Contáctanos

Vistas de Panama

Observando aves en el Darién

Panamá siempre ha sido reconocido como sitio ideal para la observación de aves, en particular, y de fauna neotropical en general. Tanto cerca de las manchas urbanas de la región interoceánica como en las zonas rurales del país se pueden encontrar senderos y áreas protegidas para la actividad. Sin embargo, en Darién, su provincia más grande y agreste, es donde este pasatiempo adquiere un completo sentido de aventura.

Texto y fotos: Kevin McCarthy

Mi linterna de cabeza ilumina el camino desde nuestra carpa hacia la zona del comedor. Son algo más de las tres de la mañana y el personal se escucha atareado en la cocina, mientras nos prepara un desayuno caliente de huevos con tocineta. Hoy emprendemos nuestro trayecto de una hora hacia el sur por la carretera Panamericana hasta el pueblo de Yaviza.

Dormí poco anoche ante la expectativa de este viaje de todo un día por el Tapón del Darién con la ilusión de fotografiar al águila arpía: el ave nacional de Panamá. Mientras tomamos café caliente, Carlos Bethancourt, nuestro guía, nos informa la agenda a seguir. De seguro será un día largo pero gratificante.

La mañana previa, mi amigo Eric Grossman y yo conocimos a Carlos en la recepción de nuestro hotel en Ciudad de Panamá. Con Eric hemos compartido innumerables viajes a lo largo de los años en busca de diversas formas de fauna silvestre. Era temprano y las calles estaban semidesiertas mientras emprendimos nuestro camino por la carretera Panamericana. Cinco horas después llegamos al Canopy Camp, en lo profundo de la provincia del Darién. Y ahora nos hemos puesto en marcha hacia el Tapón del Darién.

Iniciamos nuestra travesía en Yaviza, donde abordamos una canoa motorizada de casi doce metros de eslora y nos encaminamos hacia el sur por el Chucunaque, el río más largo de Panamá. Para ser las cuatro de la mañana, el área del muelle se encuentra increíblemente concurrida. Decenas de personas esperan para abordar su canoa.

Poco después avanzamos en medio de la sobrecogedora quietud de la madrugada. No hay luna y los alrededores son tinta negra. Dirijo el rayo de luz de mi linterna hacia la superficie oscura del río y descubro cientos de ojos verdes brillantes que me miran. El río está repleto de caimanes. Espero que la canoa sea estable y no terminar en el agua.

Solo pensar que me encuentro aquí es suficiente para provocar en mí una intensa emoción. Esta naturaleza salvaje contrasta de manera drástica con los altos edificios de la moderna Ciudad de Panamá. El Tapón del Darién es lo único que interrumpe a la carretera Panamericana en su trayecto de casi 30.500 kilómetros por el norte, centro y sur de América.

En Panamá, esta carretera termina en el pueblo de Yaviza. Desde ese punto hacia el sur, unos 160 kilómetros antes de llegar a la frontera con Colombia, no hay nada más que ríos y algunos caseríos indígenas aislados; ya en Colombia reinicia la vía.

El bosque húmedo del Tapón del Darién es uno de los más impenetrables del mundo, por lo que la mayor parte del viaje hacia el sur de Yaviza se hace en canoa. Una hora después de abordarla hemos llegado a El Real de Santa María tras una travesía espectacular por el río, sin incidentes.

Algunas de las poblaciones en las que desembarcamos desde nuestra canoa motorizada, con el fin de conocer la región, tienen caminos que penetran la selva y algunos pocos vehículos precariamente preservados para transitarlos. Nuestra travesía por la selva no termina en El Real de Santa María. Allí nos encontramos con un habitante local que nos lleva en su auto fuera del pueblo hacia el interior de la jungla. El viaje resulta lento y pesado debido a las dificultades del camino de tierra lleno de baches.

Una hora más tarde llegamos al comienzo del sendero, donde nos esperan tres indígenas emberá de la población de Pijibasal. Los emberá son conocidos como “los guardianes del bosque”. Con increíble velocidad avanzan por el sendero cargando cantimploras y machetes. Días antes, con esos mismos machetes, ellos abrieron un camino entre el monte hasta el lugar de anidación del águila arpía. Una hora más tarde llegamos allá.

El águila arpía es la mayor ave rapaz de Panamá y de los bosques tropicales de América del Sur. Con una envergadura de casi de dos metros y unas garras que semejan a las del oso grizzly, resulta un ave intimidante. Los perezosos y monos viven atemorizados ante el águila, ya que forman parte de su menú habitual. Aunque estas águilas también se encuentran en otros sitios, en ningún otro lugar son tan accesibles como en Panamá. Su búsqueda a lo largo de la cuenca amazónica requiere una gran expedición, con una inversión importante y semanas de preparación, que no siempre culmina en su hallazgo.

El pichón de águila arpía permanece en su nido en el árbol por un año y medio mientras que sus dos padres lo alimentan con una dieta de perezosos y monos. Muy pronto encontramos a un pichón de águila arpía que recién emprendió su primer vuelo, voló hacia árboles cercanos, pero aunque ya alcanzó su tamaño permanece en el área clamando sin cesar a sus padres por comida. Los restos del esqueleto de un perezoso adulto bajo el árbol son evidencia de su dieta.

Pasamos varias horas fotografiando al águila y su cría antes de que sin muchas ganas emprendiéramos el regreso al Canopy Camp, nuestro hogar temporal en la selva. Hacia las ocho, esa noche disfrutamos en el campamento un vaso de vino con nuestra cena, servida en un estilo familiar en la tienda al aire libre. Los fuertes gritos de los monos aulladores llenan el aire. Suenan como si estuvieran en la oscuridad que rodea el campamento, pero sus aullidos pueden ser engañosos, ya que pueden oírse hasta unos cinco kilómetros a través del bosque. Es un final apropiado para un día formidable.

La mañana siguiente a la hora del desayuno nos sorprende un grupo de monos tamarinos de Geoffroy —también llamados tamarinos panameños— encaramados en los árboles, apenas a seis metros de nosotros. A continuación definimos nuestro siguiente objetivo fotográfico, disfrutando un reconfortante desayuno acompañado de café caliente.

El águila crestada o águila monera, algo más pequeña y distribuida de forma dispersa, es la única ave del bosque húmedo que puede confundirse con el águila arpía. Carlos tiene las pistas para la ubicación de una en su nido y ese será nuestro siguiente objetivo. Este día no vamos en canoa sino en su vehículo todo terreno, en el que nos dirigimos por caminos llenos de baches dentro del bosque. Ocho kilómetros más adelante nos sorprendemos al ver un zorro cangrejero. Carlos comenta que en toda su vida de recorrer el bosque es la primera vez que ve uno. Nos observa por algunos minutos antes de correr e internarse en la maleza.

En el camino nos encontramos con tres indígenas emberá, de la aldea de Sinai. Les contamos emocionados del zorro cangrejero que observamos. Sin embargo su historia supera a la nuestra: tras caminar cinco millas desde la aldea de Sinai encontraron un ocelote a la vera del camino forestal.

Nuestros guías emberá cargan las cantimploras llenas de agua sobre sus hombros y en un instante se ponen en marcha. Esta caminata resulta más sencilla y veinte minutos más tarde observamos un águila crestada en su nido. El águila crestada evita la confrontación con el águila arpía, limitándose casi siempre a la presa más pequeña.

El Darién brinda una oportunidad inigualable para la observación de aves. Y contar con un guía como Carlos hizo de la experiencia una maravillosa aventura. él escucha los pájaros en la distancia e inmediatamente puede identificar a qué especie pertenecen, después nos señala el área aproximada en el bosque donde se encuentra el ave y poco tiempo después la observamos a través de nuestros binoculares.

Los días que pasamos cerca de los nidos del águila arpía y el águila crestada no son el final de nuestra aventura. Carlos conoce esta área en la provincia del Darién como la palma de su mano y nos muestra una gran cantidad de formas de vida salvaje; también nos presenta a muchas personas de las aldeas de Pijibasal y Sinai, así como gente de una tercera aldea a la orilla del río Tuesa.

Estamos asombrados ante la diversidad y abundancia de especies de pájaros de colores. Hay casi mil especies de aves en Panamá, de las cuales siete son endémicas y diez más se encuentran en peligro en todo el mundo. Además de las águilas arpía y crestada, pudimos observar diversas aves: pájaro carpintero de cresta roja, pájaro carpintero de cresta carmesí, trogón de cola negra, tucán real, saltarín dorado, saltarín de cabeza dorada, dormilón de cola larga y garza cocoi, por nombrar solo algunas. El tiempo que pasamos en el Darién fue extraordinario, ya quiero que llegue el momento de mi siguiente visita.

 


Dónde dormir 

El Canopy Camp ofrece instalaciones cómodas para alojarse y practicar el avistamiento de aves. Está conformado por ocho tiendas de campaña al estilo safari africano, para dos personas cada una, con electricidad las 24 horas gracias a un banco de paneles solares, además de ventiladores, baño privado próximo a la carpa y una ducha exterior con agua caliente.

Qué comer 

El campamento ofrece desayuno y comida servidos en un estilo familiar y portacomidas, si usted planea permanecer en el campo a mediodía.

Para mayor información consulte en www.canopytower.com