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Destino Estados Unidos

Nueva York dentro y fuera de ruta

El tren 6 hacia Canal Street o la 116, el R a Roosevelt Avenue, el L a Williamsburg, el funicular a Roosevelt Island… Hay infinitas opciones por explorar en una ciudad como Nueva York, donde la diversidad y los contrastes son su principal impulso. Aunque Manhattan es el epicentro de todo, ya que abarca una gran fusión de culturas, arquitectura e historia, cada condado de Nueva York ofrece experiencias cautivadoras y ángulos auténticos de la ciudad.

Texto y fotos: Sofía Verzbolovskis

Una de las primeras paradas en Nueva York debe ser el Chinatown de Manhattan, un barrio tan particular debido a su cacofonía de letreros, colores, comidas y aromas. Actualmente, los barrios chinos de Flushing, en Queens, y el de Sunset Park, en Brooklyn, son tan expansivos y vivaces como el de Manhattan. Sin embargo, una de las cosas que me sorprende del barrio chino de Manhattan es que por más desarrollo e inversión que haya a su alrededor, sigue siendo único: una ciudad dentro de otra. Olas de gente recorren diariamente sus calles, vendiendo frutas como el lichi, mariscos y curiosidades. Aunque Joe’s Shanghai, Bassanova Ramen y Nom Wah Tea Parlor son algunos de los restaurantes más populares del área, las opciones son innumerables. Después de comer, recomiendo caminar a través de Columbus Park, donde siempre se ven grupos de señores y señoras jugando juegos de mesa chinos y escuchando música típica. Si las piernas dan para más, el recorrido puede continuar hacia el World Trade Center y el 9-11 Memorial. Por último, a dos pasos queda el Oculus, diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava. Es una estructura muy original; tan original, que frecuentemente se escucha comentar: ¿es un pájaro? ¿El esqueleto de un pescado?

Es indispensable caminar por las acogedoras calles de SoHo, uno de los barrios más vanguardistas de la ciudad. Para descubrir las nuevas colecciones de los diseñadores emergentes hay que entrar a Opening Ceremony, seguido por un café o almuerzo en La Mercerie, un nuevo restaurante en Howard y Mercer Street. Está ubicado dentro del Roman and William Guild, una tienda de diseño impecable donde venden muebles, vajillas y decoración para la casa. Claro que las compras no pueden faltar, pero una vez terminadas hay que ver una de las maravillas arquitectónicas de Nueva York: el Puente de Brooklyn. Una experiencia imprescindible es cruzar el puente desde Manhattan hacia Brooklyn y mirar hacia atrás para presenciar la vista inigualable de Manhattan. El puente termina al inicio de DUMBO (acrónimo de Down Under Manhattan Bridge Overpass), con sus calles de adoquines, galerías independientes y librerías como Power House y Berl’s Poetry Shop. El barrio es muy pintoresco y perfecto para un recorrido placentero. Al final del día vale la pena un desvío a Vinegar Hill, un barrio mínimo de seis o siete calles, sobre todo para disfrutar de vinos y comida deliciosa en Vinegar Hill House.

En ningún otro lugar es tan palpable la energía de Nueva York como en la Grand Central Station, con su ajetreo magnético. Es también una joya arquitectónica; el vestíbulo tiene un techo de constelaciones muy elaborado. Más que una simple estación, es un centro culinario con lugares imprescindibles para comer, incluyendo un clásico de Nueva York como el Grand Central Oyster Bar, el Agern (restaurante contemporáneo danés) o el Great Northern Food Hall. Luego de almorzar, puede bajar la comida caminando hacia Avenida 2ª y Calle 59, al este.

Algo que mucha gente no sabe es que en Manhattan hay un funicular desde Midtown hasta Roosevelt Island. Para quienes gusten de caminar, es recomendable tomar el sendero hacia la punta para disfrutar del Franklin D. Roosevelt Four Freedoms Park, que ofrece unas vistas privilegiadas de la ciudad, incluyendo el edificio de las Naciones Unidas. Durante los meses de primavera y verano, esta isla también se convierte en un centro de eventos culturales y música en vivo.

El edificio Flatiron es emblemático. ¡Desde un costado, parece totalmente plano! Lo bueno además es que queda a un paso del Madison Square Park. Afortunadamente, en este parque se encuentra un Shake Shack, el lugar de hamburguesas y batidos de leche más popular de Nueva York. Como fanática de espresso que soy, recomiendo pasar por Stumptown, un café ubicado en el muy popular Ace Hotel, antes de subir al Empire State y apreciar una vista de 360 grados. Un área perfecta para pasar la noche es Koreatown, un barrio compuesto de apenas un par de cuadras, aunque principalmente todo se concentra en la 32 entre 5a y 6a. El barrio coreano es una explosión de colores, letreros, karaoke y más. Hay una variedad de restaurantes fuera de serie, desde unos enfocados en dumplings, hasta barbecue y pollo frito. Her Name is Han, a una cuadra de Koreatown, es uno de mis favoritos, pues cada plato es un deleite para el paladar.

Claro que el Museo Metropolitano de Arte es imperdible en cualquier visita a la ciudad, pero con el boleto del Met también se puede visitar el Met Breuer, a escasos minutos, en la 75 y Madison. El museo abrió en 2016, en el icónico edificio Marcel Breuer (antigua sede del Museo Whitney) y se especializa en destacar arte contemporáneo de la colección inmensa del Met. En el subsuelo se encuentra Flora Bar, del chef Ignacio Matos. El ambiente es elegante pero relajado al mismo tiempo, y la comida vale la pena; desde el tuna tarare, el cordero con yogurt y mojo verde y las croquetas de papa y raclette. Para quienes tengan ánimos de ir a un lugar más casual y fuera de lo común, el tren 6 hasta la 116, en East Harlem, los dejará en la puerta de La Chula, nuevo restaurante mexicano del chef Julián Medina.

Algo muy interesante es caminar desde La Chula hacia West Harlem por la 116, donde podrán apreciar un cambio progresivo en las fachadas de los comercios, que pasa de letreros en español a tiendas y comercios africanos al llegar al Pequeño Senegal. Por cierto, una parada esencial es Levain Bakery para probar las mejores galletas de chips de chocolate. Para terminar la noche, no hay nada mejor que el legendario Paris Blues, un bar de jazz y blues que ha sido una institución en Harlem desde hace cincuenta años, con música en vivo todas las noches y un ambiente irreemplazable.

De los cinco condados que conforman la ciudad de Nueva York, Queens personifica la intersección de culturas y tradiciones como ningún otro. Astoria es un barrio principalmente griego, pero al caminar por las calles es evidente su carácter multinacional. Lo más recomendable al llegar es ir hacia Socrates Scultpure Park, un parque inusual de esculturas a gran escala donde, durante los veranos, se proyectan películas al aire libre.

Apenas a unos minutos de allí está el Museo Noguchi, dedicado al trabajo del escultor japonés Isamu Noguchi. El museo también tiene un patio interior idílico, perfecto para descansar un poco y retomar energías. Los cinéfilos no pueden irse de Astoria sin entrar al Museo de la Imagen en Movimiento, la única institución en Estados Unidos dedicada al pasado, presente y futuro del cine. Si este trozo de Queens los dejó con ganas de conocer más, el tren R a Roosevelt Avenue, el corazón de Jackson Heights, es un excelente punto para seguir explorando. Sin duda, este es el barrio más étnicamente diverso. ¿Pueden creer que solo en estas calles se hablan más de 167 idiomas? ¿En búsqueda de un lugar para almorzar o cenar? La escena culinaria en Jackson Heights es alucinante; desde dumplings tibetanos, comida thai e hindú, hasta lugares colombianos y ecuatorianos, a muy pocos pasos uno del otro.

Williamsburg, en Brooklyn, es el epicentro de la cultura hipster. En un par de décadas, este barrio pasó de ser industrial a convertirse en sinónimo del pensamiento artístico independiente en cuanto al arte, la moda y la música. Aquí se puede encontrar un sinfín de grafitis y arte callejero, opciones abundantes para comer, vistas fantásticas (desde azoteas en hoteles como el William Vale y el Wythe) y un ambiente dinámico de noche. Toñitas, el último club social caribeño, en South Williamsburg, te permite presenciar cómo era el barrio antes de todo el desarrollo. Con cervezas a dos dólares, una rocola de música latina y mesa de billar, tiene un ambiente muy divertido.

Smorgasburg es un mercado al aire libre que se ha vuelto tan popular, que a veces las colas son eternas. Abre los sábados entre abril y octubre, y hay más de cien vendedores locales, así que sería un pecado no deleitarse con todo tipo de comida y sabores, desde langosta a la parrilla, pizzas, comida china y thai, hasta helados caseros de The Good Batch y mucho más.

 


Cómo llegar

Desde Norte, Centro, Suramérica y el Caribe, Copa Airlines ofrece tres vuelos diarios los lunes, viernes y domingos y cuatro los martes, miércoles, jueves y sábados a Nueva York a través de su Hub de las Américas en Ciudad de Panamá.

Para obtener más información sobre Nueva York y para organizar su próximo viaje visite www.nycgo.com

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