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Reportaje

Luciana Souza: la voz del jazz

Ganadora del Grammy, cantante excepcional y compositora arriesgada, Luciana Souza es una de las intérpretes más destacadas del jazz contemporáneo. Con motivo de su participación en el Panama Jazz Festival 2018, aprovechamos su paso por el istmo para indagar en su carrera artística y su obra.

Texto y fotos: Roberto Quintero

Luciana Souza es un prodigio del canto. Oriunda de São Paulo (Brasil), es hija del cantautor Walter Santos y la poetisa y letrista Tereza Souza, dos referentes de la bossa nova en la escena paulista. Gracias a la música que bebió desde la cuna, la intérprete de 51 años se inició en el canto cuando apenas era una niña. Luego, con solo veinte años, emprendió un viaje sin retorno hacia los Estados Unidos, con la esperanza de desarrollar una carrera profesional en la música. Así aterrizó en Boston, donde estudió una licenciatura en Composición de Jazz en el Berklee College of Music y una maestría en Estudios de Jazz en el New England Conservatory of Music.

Producto de esa combinación entre talento y preparación académica, sumada a las grandes conexiones que estableció con músicos de todas partes del mundo durante sus años en Boston, Luciana es reconocida como una de las voces más importantes del jazz contemporáneo. No en vano, la Asociación de Periodistas de Jazz le ha otorgado en dos ocasiones el premio a la Mejor Cantante de Jazz Femenina. Y como líder de banda ha lanzado once producciones discográficas, entre las que destacan los discos Brazilian Duos, North and South, Duos II, Tide, Duos III y The Book of Chet por las críticas favorables y las múltiples nominaciones y los premios obtenidos.

Luciana Souza fue una de las artistas invitadas al Panama Jazz Festival 2018. Por eso aprovechamos la ocasión para conversar con ella y conocer más detalles sobre sus inicios, hablar de sus raíces brasileñas y la música que le gusta, e indagar en los procesos creativos detrás de algunos de sus discos más significativos.

Te iniciaste en el canto a los tres años. 

¿Cómo ocurrió eso? 

Mi papá y mi mamá son músicos y componían jingles para producir plata. Y yo a los tres años no iba a la escuela aún, así que estaba todo el tiempo con ellos. Recuerdo que me acostaba debajo del piano y desde ahí escuchaba todo pasar. Y así comencé desde muy niña, cantando jingles de una forma muy natural. Porque de pronto estaban haciendo una publicidad para golosinas o una muñeca, por decir algo, y necesitaban la voz de una niña pequeñita. Y yo tenía buena memoria para las melodías desde niñita. Pero no fue que mis padres un buen día dijeron: “Ella va a ser cantante”; se dio de forma muy natural y orgánica dentro de la familia. De hecho, ninguno de mis hermanos pudo escaparse de la música: mi hermano tocaba piano y mi otra hermana tocaba ukelele. Y hoy todos nos dedicamos a la música.

¿En qué momento sentiste o descubriste que te ibas a dedicar a la música? 

Fue toda una decisión. Mis papás no querían que nos dedicáramos profesionalmente a la música, porque siendo ellos músicos conocían las dificultades de la profesión. No es una carrera fácil, y en Brasil mucho menos. Ellos querían que nosotros fuéramos médicos, abogados o cualquier otra cosa, menos músicos. Pero mi papá sí sabía que yo tenía una fijación muy grande con la música y también, pienso, un cierto talento cantando. Y ocurrió que mi hermano, dos años mayor que yo, se fue a Berklee College of Music a estudiar film scoring. Y él fue quien me llamó y me dijo: “Tienes que venir, este sitio es increíble, la gente es súper seria”. Eso fue en 1985. Él me ayudó explicándome todo lo que tenía que hacer para aplicar a una beca, me la gané y fui a estudiar allí.

¿Y el rechazo o temor de tus padres no constituyó un problema cuando decidiste estudiar música y dedicarte profesionalmente?

No. Pero sí querían que yo tuviese un título; era importante para ellos. Porque mi papá no fue a la escuela nunca; era músico de oído, empírico. Entonces era importante para ellos impulsarnos para que estudiáramos y fuésemos hasta el final. Yo estoy muy agradecida por esto, porque fui a dos escuelas muy buenas donde no solo aprendí mucho, sino que además tuve maestros fantásticos e hice conexiones muy importantes con gente de todo el mundo. Y esto no hubiese pasado si me hubiese quedado en Brasil. Allí yo hubiese podido tener una carrera muy fuerte en música, por supuesto, pero muy centrada en lo mismo que ya otros estaban haciendo. Yo quería algo más grande. Quería jazz.

Eso se nota en tus dos primeros discos, An Answer to Your Silence y The Poems of Elizabeth Bishop And Other Songs. En ambos mostraste un aspecto muy experimental, alejado de tu herencia brasileña. 

Son discos muy avant-garde y tienen composiciones bien locas, una búsqueda más intelectual. Responden a una necesidad mía de explorar cosas diferentes, poner mi pie en el jazz y decir “no solo voy a hacer cosas de Brasil”. Tenía la mente abierta y también temor a que mi vida se fuera a cerrar en “ella es de Brasil, hace música de Brasil”. Y claro que no quiero sacar al Brasil que vive en mí, soy brasileña; pero también quiero abrazar otras cosas. Y me daba un miedo profundo de que me fueran a encasillar en Brasil. Hoy ya no tengo más ese temor, ahora tengo cincuenta años y he hecho un montón de música. Ahora me siento con la libertad de que si quiero hacer solo cosas de Brasil, las voy a hacer. Porque ya llevo un tiempo explorando otras cosas para abrir las puertas y no cerrarlas.

También grabaste un disco con canciones de Chet Baker. ¿Por qué sentiste esa pulsión de cantar y grabar su música, que es tan maravillosa? 

Mi papá escuchaba mucho a Chet Baker y, no sé, me encanta visitar cosas que me hacen bien. Conectar con esta música, que es como un amigo que tú visitas y te revela cosas todo el tiempo. Chet para mí, cuando canta o cuando toca, pero especialmente cuando canta, lo hace de forma tan profunda que parece que todo se detiene. Y al mismo tiempo tiene una cosa muy simple, canta como si fuese un niño. Tiene muy buen tono y va a las notas de forma directa. Y a mí me gustan las notas directas, como la poesía que es directa, que te lleva y que te toca profundo. La pureza de su voz hace que te enganches a la letra, te permite entender la belleza del sentimiento de la poesía de la letra. Para mí es una escuela. Y bueno, me dieron ganas de hacer este disco solo de baladas. Y fue interesante porque la gente me criticó mucho, en Estados Unidos y todo el mundo. Decían “¿por qué solo baladas? Me vas a hacer dormir”. Pero hay algo profundo en esos temas, es como una meditación para mí cantar esta música. Es una cosa más introspectiva, hasta meditativa.

De la vasta producción musical de Brasil, ¿con qué músicos te sientes identificada o han influido de alguna forma en ti? 

Nací en 1966, así que crecí escuchando a João Gilberto, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Ellis Regina, Chico Buarque y Milton Nascimento, un músico que es súper importante en mi vida. Me siento muy afortunada de haber nacido en Brasil. Y más en ese momento, cuando la calidad de música que tocaban en la radio era una cosa increíble, con armonías y melodías fantásticas y poesía muy hermosa. Son todos unos genios. Y ver las trayectorias que tuvieron dentro de la música es para mí una escuela fantástica.