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Vistas de Panama

Mercadillos llenos de sorpresas

En Ciudad de Panamá están tomando fuerza los mercadillos que brindan trabajos artesanales y productos naturales y ambientalmente sostenibles, una oferta que supone una alternativa a los almacenes por departamentos y supermercados.

Por Ana Teresa Benjamín
Fotos: Javier Pinzón

Dicen que el mercadillo más grande del mundo se encuentra en Chatuchak, en la ciudad de Bangkok (Tailandia), aunque el diminutivo es una absoluta contradicción. Con más de 15.000 puestos y 200.000 visitantes cada fin de semana, Chatuchak abrió sus puertas en 1983 y, desde entonces, quienes lo han visitado se asombran de su tamaño y variedad, ya que allí pueden encontrar frutas, flores, plantas, antigüedades, libros, muebles, mascotas… Aunque lo que más recomiendan es la sección de ropa tradicional y artesanías.

En Turquía, por su parte, se encuentra el Gran Bazar de Estambul, cuyos orígenes se remontan al siglo XV. Con más de 3.600 tiendas distribuidas en 64 calles, este “mercadillo” tiene áreas de joyería, orfebrería, tiendas de especias e incluso de alfombras, y existen 22 puertas para acceder a sus 45.000 metros cuadrados de exhibición.

En Panamá no hay mercados de estas dimensiones —con esfuerzo sumamos cuatro millones de habitantes—, pero en los últimos años han surgido nuevas opciones que buscan dar un lugar a los pequeños emprendedores, innovadores y artistas donde puedan exhibir y promover productos e ideas que, de otra forma, no tendrían posibilidades de mostrar.

Uno de estos sitios es el French Market, que cada primer fin de semana del mes se instala en la Plaza de la Ciudad del Saber, la pequeña zona comercial construida en la antigua base militar estadounidense de Clayton, en las áreas revertidas. “Empezamos en octubre de 2015 con la idea de promover artistas emergentes y pequeños empresarios”, explicó David Weil, uno de los organizadores. “El French Market es un espacio para proyectar el arte, pero un arte que todavía no tiene espacio en tiendas o galerías”, añadió.

David Weil, hijo de Carlos Weil, es un reconocido coleccionista de memorabilia sobre el Canal de Panamá y dueño de la galería Weil Art. En este sentido, el nacimiento del French Market tiene un sentido lógico, porque Weil Art ha sido durante años la ventana de nuevos artistas que, en su momento, no despertaban interés. Hoy, por ejemplo, en la galería se ofrecen esculturas de madera confeccionadas por artistas emberás, cuadros de artistas colonenses, mobiliario de manufactura única, objetos traídos de países lejanos y, claro, recuerdos vinculados con el Canal, entre muchas otras curiosidades. En el French Market se pueden encontrar desde juguetes y películas de colección hasta adornos antiguos para el hogar, ropa tejida, bolsos confeccionados a mano, frascos de productos de marca retirados del mercado y hasta un puesto especializado en ropa para mascotas, llamado Lolita’s Adventures.

Otro mercadillo que ha tomado fuerza en la ciudad es el de Villa Agustina, uno de los varios sitios de rumba del Casco Viejo de Panamá que, un domingo al mes, se transforma en sitio para buscar y encontrar bisutería, bolsos, sombreros, ropa, velas y detalles para regalos, entre otros productos. Uno de los puestos más interesantes es el de Ecopallets Panamá, porque fabrica muebles y objetos decorativos con pallets, un material que apenas empieza a tener seguidores en el país, poco acostumbrado al reciclaje. El valor añadido que ofrece la visita a Villa Agustina es que, al encontrarse en el Casco Viejo, una vez culminado el recorrido puede caminar por las calles de la segunda Ciudad de Panamá y descubrir parte de la historia del país mientras visita las tiendas de souvenirs, refresquerías y heladerías.

El último de los mercados en boga y quizás uno de los más interesantes es el Mercado Urbano, creado a finales de 2014 como parte de los proyectos de la Fundación Ciudad del Saber. Su objetivo es promover la agricultura sostenible y la producción artesanal, y en este sentido se convierte en un espacio único para el intercambio entre comunidades, productores y artesanos. En el Mercado Urbano hay un puesto de venta de hongos frescos, varios de “huevos de pastoreo”, algunos de vegetales y verduras, y otros que ofrecen productos de belleza y cuidados para la piel, como jabones, cremas corporales, desodorantes, blanqueadores dentales y bálsamo labial, entre otros, todos fabricados con productos naturales.

También hay varios puestos de mermeladas y salsas hechas con productos tratados de forma orgánica, pero entre ellos hay uno que proviene de un sector del país deprimido económicamente y que, por esa misma razón, llama la atención. Se trata de Porto Viejo’s Homemade, una empresa familiar establecida en Puerto Armuelles (provincia de Chiriquí), que fabrica productos salados o dulces, como pesto de culantro, encurtido de cebollas picante, mermelada de paprika y piña colada, y confitura de nance y mango verde.

Como explicó Aníbal Ortiz, ingeniero agrónomo y representante de la empresa en el Mercado Urbano, “el nombre responde no solo al deseo de identificarnos con Puerto Armuelles, sino que lo elegimos para denotar que los porteños seguimos siendo pujantes, como antaño”, a pesar del descalabro de la industria bananera, que durante décadas fue la única actividad económica de la región.

Otro de los puestos innovadores del Mercado es el de Antaura, que se define como una empresa familiar dedicada a la producción artesanal de quesos gourmet y que, con escasos meses de funcionamiento, ya fabrica cuatro tipos: queso prensado blanco, chombo, con especias y de cabra. Ubicado en el corregimiento de El Pájaro, del distrito de Pesé, en la provincia de Herrera, Larisa Hernández, gerente de Mercadeo y Comercialización, señaló que la empresa surgió como parte de una estrategia para dar nuevos usos a la leche producida en la región. “Queremos establecernos con los quesos, pero también queremos hacer yogures y tal vez incursionar en la composta”, añadió; una idea que sería revolucionaria en una región del país donde el método para hacer producir la tierra se basa, desde hace siglos, en la roza y quema.

Pese al entusiasmo, Hernández se quejó de una realidad: “Es muy difícil para el pequeño empresario empezar… Nosotros tuvimos paralizada la empresa un año después de hacer la inversión en los equipos, por la burocracia que supone obtener el registro sanitario y el permiso de operación”. Aun con los contratiempos, el crecimiento de los mercadillos de la ciudad indica que las ideas bullen y que esa vieja necesidad del ser humano por obtener nuevos productos no cesa, después de tantos siglos.

 


Direcciones importantes 

French Market: antigüedades, trabajos artesanales, arte, bisutería y objetos coleccionables. Calle Alberto Tejada, Ciudad del Saber, Clayton.

Villa Agustina: ropa, bisutería, trabajos artesanales y accesorios para el hogar. Avenida A y calle 9a, Casco Viejo, diagonal a Plaza Herrera.

Mercado Urbano: productos agrícolas, cosméticos, plantas, artesanías y gastronomía. Calle José Gil, Ciudad del Saber, Clayton.

Mercado de Pulgas: ropa, bisutería, manualidades y curiosidades. Parque Omar, San Francisco.