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Destino Cuba

Parque Natural Topes de Collantes

El Parque Natural Topes de Collantes, en la zona central de Cuba, es un área protegida con un microclima muy diferente al del resto de la isla. Ubicado en la zona montañosa del Escambray, en sus bosques hay más de cien especies de aves, ríos y cascadas de caídas impresionantes, pozos para divertirse y senderos abrazados por un follaje verde y sobrecogedor.

Por: Ana Teresa Benjamín
Fotos: Carlos E. Gómez

Una piensa en Cuba y se imagina playas, brisa y mar, pero en el centro geográfico de la mayor de las Antillas hay un sistema de montañas que invita a vestirse de pantalones largos y calzado todo terreno. Solo así es posible aventurarse por los senderos arbolados del Parque Natural Topes de Collantes.

Topes de Collantes es un área natural protegida de 110 kilómetros de extensión, que se encuentra en el Escambray o Macizo de Guamuhaya. Si bien el macizo ocupa territorios de tres provincias (Sancti Spíritus, Trinidad y Cienfuegos), el área del Parque está en la primera, a ochocientos metros sobre el nivel del mar, 131 metros por debajo del punto más alto de todo el sistema: el Pico Potrerillo.

Mientras en la costa cubana el aire huele a salitre y la vida gira alrededor del mar, en Topes todo se transforma: hay verde, mucho verde, y a las ocho de la mañana todavía es posible ver el bosque cargado de neblina. Mientras en la costa es mejor andar en bermudas y sandalias porque el calor golpea, aunque la brisa marina suaviza el rigor del clima, en Topes hay que ponerse un abrigo ligero, al menos durante las horas más frescas del día.

Ascenso a Topes

El viaje a Topes empezó en un cuarto del hotel Costasur, en la península de Ancón, ciudad de Trinidad. Lo menciono porque aquella fue una noche para abonar nostalgias. Estaba hospedada en una “cabaña” frente al mar y en la habitación había un gran ventanal hacia la playa. Ensimismada por el paisaje y el sonido de las olas, apagué el acondicionador de aire, abrí las ventanas y dejé que entrara el mundo que me obsequiaba esa costa cubana. Así dormí, arrullada por el viento y las estrellas.

Al día siguiente, haciendo las maletas, deseé pasar una noche más allí… Pero el periplo por la bella Cuba debía seguir: la Cuba a veces hecha añicos, a veces toda música. La Cuba despreciada, la de los barbudos, y también la de Yoani. La Cuba de paisajes imponentes y románticos, la de las cañerías tapadas. La Cuba de los aventones de carretera, los hoteles todo incluido, los niños jugando canicas a la vera de un camino cualquiera. La Cuba, en fin, de las utopías frente a las realidades…

El viaje por la isla ya me había permitido asomarme a la ciudad de La Habana, pasar dos noches en Cayo Santa María, transitar por Caibarién y visitar la parrandera ciudad de Remedios y la mítica Santa Clara, la “ciudad del Che”. Ahora iba camino a Topes de Collantes por una carretera sinuosa y montañera, que a ratos se cubría entera por los árboles para, luego, despejarse y desplegar aún más su belleza.

La primera parada fue en el Centro de Información del Parque, en el que llama la atención un enorme reloj de sol construido en el suelo. Allí recogemos al guía y emprendemos el viaje en un camión militar que traquea y ruge como animal enfurecido, mientras va abriéndose paso por el camino de asfalto y piedra que se debe recorrer para llegar a la Hacienda Codina, que sirve de punto de partida para la caminata.

El recorrido resulta refrescante por la cantidad de follaje en el camino, sobre todo palmas y helechos gigantes. Aquí y allá aparecen flores mariposas, la flor nacional de Cuba, perfumando el trayecto. Ya en la cabaña de la Hacienda, el guía informa que el parque ofrece múltiples opciones de senderismo con diferentes grados de dificultad‚ pero por cuestiones de tiempo elige un camino que se alcanza a recorrer en tres horas, a paso tranquilo.

Y ya, dentro del bosque…

La zona montañosa de Topes de Collantes es propicia para el cultivo del café. El recorrido empieza conociendo algunas de las variedades que se cultivan o han cultivado: arábigo, robusta, café excelsa, olivera, San Ramón, borbón y la caturra amarilla, entre otras, esta última es la variedad que más se siembra en Cuba.

Más adelante se encuentra la Casa del Café, en donde se les enseña a los turistas el proceso artesanal de molienda y preparación de la bebida en una casa campesina. La parada en la Casa del Café resulta agradable porque, a diferencia de la zona costera, allá arriba todavía hace frío y una tacita con una bebida caliente cae muy bien. La dificultad está en decidirse por alguno de los 23 tipos de cocteles de café que ofrecen, entre fríos y calientes. En la carta pueden leerse algunas de las variedades: Potrerillo, Guaniguical, Irish Coffee, El Descubridor, Café mexicano, Café antillano, Café al licor, Negro Cimarrón y Carajillo. Entre los cocteles fríos están Sueños de Kahlúa, Café con vodka, Marisol Fría y Miss Ochún.

Tras el descansillo viene el recorrido “en serio”. El guía comienza por darnos a probar una flor de papo, hibisco o flor de la China. Es inofensiva, me asegura, y yo le creo. La mastico y sabe a ostia; es decir, a nada. Se usa para preparar té y algunos dicen que sirve para incrementar el deseo; yo prefiero darle el uso ornamental de siempre.

A lo largo del camino, el guía nombra este árbol o aquel, enumerando sus propiedades y usos. Yo, con tan mala memoria, no recuerdo el nombre de ninguno; perdonen ustedes. Lo que sí recuerdo clarito es verme delante de la boca de una cueva y el rostro entusiasmado del guía, invitándonos a seguir. “Son apenas ochocientos metros”, explica, y el trayecto se puede hacer de pie. Impulsada por la curiosidad aunque con miedo, doblé el cuerpo para pasar por la puerta de aquella cavidad en la tierra llena de estalactitas e inundada del sonido rítmico y solitario del agua filtrada desde la superficie.

Las cuevas son lugares mágicos y monstruosos. Es decir, alguna vez nos contaron que nuestros antepasados vivieron en cuevas; yo no concibo la vida en semejante oscuridad. Pero mientras ese negro impenetrable me invita a salir corriendo, la luz de una linterna va mostrándome el lado poético de ese espacio reservado diría yo para murciélagos, arañas y fantasmas. Así, con cierto estupor observo mi sombra, que se forma y se deshace según el halo de luz. Allá chilla un murciélago, muchos, todos juntitos. La voz humana reverbera; ámbito perfecto para el juego de los ecos. “¡Estoy aquí!”, digo casi susurrando en medio de aquel silencio ruidoso, y el espacio abovedado agranda mi voz y repite “¡aquíii, aquíiiii, aquíiiiiiii!” Es que hay sitios para ser niña.

Fue una experiencia diferente, lo admito, pero cuando vi la luz al final del túnel literalmente, ah sentí un alivio tremendo. Una vez afuera hay un mirador, donde el ojo experimentado puede alcanzar a ver el Valle de los Ingenios, Trinidad y la misma Playa Ancón. No alcancé a identificar los sitios que nombraba el guía, pero de todas formas el escenario es hermoso.

Un lugar para el misticismo

Siguiendo los pasos del guía llegamos a un sitio llamado “El Rincón del Yoga”, un apartado en el bosque con caminos de agua, cascadas leves y un gazebo dispuesto para la meditación y la práctica de posturas. Es realmente relajante, porque el sonido del agua es perturbado solamente por los cantos de las aves que resuenan desde todos los costados. En Topes, dicen los registros, se han observados más de cien especies de aves, 45% de ellas endémicas del país. Una de las aves más buscadas por los observadores es el tocororo, ave nacional de Cuba, porque tiene los mismos colores de la bandera: azul, rojo y blanco. Pero en este sitio montañoso también se ven cotorras, negritos, gavilanes y el carpintero churroso, entre muchos otros.

Unos pasos más adelante aparece una pared de rocas que se inclina para formar un abrazo con el follaje. Rugosa y vestida con una pátina verde y amarilla, bajo su sombra fría han puesto unas rústicas bancas de madera, propicias para sentarse, observar, sentir y pensar.

La experiencia en Topes termina en el comedor de la Hacienda Codina, con un almuerzo que incluye arroz moro y puerquito asado, entre otras delicias. De vuelta al camión que ruge, el paisaje del Parque se va diluyendo a medida que se baja por la carretera, para perderse luego en un camino costero que lleva hasta Cienfuegos, la tierra de Benny Moré. Pero esa es otra historia.

El Macizo del Escambray

El Macizo del Escambray es famoso en la historia cubana reciente porque allí, específicamente en la meseta conocida como Caballete de Casas, Ernesto “Che” Guevara estableció un campamento base guerrillero que operó en esa zona montañosa hasta la toma de la ciudad de Santa Clara, en diciembre de 1958. El sitio está conservado y hoy es monumento nacional y atractivo turístico. Abajo, en Santa Clara, se encuentra el Monumento al Tren Blindado ‚Äïque recuerda uno de las batallas más importantes del Che‚Äï, y el Memorial Comandante Che Guevara, en donde se encuentran los restos del guerrillero y de quienes lo acompañaron en Bolivia.

En el Escambray, además, ocurrieron los combates más duros entre los opositores al gobierno de Fidel Castro y sus leales. A este período de la historia cubana se le denomina, oficialmente, Lucha contra Bandidos (1960-1966). En la ciudad de Trinidad se encuentra un museo que recuerda este episodio.

 


Atractivos de Topes de Collantes

Con el tiempo suficiente y las condiciones necesarias, no dude en dedicar unos días a los atractivos de la provincia de Sancti Spíritus, que incluye la muy turística ciudad de Trinidad, el Valle de los Ingenios y el Parque Natural Topes de Collantes. En esta reserva natural puede visitar varios lugares.

• Salto del Caburní: es la más popular de las caminatas. Se realiza entre plantaciones de café y las casas tradicionales campesinas. Termina en el río Caburní y su cascada de 62 metros, con varios estanques naturales.

• Vegas Grandes: para caminantes en buenas condiciones, porque incluye una pendiente con una inclinación de 45 grados. Al final, el esfuerzo tiene su recompensa: un salto de agua precioso y una poceta para refrescarse.

• La Batata: el mayor atractivo es su sistema cavernario y sus siete piscinas naturales, con propiedades curativas.

• Hacienda Codina: hay baños de lodo medicinal, huertas medicinales y ornamentales, una colección de orquídeas, un bosquecillo de bambú, la Isla de los Enamorados, el Rincón del Yoga y la Cueva del Altar.

• Parque La Represa: situado a orillas del río Vega Grande, tiene un arboretum con más de trescientas especies exóticas.