Contáctanos

Destino Argentina

Los colores de Argentina

En algunos tramos de su quebrada geografía, Argentina puede ser anaranjada hasta el infinito. En otros, es verde: un océano de bosques atravesado tan solo por abruptas caídas de agua. En ocasiones es blanca: esculturas de nieve y hielo cubren lagos y montañas. Y a veces también, tan múltiples colores se juntan a manera de arcoíris para cubrir un cerro o para lustrar las fachadas de las casas en un populoso barrio de la ciudad.

Por Julia Henríquez
Fotos Photos: Demian Colman

Como si saltara de un helicóptero en llamas, así me sentí a la hora de resolver la primera pregunta que surge en mi hoja en blanco: ¿cómo es Argentina? Con una superficie total de 2.780.400 kilómetros y una población de 44 millones de habitantes, intento resolver mi misión trazando primero unas ideas generales: Argentina es una Latinoamérica con rasgos europeos, debido a las constantes migraciones; es el español gritado con las manos, el fútbol como religión y la carne como pan de cada día. Argentina es un buen vino, un mate caliente y unas masitas; un país que se disfruta mejor en compañía y con un buen plato de comida.

Entonces, mi misión va tomando forma y de pronto encuentro una definición más clara: Argentina es color: a veces anaranjada, algunas verde, otras blanca, sin faltar el arcoíris de colores que pueden juntarse en un cerro en medio del desierto o en las fachadas de un barrio, en medio de la ciudad. He aquí algunos de ellos.

Tierra

En la región del noroeste se encuentra la provincia de Jujuy: el color tierra de mi arcoíris personalizado del sur de América.

Tierra de montañas y desiertos, Jujuy hipnotiza con su calma y el sopor de la hora de la siesta. Allí el caminante hace más lentos sus pasos para no perder un centímetro de paisaje.

El Cerro de los Siete Colores, en Purmamarca, saca a relucir los verdaderos tonos de la región, pintando las montañas como salidas de un cuadro impresionista, mientras que la Peña Blanca brilla con su blanco impoluto.

La paleta de color que decora estas montañas no deja nada al azar: minerales de la tierra, arcilla rosada, piedra caliza, plomo, carbonato de calcio, hierro, óxido de cobre, manganeso y azufre son los encargados de teñir cada una de sus rocas.

El barro, que aporta el color consigna, toma una sutileza y elegancia tal, que logra convertir la tierra en arte.

En el norte argentino, reino de la Pachamama, la paz se vive en medio de la naturaleza, entre las casas de adobe y el piso de tierra; allí la historia permanece viva.

Verde 

Todavía en el norte, pero al lado oeste, en la meseta subtropical, los árboles se toman el paisaje, la humedad riza los cabellos y el aire se respira con olor a lluvia.

En la provincia de Misiones están las Cataratas de Iguazú. El verde y el marrón se mezclan en una perfecta sinfonía de “ruido blanco”, mientras toneladas de agua caen por la Garganta del Diablo.

El verde llega a su máxima expresión en las pasarelas del Parque Nacional Cataratas de Iguazú. Poco a poco los árboles van cerrando el horizonte, te devoran mientras los animales silvestres te observan sigilosos, muchas veces sin que tú siquiera los veas; otras, cara a cara, como queriéndose comunicar contigo.

En Puerto Iguazú, el río Paraná cumple la doble tarea de unir y separar tres países. Una frontera con un pasado tormentoso, pero donde hoy día la amistad internacional le ha ganado terreno a cualquier conflicto pasado.

El río Paraná nos regala una noche de música llena de recuerdos, mientras navegamos entre las montañas; aunque todas verdes y aparentemente idénticas, en sus riberas se hablan tres idiomas, se emplean tres monedas y se izan tres banderas diferentes.

Rojo 

A Mendoza lo veo rojo por el color de las copas al brindar y compartir una buena charla. Famosa mundialmente por sus vinos, esta ciudad llega a cualquier corazón por su paladar.

Las uvas de Mendoza han ocasionado una sana competencia entre sus productores que resulta no solo en buenos vinos, también en una arquitectura exquisita y un servicio de primera.

En Mendoza la vid se toma el paisaje y, sobreviviendo a veranos interminables y sequías extremas, crea una economía cada vez más sólida. En los alrededores de la ciudad se encuentran los viñedos productores del 70% del vino argentino.

Pero no es solo la uva la que pinta estas montañas. Los legendarios gauchos se apean de sus caballos y prenden la leña, el humo empieza a invadir el ambiente y los platos comienzan a llegar a la mesa.

Las montañas de este lado de Cuyo, más al sur del continente, se pintan de blanco y de verde, se manchan de tierra y se tapan de nubes, pero lo que nunca cambia es el reflejo de la copa de quien las mira.

Azul 

Bien al sur, en la Patagonia, el agua se toma los paisajes, el frío congela las manos y el sol brillante ilumina los azules más profundos.

Más al sur, bien al sur, en el fin del sur, Ushuaia, en Tierra del Fuego, es reino de la nieve. La ciudad se posa en las costas del Canal Beagle, puerta de entrada a la Antártida argentina y, claro, al mismísimo fin del mundo.

En las islas del Canal, como si no supieran de su encanto, los leones marinos y los pingüinos salen a pasear entre los turistas mirando fijamente a la cámara y disfrutando del sol y las heladas aguas azules.

Un poco más arriba, en la provincia de Santa Cruz, la pequeña villa El Calafate parece salida de un cuento de hadas.

Sus casas triangulares y su perfecta puesta en escena te hacen pensar que en cualquier momento encontrarás duendes jugando a tus pies.

Entre los más de 7.000 kilómetros cuadrados del Parque Nacional Los Glaciares, en las profundidades y superficies de los 247 glaciares que se pierden entre las cordilleras, el azul celeste y el blanco puro que tiñen la bandera argentina deleitan a cualquiera con sus miles de tonos.

El Perito Moreno es una gran masa azul de 250 kilómetros cuadrados, originada en el campo de hielo patagónico, que desciende de las montañas para reposar sobre el Lago Argentino. Su movimiento de avance y sus grandes bloques de hielo, que caen mientras los barcos de turistas maniobran entre los icebergs, producen un estruendo tal que su eco quedará impreso en el alma.

El origen de la paleta

Ahora me devuelvo un poco y subo a la llanura platense para centrarme en la capital: Buenos Aires. Como buena  mezcla de culturas, tradiciones y sabores, su color no es solo uno. Buenos Aires es diversidad, encuentro, sofisticación, cultura.

A Buenos Aires lo veo así:

Negro

El negro elegante, de saco y sombrero, el de una corbata y unos zapatos brillantes que al ritmo del dos por cuatro bailan a Gardel en cualquier esquina.

Verde 

En sus parques y plazas, cada domingo, cada verano, los oficinistas, hippies, trabajadores varios y estudiantes se olvidan de responsabilidades y salen a tomar el sol, hacer ejercicio o corretear niños y perros.

Café 

Por los miles de hojas escritas por poetas y cantantes en compañía de amigos y una taza de café. Por los lugares donde se juntaban Borges, Gardel, Alfonsina Storni, Quinquela Martín o Cortázar, que hoy llamamos Cafés Notables, pues aún se respira el arte que ellos dejaron allí.

Pero ¿cómo no encontrar colores en cada esquina, si en la Plaza de Mayo, la principal de la ciudad, encontramos la Casa Rosada? Las oficinas del presidente y su personal están en la casa, terminada en 1898, con una arquitectura ecléctica que combina rasgos franceses e italianos; y sí, su color es rosa.

El arcoíris de Caminito 

En el centro de la ciudad, en el barrio de La Boca, frente al antiguo puerto, donde la mezcla de ideas y opiniones que es Buenos Aires fue tomando forma, está Caminito: centro turístico y museo a cielo abierto. Se hizo de a poco, a fines del siglo XIX, cuando los inmigrantes europeos, con muy pocos recursos, construyeron sus casas con residuos de chapa y pintura que hallaban en el puerto.

Argentina entonces, he descubierto, es un crisol de culturas y costumbres, pero sobre todo un arcoíris que entre las montañas, el desierto, los bosques y los lagos encanta a cualquier caminante que se atreva a salir en busca de sus miles de tonos, sabores y olores. El fin del mundo se debe caminar y descubrir en cuerpo y alma. Tu misión ha sido asignada: ¿la aceptas?

Cómo llegar

Desde Norte, Centro, Suramérica y el Caribe, Copa Airlines lo lleva, a través del Hub de las Américas en Ciudad de Panamá, a Buenos Aires (seis vuelos diarios), Córdoba (dos vuelos diarios), Rosario (un vuelo diario) y Mendoza (cuatro vuelos semanales).