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Reportaje

Mayo: Tiempo del diálogo intercultural

El interculturalismo supone experimentar otra cultura, permitir que otra cultura y su verdad me afecten, cambien y trasformen, no solo en mis respuestas, sino en mis preguntas, ideales y mitos.

“No quiero que mi casa esté amurallada por todas partes, ni mis ventanas cegadas, sino que por ellas circule libremente la brisa que me aportan las culturas de todos los países y pueblos”.

Mahatma Gandhi

Texto y fotos: Carlos Eduardo Gómez

 

El interculturalismo supone experimentar otra cultura, permitir que otra cultura y su verdad me afecten, cambien y trasformen, no solo en mis respuestas, sino en mis preguntas, ideales y mitos.

“No quiero que mi casa esté amurallada por todas partes, ni mis ventanas cegadas, sino que por ellas circule libremente la brisa que me aportan las culturas de todos los países y pueblos”.

 Mahatma Gandhi

 

En la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural, aprobada por la UNESCO en 2001, los Estados miembros se comprometen a reconocer la diversidad cultural como componente del patrimonio común de la humanidad y promover una cultura de paz y diálogo entre culturas. Con el fin de concientizar a la humanidad al respecto, se declara el 21 de mayo como el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Más que la simple constatación de la diversidad, se pretende un genuino reconocimiento de los beneficios del pluralismo cultural, entendido como un principio ético y político de respeto igualitario de las identidades y tradiciones culturales.

En la historia de la humanidad “no ha existido un único modelo de sociedad”, dice Diana Gómez Correal, doctora en Antropología y profesora asistente del Centro de Estudios Interdisciplinarios del Desarrollo (CIDER), de la Universidad los Andes en Bogotá. La diversidad es un hecho; existe y debe existir. Pero además debe ser celebrada. Por ello, afirma, el diálogo entre culturas nos posibilita abrir nuestros imaginarios y reflexionar sobre las diferentes formas en que las sociedades se organizan en esferas como la economía, la política, el medio ambiente, el territorio, la vida cotidiana, la relación con la tierra y con otros colectivos sociales.

El informe mundial de la UNESCO, publicado en 2010, dice que invertir en la diversidad cultural y el diálogo intercultural es promover el proceso de receptividad mutua entre los pueblos. Las diferencias, lejos de ser una amenaza, pueden beneficiar la acción de la comunidad internacional. La diversidad contribuye a la solidaridad intelectual y moral de la humanidad, que lucha contra la intolerancia, los prejuicios y la ignorancia, ayudando a cimentar la paz.

El diálogo en América Latina

Según Diana Gómez, se pueden tipificar cuatro actitudes históricas frente al diálogo cultural. La primera es la eliminación de toda diferencia mediante la imposición de un estilo de vida, como sucedió en la época de la Conquista. La segunda es la asimilación: las minorías se acoplan al estilo dominante, perdiendo toda su riqueza e identidad cultural. La tercera es el multiculturalismo: reconoce la diferencia entre sociedades, pero con políticas muy limitadas. La última es la interculturalidad, que significa tanto el diálogo entre visiones diversas de sociedades como el reconocimiento mutuo. Esta última permite que las minorías consideradas diferentes puedan sobrevivir y permanecer en el tiempo sin discriminación, con oportunidades de contribuir desde sus miradas a aportar cultural, social y económicamente a la sociedad mayoritaria.

El diálogo intercultural avanza en el ámbito local y esto es esperanzador. La delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, por ejemplo, condenó cualquier acción prejuiciosa contra los árabes. Esto permitió avanzar en los diálogos entre comunidades judías, musulmanas y católicas para desalentar las manifestaciones de extremismo y fanatismo.

También se han desarrollado diálogos entre la sociedad mayoritaria y las comunidades indígenas y afrodescendientes y así se han mejorado las constituciones de Bolivia, Perú y Ecuador. El respeto por las cosmovisiones de los pueblos originarios ha permitido que en estos países la Tierra y la naturaleza sean reconocidas como sujetos de derechos, lo cual es un ejemplo para el mundo.

En algunos casos las reformas han condicionado la redistribución de la tierra y otros beneficios sociales al dominio de una lengua indígena. En Colombia, el diálogo multiétnico y cultural avanza, aunque con muchas dificultades. En Perú, Bolivia, Chile, Guatemala y Panamá, los diálogos interculturales en los servicios de salud pública se vienen administrando en cooperación con los pueblos indígenas, reconociendo métodos de prevención, prácticas curativas y medicamentos tradicionales.

El reto es convencer a los responsables de las decisiones, políticos y actores sociales locales, de integrar los principios de la diversidad cultural y los valores del pluralismo y multiculturalismo, en los planes de gobierno y en el conjunto de las políticas públicas como una dimensión esencial para el diálogo, el desarrollo sostenible, el ejercicio eficaz de las libertades y el fortalecimiento de la cohesión social, la paz y la gobernanza democrática.