Contáctanos

Ecología

Los insectos: pequeños, hermosos e imprescindibles

Los insectos, nuestros compañeros de vida, casi todos demasiado pequeños para percibirlos, representan el 97% de las especies animales y conforman más de un tercio de la biodiversidad. Pequeños y numerosos, ellos son valiosos y especiales, pueblan el sonido de la selva, sobre todo en la noche y son el coro de fondo que acompaña el cantar de las aves y las ranas.

Texto y fotos: Javier A. Pinzón

El sonido de la selva, sobre todo en la noche. El sonido de las praderas, de los pastizales, de la tierra cálida. El coro de fondo que acompaña el cantar de las aves y las ranas. Nuestros compañeros de vida, casi todos demasiado pequeños para percatarnos de ellos. Estos que algunos llamamos “bichos”, aunque deseemos ignorarlos, son valiosos y especiales.

Son pequeños, pero numerosos. Los insectos de nuestro planeta representan el 97% de las especies de animales y conforman más de un tercio de la biodiversidad terrícola. Son tantos, que ni siquiera sabemos cuántos hay. Según Michael Samway, del Centro de Conservación de Investigación de Invertebrados de la Universidad KwaZulu-Natal, en Sudáfrica, la ciencia apenas ha descrito del 7% al 10% de los insectos que habitan en el planeta, los demás ni siquiera tienen nombre.

Estos pequeños compañeros han estado en la Tierra mucho más tiempo que nosotros. Según datos de secuencia genómica, los insectos habitan nuestro planeta desde hace unos de 480 millones de años, lo cual significa que sobrevivieron a las extinciones masivas del Pérmico y del Cretácico. Los insectos evolucionaron a partir de los crustáceos, poblaron la tierra y luego fueron los primeros animales en conquistar el aire mediante el vuelo.

Aunque muchas veces los ignoramos por su pequeño tamaño y curioso aspecto, los insectos han moldeado el paisaje que nos rodea a lo largo de los siglos. En efecto, hace 475 millones de años, cuando aparecieron las primeras plantas con flores, nació también la función de los insectos como polinizadores, y desde entonces empezó una gran proliferación de especies tanto de flores como de insectos. Flores de distintos colores, formas y tamaños evolucionaron gracias a sus polinizadores, que se volvieron más especializados, creando un estrecho vínculo entre ambos. Esta relación es tan íntima que algunas flores tienen el aroma de las feromonas del insecto hembra, solo para atraer a los machos, los cuales dispersan el polen sin siquiera enterarse de la importante tarea que realizan.

Esta tarea de polinizadores hace que los insectos sean de vital importancia para el mantenimiento de la población humana, ya que la producción de nuestras frutas y verduras depende de la salud y diversidad de los insectos que las polinizan.

Para sobrevivir en un mundo de gigantes, los insectos han desarrollado técnicas muy peculiares. Algunos dejan sus huevos no solo sobre la superficie de las hojas, sino también dentro de ellas. El tejido de las hojas provee una pequeña incubadora para los huevos y futuro alimento para las larvas. Otros insectos tienen estrategias reproductivas algo más extremas, pues ponen sus huevos dentro del nido de otros insectos y, al nacer, las larvas se alimentan de su hospedero.

Sin embargo, en esta lucha donde gana el más fuerte, también hay destrezas que a simple vista parecieran muy altruistas, como la de las arañas, cuyas hembras trabajan durante horas un tipo de seda especial para el cuidado de sus huevos y mueren al terminar su tarea. Al dar su vida por la protección de su descendencia, la madre asegura que sus genes pasen a una nueva generación, cumpliendo así su rol de vida (ultimate goal).

Una cosa muy peculiar de la mayoría de nuestros pequeños compañeros es que su esqueleto es externo, es decir, el soporte que da forma a su cuerpo es también lo que lo recubre. Esto los obliga, a medida que crecen, a mudar lo que para nosotros equivale a la piel. Como evidencia, dejan a su paso reliquias exactas de su cuerpo, con el recubrimiento de los ojos y pequeños detalles que hacen difícil creer que el animal no está realmente allí, es solo el recuerdo de lo que algún día fue.

Los insectos hacen parte del balance para que cada ecosistema funcione como debe ser. Ellos no solo cumplen su rol en la selva o en las praderas, también están vinculados con nuestra vida. Son los buenos y los malos en los sembrados, en la ganadería y en la producción de madera. Son la plaga y su vez son el control natural. Traen enfermedades, pero también dan la cura.

Al igual que los demás habitantes del planeta, incluyéndonos, los insectos son afectados por el calentamiento global. Un leve incremento en la temperatura podría afectar su ciclo reproductivo, sobre todo en países de altas latitudes. Según la investigadora Rhonda Snook, de la Universidad de Sheffield, algunas especies de insectos que experimentan un leve incremento en la temperatura durante el principio de su vida tienen menos probabilidades de reproducirse con éxito, lo que puede traer consecuencias ecológicas al ocasionar un desbalance entre las poblaciones de insectos, al igual que una falta en los servicios ambientales que estos prestan.

Son tantas las interacciones de los insectos con las plantas y otros animales, que su aporte a nuestro estilo de vida resulta incalculable y su conservación es imprescindible. Sin embargo, nuestro desconocimiento de su importancia, sumado a nuestro miedo y aversión, es lo que hace que su conservación sea todo un reto. Es posible que muchos insectos se estén extinguiendo sin que siquiera lo sepamos. Una manera de conservarlos es protegiendo todos los tipos de ecosistemas y aprendiendo sobre ellos.

Estos “bichos” tienen un aspecto raro, aunque en una definición alternativa de belleza podrían ser hermosos, algo alienígenas, quizá fuente de inspiración para Hollywood. Pero la verdad, son terrícolas, tan dueños de este hogar como nosotros. Y como humanos, nuestra misión debería ser protegerlos y convivir con ellos, ayudar a los buenos y controlar a los no tan buenos, para lograr que entre todos encontremos el balance y la vida prevalezca.