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Entrevista

Las incógnitas del envejecimiento

El Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá realiza el primer estudio para determinar cómo envejecen los panameños y cómo cambia la capacidad cognitiva con la edad.

Por: Ana Teresa Benjamín
Fotos: Javier Pinzón

Gabrielle Britton, doctora en Neurociencias y en Psicología, fue profesora de Estadísticas, Neurofisiología y Diseño Experimental en Lafayette College, pequeña universidad de Pensilvania (Estados Unidos), y ahora es investigadora principal de un estudio que comenzó en Panamá en 2011 y que promete esclarecer cómo envejecen sus habitantes y qué factores inciden para que algunos envejezcan bien y otros no.

Denominado Panama Aging Research Initiative (PARI; es decir, Iniciativa de Investigación enfocada en el Adulto Mayor), el estudio ha capturado los datos de más de setecientas personas mayores de sesenta años. A partir del análisis de esos datos se comienzan a saber algunas cosas: que la población panameña es longeva, que los adultos mayores padecen varias enfermedades crónicas y que, como en otras naciones, un factor genético predispone a los habitantes del país centroamericano al desarrollo del Alzheimer, la forma más común de demencia entre las personas mayores.

Entiendo que usted vivía en Estados Unidos. ¿Por qué regresa a Panamá y por qué se interesa en estudiar el proceso de envejecimiento?

Estudié y trabajé en Estados Unidos por más de veinte años, y en el 2006 regresé a Panamá por medio de una convocatoria de repatriación de talentos que tenía la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Investigación. Fue una decisión difícil, porque ya estaba trabajando en una universidad en Estados Unidos y me había costado mucho llegar allí.

Soy doctora en Neurociencias y en Psicología, y siempre me ha interesado todo lo relacionado con el aprendizaje y la memoria. En ese tiempo llegaron más investigadores y nos sentamos a hablar para encontrar un tema que fuera prioritario para el país, y ese fue el tema del envejecimiento. El estudio lleva ya siete años y es un estudio longitudinal; estudiamos un grupo de adultos mayores y los seguimos a lo largo del tiempo, para poder ver cambios.

¿Dónde reclutaron a los adultos mayores y qué están buscando exactamente?

Empezamos en el Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social, donde se atiende al 70% de la población del país. Esta primera cohorte (grupo) fue de 65 años en adelante. Les hicimos diferentes pruebas a lo largo de cuatro años para ver cómo cambiaba su estado de salud, porque algunos (adultos mayores) desarrollan deterioro cognitivo; otros no. Algunos tienen pocas enfermedades crónicas y presentan un envejecimiento saludable; otros envejecen con menos salud. Hicimos entonces un número de estudios importantes sobre cuáles son los factores que provocan el Alzheimer y el deterioro cognitivo leve en los panameños. Cerramos ese protocolo y redactamos un segundo, y ahora estamos en una segunda fase, reclutando en la comunidad.

Nosotros no tuvimos que reinventar la rueda; estos protocolos son estándar. La cosa es que en los países desarrollados se han estado haciendo estos estudios desde hace veinte o treinta años, pero en Panamá es el primero de este tipo.

¿Con qué parámetros determinan si un adulto mayor está bien para su edad?

Las evaluaciones que realizamos permiten determinar cómo está cada adulto según su edad. Las pruebas que les hacemos son como las pruebas de inteligencia que le ponen a un niño de diez años: ellas dicen cuál es el nivel cognitivo en una variedad de dominios, como la atención, concentración, memoria, etcétera.

Ustedes estudian las enfermedades asociadas con el envejecimiento y miden el deterioro cognitivo “normal” y la incidencia de Alzheimer. Es decir, lo que quieren determinar es qué factores inciden para que una persona desarrolle o no Alzheimer.

Exactamente. Eso es lo más valioso de este tipo de estudio, porque cuando tienes más de cuarenta años comienzas a padecer enfermedades crónicas asociadas con la edad. En Panamá, las causas de muerte son el cáncer, los accidentes cardiovasculares y enfermedades neurológicas o del cerebro… Todas son enfermedades asociadas con la edad que tienen los mismos factores de riesgo: obesidad, diabetes, hipertensión no tratada. Resulta que hasta los que envejecen normalmente van a mostrar un deterioro cognitivo, y eso es normal. Muchos vamos a evidenciar deterioro en muy diversas medidas y en otros dominios mostraremos incremento, como por ejemplo en nuestro conocimiento en general: la gente mayor sabe más información y tiene mayor vocabulario que la gente menor.

Entonces vamos viendo sobre el tiempo: si vemos a un grupo de adultos mayores hoy, les tomamos la sangre y todas las medidas, y dos años después los vemos otra vez y les hacemos las mismas pruebas… Lo que queremos saber es quién cambió, de un punto al otro, y si eso está asociado a unos marcadores en sangre —como las proteínas inflamatorias— y genéticos —como la apolipoproteína E (ApoE4).

Cuando nos hacemos una mamografía, si los médicos ven una mancha y luego te hacen una prueba genética, te sale el marcador BRCA, que indica que tienes cáncer. Para el Alzheimer, la única manera de identificarlo 100% es post mortem… Cuando la persona está viva y tiene todos los síntomas clínicos (olvidos, incapacidad de cuidarse solo y dificultades en las actividades de la vida diaria), ya en ese momento no hay nada que hacer, porque el Alzheimer es incurable. ¿Cuál es la meta? Tratar de identificar quién va a desarrollar el Alzheimer, pero veinte años antes, mediante las muestras de sangre y de la presencia del marcador ApoE4.

La idea es que si podemos usar esa información se pueden tomar medidas para retrasar la aparición de la enfermedad. Es esto lo que estamos tratando de hacer y no lo estamos haciendo solos: Panamá es parte de un grupo internacional que está estudiando lo que se llama biomarcadores basados en sangre. El proyecto es seguir reclutando hasta que tengamos una buena idea del valor predictivo de la muestra de sangre. Eso puede tomar entre ocho y quince años.

¿Cómo se puede retrasar la aparición del Alzheimer?

Digamos que te haces una evaluación y tienes riesgo porque eres diabético y tienes el marcador genético. Si te lo detectan a los 45 años, lo primero que tendrías que hacer es, por ejemplo, si eres obesa, perder peso; si eres hipertensa, controlar la presión; si eres sedentaria, hacer ejercicios… Hay estimaciones que dicen que si podemos controlar estos factores entre los cuarenta y los sesenta años, podríamos reducir el Alzheimer en 30%.

Decirme que tengo riesgo de padecer Alzheimer también es un tema ético. ¿Cómo se está manejando el tema?

Es una pregunta muy compleja para contestar porque tiene implicaciones bioéticas. Hay personas que dicen “a mí no me interesa saberlo”. Y hay personas que dicen “a mí sí”. Lo que nosotros consideramos es que el paciente tiene derecho a saberlo si quiere, y los médicos tienen la responsabilidad de desarrollar la manera correcta de informarles a sus pacientes sobre el riesgo.

¿Qué significa para un país como Panamá el hecho de que se esté haciendo un estudio sobre el envejecimiento y el Alzheimer?

El logro principal después de siete años es que, por primera vez, Panamá cuenta con la infraestructura necesaria para realizar estudios con adultos mayores. Por ejemplo, el [Instituto Conmemorativo] Gorgas se nos acercó porque a ellos les interesa ver cómo se están desarrollando los adultos mayores con VIH. Lo interesante del VIH es que antes era una enfermedad infecciosa, pero ahora con el tratamiento retroviral es una enfermedad crónica; por primera vez, las personas que viven con el virus están envejeciendo. Estas personas tienen un tipo de deterioro cognitivo que en la literatura ha sido llamado desorden neurocognitivo asociado al VIH, pero es diferente al deterioro que vemos con el Alzheimer; todavía hay que analizarlo y caracterizarlo a nivel genético y proteómico. Acabamos de escribir la propuesta, están por aprobarnos los fondos y vamos a empezar a ejecutar el estudio.