a una columna a la derecha del altar mayor. Dicho altar tiene una peculiaridad: es presidido en su tope por San Juan Bautista, patrón titular del pueblo, pero reserva su centro para la Inmaculada Concepción de la Virgen María, a quien el pueblo realmente venera como su señora del 8 al 15 de diciembre. La explicación al sagrado enroque puede remontarse a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los misquitos, patrocinados por Inglaterra, penetraron desde Nicaragua hacia el sur por toda Centroamérica, amenazando los poblados españoles.

Dicta la leyenda que en una de estas incursiones la horda misquita estuvo a punto de entrar a Penonomé, pero se retiró precipitadamente. Invasores apresados hablaban de una doncella que los ahuyentó blandiendo una espada de fuego. Los penonomeños no entendieron nada hasta que abrieron el camarín donde reposaba la imagen de la Virgen Inmaculada y encontraron su manto cubierto de flores, semillas y briznas de hierba. Los lugareños entendieron que, al proteger a los fieles, la madre de Jesús era más beligerante que el primo y fueron transfiriendo sus devociones.

Los misquitos pueblan más de una pesadilla en la memoria colectiva de Penonomé. Si se parte desde la Catedral por la Calle Chiquita y se sigue el Camino de las Raíces se llega a un sector del cercano río Zaratí llamado El Murcielaguero. La leyenda ubica bajo las oscuras aguas y el turbio lecho del río unas campanas robadas al templo del pueblo durante otra incursión misquita. Aquí la ribera se llena de cuevas y socavones, ocultos entre raíces y marañas, que abrigan a miles de murciélagos (de ahí el nombre). Hay anocheceres en que los vecinos aseguran escuchar los tañidos lejanos de las campanas, que comandan a las bandadas de quirópteros a volar para su jornada nocturna.

El Zaratí fue vital para la prosperidad de Penonomé. Su corriente se forma al norte de la provincia de Coclé (de la que el pueblo es cabecera) para caracolear por el accidentado pie de monte, desembocando en el manso Río Grande de Coclé hacia el sur. Antes de la colonia, incluso, el Zaratí sirvió como principal vía de comunicación y comercio: café, cacao, caucho, quinina, frutas, vegetales, fibras… de todo traían los indígenas y cholos coclesanos por el río para comerciarlo en el pueblo.

La comunicación se hacía en balsas y uno de los mejores bancos de arena para encallarlas estaba en paso de Las Mendozas. Hoy, el sitio está recubierto por una terraza de concreto y se utiliza para reproducir, el sábado de carnaval, la llegada de las balsas, esta vez adornadas y ocupadas por princesas de carnaval. El evento distingue al carnaval penonomeño de otros en el país y sirve de banderazo para cuatro días de jolgorio, fantasía y tradición.

Como dijimos, una de las mercancías que bajaban en las balsas eran fibras vegetales. De hecho, las artesanías en esta materia son características de las comunidades que circundan Penonomé y en el pueblo se pueden conseguir en dos puntos: el mercado público y el Mercado de Artesanías, en la Carretera Interamericana, a la salida del pueblo. Ambos sitios tienen sus atractivos, pues si bien en el mercado público se compran en medio del bullicio propio de la cotidianidad del pueblo, rodeados de puestos de verduras y frutas, con los vendedores voceando y los compradores revisando el producto, en el Mercado de Artesanías usted puede saber qué artesano, de qué región, confeccionó ese recuerdo que se lleva consigo.

No hay otra provincia en el país que presuma de tal destreza y variedad de trabajos hechos con fibras naturales. Quizá la artesanía más reconocida sea el sombrero de pintas o pinta’o, producido en comunidades del distrito de La Pintada y también al norte de Penonomé, cuya técnica de confección fue recientemente declarada parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. La técnica se remonta a los pueblos precolombinos de los que tantos lugareños son descendientes, convirtiéndolo en el verdadero sombrero Panamá.

La herencia indígena se manifiesta de otros modos también. Sobre la fachada del mercado público está retratado Victoriano Lorenzo: el caudillo de los cholos. General indígena del bando liberal durante la Guerra de los Mil Días, que reivindicó las aspiraciones y derechos de los suyos, fue precursor de otros caudillos revolucionarios centroamericanos, como Farabundo Martí y Augusto Sandino, y fue fusilado el 15 de mayo de 1903. Si desea saber más sobre Lorenzo, puede visitar el Campo Trinchera, en el camino hacia Churuquita. En el sitio se conservan parte de las fortificaciones estratégicas que el líder militar esparció por el norte de la provincia.

Trinchera está bastante cerca de los límites de Penonomé. Más allá, el paisaje va alternando imágenes de riqueza natural, pues aquí los llanos comienzan a dar paso a los primeros accidentes de la cordillera central, y humana, pues también pasamos de una cultura del vaquero mestizo y llanero a la del indígena asimilado, el cholo orgulloso, sembrador y artesano. Los pobladores de la zona se saben herederos de una antigua cultura, que dejó prueba de su cosmovisión en necrópolis como Sitio Conte y El Caño, así como en complejos petroglifos, como el de Tavida.

Para ir hasta Tavida puede parar en la Villa Tavida, ubicada en el camino hacia Caimito. El espacio es una reservación privada protegida, con un lodge que ofrece habitaciones, comedor y spa. Pero más allá de esto, desde la Villa se pueden emprender excursiones no solo al enorme petroglifo mencionado, sino también a la cascada del mismo nombre (una de las más bellas de la provincia), al Cerro La Vieja, a la comunidad artesana de Vaquilla o bien el larguísimo camino al Cerro Congal, punto más alto de Coclé, desde cuya cima se pueden ver, en días despejados, ambos océanos, y cuyo recorrido demanda dos días y una acampada para pernoctar.

Cerca de Tavida también vale la pena visitar el Mariposario Cerro La Vieja, uno de los más grandes del país. Las instalaciones tienen sala de exposiciones, donde se detallan fascinantes aspectos de la vida de las mariposas y su relación con el entorno. La zona protegida está sobre una ladera, así que los senderos de recorrido dan la sensación de estar descubriendo a los lepidópteros en sus espacios más recluidos. Todas las especies expuestas son nativas.

Como puede ver, hay oferta para pasar un buen par de días recorriendo la campiña penonomeña y regresar al pueblo, donde hay más para ver. Ya conoció, por ejemplo, la catedral, pero hay otros dos templos interesantes para visitar. Ya que viene de regreso desde Tavida, puede parar primero en la capilla de Cristo Rey de Chigoré. Es un templo pequeño, de hecho, pero lo era aún más en agosto de 1984, cuando la imagen de Jesús Resucitado que preside su altar mayor comenzó a llorar. El portento ofreció esperanza a un país que pugnaba por librarse de la dictadura militar, trascendió fronteras y se propagó en una Centroamérica que anhelaba dejar atrás décadas de guerra civil y, en menos de dos meses, las paredes de la pequeña capilla amenazaban ceder ante la marea de peregrinos provenientes de sitios tan lejanos como Guatemala. La imagen ya no llora, pero aún congrega fieles.

Por otro lado, la Capilla de San Antonio tiene el atractivo de estar en el mismo sitio desde mediados del siglo XVIII. El edificio actual es una reconstrucción de 1925, que busca semejarse a su antecesora, hecha de quincha (bahareque) durante el siglo XVIII. La pequeña ermita da nombre al barrio, patrimonio municipal, que conserva algunas casas de finales del siglo XIX y principios del XX. El Museo Arqueológico de Penonomé también es vecino de la capilla. Sus instalaciones, recién remodeladas y reinauguradas, abrigan muestras de las culturas precolombinas, del período colonial, su unión a Colombia y el republicano temprano.

El pueblo tiene otro museo, dedicado a los hermanos Harmodio y Arnulfo Arias. Oriundos de la cercana región de Río Grande, ambos hermanos fungieron como presidentes de la república, dejando una profunda impronta en el devenir político del país, tanto así que Arnulfo, el menor, ejerció la primera magistratura varias veces. El museo contiene imágenes, objetos y documentos relativos a su vida personal y pública. Después de lo recorrido, se podría decir que Penonomé solo tiene tradición e historia para ofrecer, pero no es así: la Universidad Tecnológica de Panamá tiene aquí el único observatorio astronómico del país y desde los límites del pueblo se pueden ver las decenas de molinos del único parque eólico de generación energética que existe en el país. Muchas cosas para disfrutar en un sitio tan chico y tan cerca; un destino perfecto para “puebleriar” en un fin de semana.

 


Cómo llegar

Desde Panamá puede seguir hacia el oeste, bien sea por el Puente de las Américas o por el Puente Centenario, a lo largo de la Carretera Panamericana, hasta el kilómetro 149.

Dónde hospedarse

En Penonomé puede alojarse en el Hotel Coclé, ubicado en el centro comercial Iguana Mall, sobre la Carretera Panamericana. Tels: (507) 908 5039 / 5719. Info@hotelcocle.com.

En la zona rural de Penonomé puede optar por Villa Tavida Lodge & Spa, en la carretera hacia Chiguirí Arriba. Tel. (507) 838 6114. Info@villatavida.com.