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Vistas de Panama

Pedasí, bello Pedasí

El mundo parece girar de nuevo y en Panamá se anuncia la reapertura de playas. Nuestro primer destino para recuperar el mar es Pedasí, un pequeño corregimiento de la península de Azuero bañado por el océano Pacífico y bordeado por magníficas playas e inolvidables montañas.

ByJulia Henríquez
Photos:  Demian Colman
Video: Producciones Puente

Después de un terrible año de quietud, cuando tuvimos que aprender a convivir puertas adentro, por fin, el mundo parece estar girando de nuevo. Las noticias apenas anuncian una nueva reapertura de playas y nosotros ya tenemos la maleta en la mano. 

 

Nuestro destino: Pedasí, pequeño corregimiento de la península de Azuero bañado por el océano Pacífico y bordeado por playas y montañas. Allí nos recibe Ovidio Díaz, presidente de la junta directiva de la Cámara de Turismo. En los próximos días nos quedaremos en su hermosa Casa de Campo, un hotel “boutique” operado en la vieja casona de sus padres. Nos sentamos en la terraza, bajo la sombra de un árbol de mango, y sin pausa Ovidio nos cuenta, orgulloso, del estilo de vida que su municipio puede ofrecer. Pedasí, dice él, es más que playas. Sí, son atractivas, únicas, pero él sueña con ver una plaza llena de turistas, con artesanos y folclor. Nos habla de los proyectos futuros, pero también de los desarrollos inmobiliarios con vistas a la playa, y de las hermosas villas privadas en las que han decidido esconderse figuras internacionales, tales como el pintor Jesús Soler. 

 

 

Soler, español, ermitaño y amante de los extremos, vino hace unos diez años por un viaje de pesca. El color del paisaje siempre cambiante y la tranquilidad que se respira lo atraparon, y ahora Playa Los Destiladeros, a diez km de Pedasí, es uno de los pedacitos de mundo que ven las transformaciones de sus obras. Mientras caminamos entre cuadros, hierros y telas, Soler nos cuenta sobre el proceso de oxidación con el que está trabajando y nos muestra sus proyectos en acción mientras se le iluminan los ojos. 

En Destiladeros, las casas inmensas que miran al horizonte son el atractivo mayor de quienes, como Soler, buscan un retiro del caos mundial; pero es Playa Venao, a 30 km de Pedasí, la más popular de todas las playas de la región, debido a su oleaje, que le dio fama en el mundo del surf y la ha convertido en sede de competencias internacionales. Es aquí donde hay un mayor desarrollo de la oferta turística, desde hoteles de bajos presupuestos y fiestas sin fin hasta lugares familiares y de relajación total. 

Precisamente fue aquí, en Playa Venao, donde nació Selina, la cadena de hostales catalogada como la de más rápida expansión en el mundo. 

En Venao nos encontramos con Esteban, de Eco Venao, un proyecto de reforestación de 140 hectáreas que solía funcionar como un campo ganadero. El proyecto cumple dos funciones perfectamente divididas y conjuntas: turismo y ecología. La parte ecológica busca reforestar el área con plantas nativas y crear un ecosistema sostenible, energía limpia, reciclaje y productos naturales, agregando una opción de campo a un destino playero. Para lograr este objetivo, Eco Venao ha creado su propia granja de permacultura. Michael, el encargado, nos pasea por el proyecto mientras nos habla de la importancia de respetar los ciclos de la naturaleza. Aquí cada hoja y cada animal cumplen un objetivo específico para un bien común y la tierra se trata con respeto. 

La caminata por la granja nos agota y es hora de recargar energía; bajamos la montaña, pasamos por el río y sus cabañas y cruzamos a la parte playera del proyecto. Nos sentamos en La Barca, el bar de playa, y vemos el atardecer mientras que la vida nocturna de Venao va tornando la tranquila playa en otro destino.

Para seguir descubriendo Pedasí desde un nuevo ángulo, dedicamos un día a los tures ofrecidos por @ICT Experiencias (Isla Cañas Tours). Empezamos muy temprano en Playa Arenal, a solo cuatro km de nuestro hotel. La playa nos sorprende, ya que es una reserva natural de arena infinita, dunas y manglares.  Hoy solo vinimos aquí a tomar nuestro bote para ir a Isla Iguana, pero prometemos regresar, ya que Arenal es un destino en sí mismo.

Isla Iguana es un paraíso fotográfico, de esos lugares que uno piensa que solo existen en las películas. Su arena es blanca y delicada, y el mar de un azul intenso forma un degradé a medida que se pierde en el horizonte. Los colores del agua te dejan sin aliento mientras en la arena los cangrejos ermitaños se roban el espectáculo y el cielo azul se llena de fragatas. La Isla, que funcionó como campo de tiro en la época de la ocupación estadounidense, es ahora un refugio para los más de 5.000 ejemplares de aves fragatas, incontables crustáceos, tortugas y un deslumbrante arrecife. El proyecto de protección ambiental está acompañado de un trabajo de concientización para el visitante, por lo que está prohibida la entrada de mascotas, bebidas alcohólicas y parlantes. A Isla Iguana se viene a disfrutar de su naturaleza, tomando el sol en la playa, recorriendo los senderos en donde se pueden observar de cerca las 17 especies de aves que allí anidan, buceando en medio de corales y, por supuesto, deleitándose con las dueñas del lugar: las iguanas, que se esconden entre las rocas hasta tomar la confianza suficiente para tratar de robarte la comida. En definitiva, un pedazo de tierra en donde el ser humano no es quien manda. 

Blanca, nuestra guía, nos ha traído pasabocas y cómodas sillas para reposar, pero es hora de seguir con el día, que todavía nos guarda secretos por revelar. Volvemos a tierra firme, almorzamos un plato típico en el restaurante Pedasideño y recorremos los 42 km que nos separan del puerto de Las Cañas. Nos dirigimos a Isla Cañas, una pequeña isla entre mar y río. El sol empieza a caer y recorremos el estero de mangle entre un espectáculo lumínico. 

Isla Cañas, declarada Refugio de Vida Silvestre en 1994, es el más importante sitio de anidación de tortugas marinas del Pacífico panameño. Hace más de veinte años Isla Cañas era un pueblo pesquero que, por tradición y necesidad, comercializaba los huevos de dichos reptiles. Hoy, 95% de sus habitantes participa, de alguna manera, en el proyecto de conservación de las siete especies de tortugas que año tras año desovan en medio de la arena negra. Diego, quien ahora nos acompaña, nos cuenta el cambio cultural que ha sufrido la isla desde que se protegen los trece km de playa. 

Casa museo de Mireya Moscoso

El recorrido nocturno incluye un paseo en carreta por el pueblo y la playa hasta llegar a la zona de anidación de tortugas, altamente custodiada durante la temporada, entre julio y noviembre. Hoy, fuera de temporada, no hay madres dejando sus huevos ni recién nacidas para acompañarlas hasta su primer chapuzón, y Diego aprovecha para confesarnos que él nunca promete ningún encuentro; la naturaleza tiene sus días y caprichos. Lo que puede prometer es un atardecer entre el mangle a la llegada y un paseo bajo las estrellas en la noche y eso precisamente fue lo que constituyó nuestro menú.

Decidimos dedicar nuestro último día a “pueblear”. Dejamos el carro estacionado en una esquina de la plaza y recorremos a pie las pocas cuadras que la rodean. Todavía se sienten las secuelas de la pandemia y muchas puertas siguen cerradas; sin embargo, Pedasí nos sorprende con sus coloridos murales. Antes de despedirnos nos detenemos en la pequeña casa blanca de puertas rojas que algún día vio crecer a quien sería la primera presidenta mujer de Panamá: la casa museo de Mireya Moscoso. 

Sabemos que la ciudad nos espera, pero estamos en Los Santos, tierra de las tradiciones y el folclor. Por eso no queremos dejar la provincia sin detenernos en el poblado de San José, cuna del Festival Nacional del Tambor y la Pollera. Allí conocemos a uno de los últimos artesanos del tambor, quien nos invita al porche de su casa y nos cuenta que su trabajo inicia desde la recolección del tallo y va hasta el terminado del tambor. Lo veo tan frágil que me cuesta imaginarlo talando un árbol y transportando su materia prima hasta este punto, pero en sus ojos veo la pasión por su arte y entiendo de dónde saca las fuerzas. Allí también nos esperan Alvin y su madre, la señora Mirna. 

Artesanos de tradición, de esos cuyo conocimiento viene de las matronas de la familia y el talento simplemente corre por sus venas. Ellos nos cuentan sobre los estilos de polleras, el significado de sus diseños y la importancia de los tembleques y joyas que acompañan el traje. 

Y así, después de un baño de playa, de unas cervezas junto al mar, de nadar junto a un pez globo en medio del arrecife; luego de una caminata entre el bosque, un paseo por el manglar, una clase magistral de permacultura y otra de folclor panameño, nos despedimos de la península de Azuero esperando que esta nueva muestra de libertad dure lo suficiente para que nuestros lectores puedan disfrutar de esta increíble experiencia.


El paraíso en Panamá: la villa costera de Pedasí

Pedasí goza de uno de los mejores climas de Panamá. Está ubicada en la provincia de Los Santos, la cual hace parte de lo que se conoce como el Arco Seco y es sede de varias actividades festivas relacionadas con la cultura autóctona de Panamá. Es también uno de los mejores lugares del mundo para pescar.

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