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Reportaje

Once mitos sobre la toma de decisiones

He aquí una sencilla guía para fortalecer las habilidades que nos permitan tomar decisiones de las que no tengamos que arrepentirnos después.

Por  Cheryl Strauss Einhorn *

© 2021 Harvard Business School Publishing Corp.

From HBR.org Distributed by The New York Times Syndicate

Fotos: Shutterstock

 

 

Durante veinte años me he dedicado a estudiar el proceso de toma de decisiones. A partir de mi experiencia, he identificado algunos mitos profundamente arraigados y contraproducentes que pueden minar nuestra habilidad para tomar decisiones. Esta una lista de los mitos más comunes.

1. Me encanta ser eficiente

Muchos creemos que eficiencia significa actuar de forma rápida y directa para tomar una decisión; pero para ser de verdad eficientes necesitamos tener muy claro qué es lo que estamos solucionando. La prisa puede llevarnos a tomar decisiones basadas en factores equivocados de las cuales nos podríamos arrepentir. Por ejemplo, entrar a un concesionario de automóviles y comprar el primer carro que vemos puede hacernos sentir eficientes, pero esto puede significar que nos llevemos justo el auto del cual se quería deshacer el vendedor y no el auto que mejor se ajuste a nuestras necesidades y presupuesto. 

2. Estoy muy ocupado; no tengo tiempo para tomar esta decisión

Posponer la toma de una decisión es, en sí misma, una decisión consciente; sin embargo, reducir el ritmo del proceso para enfocarse y hacer una investigación antes de tomar una decisión acelerará su eficacia. Usted ahorrará tiempo futuro si invierte calidad de tiempo ahora para evitar tener que volver a revisar la decisión.

3. Solo necesito solucionar este problema ahora

Evite quedar tan atrapado en los detalles de un problema que obnubile ver toda su situación en pleno. Tenga en cuenta el contexto. Un enfoque reducido puede solucionar el problema equivocado o resolverlo solo en parte.

4. Esta decisión me corresponde tomarla solo a mí; no necesito incluir a otros

Nuestras decisiones importantes involucran a otras partes interesadas. Evitar un cuadro más amplio donde se pueda ver quién más se ve afectado por una decisión puede, en el mejor de los casos, solucionar el problema a medias o exacerbarlo.

5. Sé que tengo la razón; solo necesito datos y una opinión para confirmar lo que pienso

Conocida como “sesgo de confirmación”, esta falla en la toma de decisiones ha estado detrás de los fracasos más estruendosos, desde la invasión a Bahía Cochinos hasta la explosión del transbordador Challenger de la NASA. En cada uno de estos casos había datos no confirmados disponibles que debieron haber generado preocupación, pero el pensamiento colectivo se impuso y nadie quiso prender las alarmas. Para entender mejor y definir las limitaciones de lo que usted cree que sabe, busque ejemplos contrarios y evalúe las explicaciones de las contrapartes. Estas técnicas pueden prevenirlo de “enmarcarse en una ceguera” que le haga ver lo que quiere ver, en lugar de lo que debe considerar.

6. Confío en mi intuición

Es muy bueno confiar en sus instintos al tomar decisiones pequeñas, como por ejemplo elegir el cereal del desayuno. Cuando confiamos en nuestro corazón al tomar una gran decisión, estamos confiando en los sesgos y en la memoria defectuosa. Las decisiones importantes se benefician al explorar un espacio cognitivo amplio que permita recabar nuevos puntos de vista e información actualizada.

7. La toma de decisión es lineal

Una buena toma de decisión es, en efecto, circular, pues necesita un circuito de retroalimentación, mientras reunimos información y la analizamos en nuestro pensamiento. En ocasiones tenemos que ir hacia atrás para encontrar información que hemos pasado por alto, recopilar nueva información o, incluso, conducir una clase distinta de análisis. Por ejemplo, al comprar un automóvil, usted podría pensar que basta con hacer primero una investigación para luego ir al concesionario y negociar el precio. No obstante, hay muchos concesionarios que tienen la plena libertad de negociar el precio; por lo tanto, ir en círculos y comparar las ofertas puede hacer que usted logre la mejor.

8. Puedo mantener muy bien mis ideas en mi cabeza

Las grandes decisiones están hechas de múltiples decisiones pequeñas. Cuando tratamos de mantener todas esas partes móviles en nuestra mente, terminamos confiando en una memoria traicionera y una mente distraída. Nuestras emociones también pueden irse por ese camino, que al final conducirá a un pensamiento sesgado. Por eso, mantener un registro es una parte integral del pensamiento y del análisis; tanto Albert Einstein como Leonardo da Vinci escribían notas detalladas en sus cuadernos.

9. Tengo toda la información que necesito

Aunque queramos seguir adelante, podemos mejorar nuestras decisiones —y nuestra satisfacción de tomarlas— si invertimos un poco en investigación y confrontamos las creencias con las evidencias. Pueda que su mejor amiga ame su carro, pero esto no significa que sea el mejor automóvil para usted. Acudir a expertos, como por ejemplo a Consumer Reports, puede ayudarle a tomar una sabia decisión que también sea la correcta para usted.

10. Puedo tomar decisiones racionales

Psicólogos de todo el mundo, como Amos Tversky y Daniel Kahneman, han demostrado que ninguno de nosotros es racional, aunque nos guste creer que sí. Todos operamos desde detrás de un parabrisas sucio por los sesgos, porque nos basamos en experiencias y sentimientos del pasado.

11. Hay solo una manera de hacer esto

Ya sea que se trate de cómo se debe tender la cama, qué dieta seguir o cómo distribuir su pensión de retiro, siempre habrá más de una forma de lograrlo. Hemos sido condicionados a no escuchar otras voces, para quedarnos aislados en nuestra propia información, en nuestro entorno y en nuestros círculos sociales; pero salir de nuestras rutinas y patrones nos puede permitir ver las cosas de manera distinta.

Tome un descanso

Soportando estos mitos hay tres ideas comunes y populares que tampoco nos funcionan bien. Primero, que, como personas ocupadas, no necesitamos invertir tiempo para tomar buenas decisiones. Segundo, que somos seres humanos racionales, capaces de solucionar problemas espinosos o arriesgados en nuestra cabeza. Tercero, que la toma de decisión es un asunto personal en el que no se debe incluir a más personas.

Estas creencias son falsas y un problema si se quiere tener pensamientos y análisis diáfanos. Nosotros no somos computadoras; somos seres sociales que operan en una comunidad. Antes de tomar una decisión, necesitamos tiempo para reflexionar y debemos tener la habilidad de confrontar los sesgos inconscientes.

Una forma de combatir estos sesgos es levantar un reductor de velocidad a nuestros pensamientos; un pare estratégico que nos dé tiempo para hacer una pausa, a fin de ver el cuadro completo y reflexionar sobre lo que estamos experimentando. A estas pausas estratégicas las llamo “pausas de guepardo”. Este nombre surgió tras saber que la prodigiosa habilidad de caza de este felino no se debe solo a su velocidad, sino a su destreza para desacelerar con gran rapidez; algo que lo convierte en un cazador fenomenal.

La próxima vez que esté acelerando demasiado en una toma de una decisión, permita que la pausa del guepardo le recuerde el valor de hacer una parada estratégica. Esta señal vívida puede ayudarlo a ver los mitos que operaron en la toma de decisiones del pasado y trascender el bosque de sesgos en los que a menudo se basan, mejorando así su habilidad para tomar decisiones. El resultado correcto de una decisión compleja —el que está diseñado para usted— está allá afuera en algún lugar de la selva, y usted tiene las herramientas para encontrarlo. 


*Cheryl Strauss Einhorn es la fundadora y presidenta ejecutiva de Decisive; también es la creadora del método AREA, un sistema de toma de decisiones para personas, compañías y organizaciones sin ánimos de lucro para solucionar problemas complejos.