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Personajes

Ana Endara La felicidad del sonido

La felicidad del sonido, tercer largometraje de la panameña Ana Endara, tuvo su estreno internacional en el prestigioso International Documentary Film Festival Amsterdam, en noviembre. Y durante este mes, podrá ser vista en todo el continente mediante las televisoras adscritas al programa de fomento DOCTV Latinoamérica. El filme es una oda al sonido y, como quien no quiere la cosa, también un retrato de la identidad sonora de Panamá.

Por Roberto Quintero
Fotos Roberto Quintero, cortesía de Mansa Productora

La idea surgió como un chispazo en medio de la noche. La cineasta panameña Ana Endara necesitaba volver a rodar: “El cuerpo me lo estaba pidiendo”, pero no tenía tema ni historia. En ese contexto se abrió la convocatoria para la quinta edición de DOCTV Latinoamérica: el programa de fomento a la producción y teledifusión del documental latinoamericano que surgió hace diez años y por primera vez, ¡por cosas del destino!, propuso un tema a los postulantes: la felicidad. “Sentí que esa era una oportunidad muy clara. Yo ya estaba escribiendo mucho. Estaba todo el rato escribiendo, no una idea concreta pero sí preguntándome de qué podía hacer una película y empecé a jugar con este tema”.

Y en medio de su búsqueda se cruzó con un corazón roto y un par de bocinas de alta fidelidad. Mir Rodríguez, uno de sus mejores amigos, estaba pasando por una ruptura amorosa y decidió comprar unos buenos parlantes para escuchar música a todo volumen y ahogar así la tristeza. Y un buen día ella fue a su casa a acompañarlo a escuchar música. “él estaba en una hamaca y yo en otra. Me contó la historia de cómo compró las bocinas, que las encontró en internet y fue a la casa de un audiófilo a buscarlas. Ahí comenzamos a hablar sobre los audiófilos: gente que está obsesionada por la fidelidad del sonido y no les importa ni siquiera qué es lo que escuchan, sino que suene bien. Y me contó que este personaje básicamente le vendió las bocinas porque necesitaba dinero para comprarse unas mejores. Al mismo tiempo, me di cuenta de que Mir le compró las bocinas para sanar un corazón roto. Y en ese momento se me ocurrió la frase ‘La felicidad del sonido’”.

Lo que comenzó como un eureka se convirtió rápidamente en un proyecto en ciernes. Ana comenzó a investigar sobre el tema para encontrar sus personajes y reclutó a la productora Isabella Gálvez para armar la carpeta. Aplicaron a fondo y esperaron. En octubre de 2015 el jurado escogió La felicidad del sonido como el proyecto ganador por Panamá para DOCTV Latinoamérica, otorgándole 70.000 dólares para la realización del documental y la oportunidad de ser visto en más de 17 países de la región mediante las televisoras estatales adscritas al programa. Y ahí comenzó la aventura.

Pasión por el sonido

El documental está poblado de gente que tiene pasiones o relaciones fuertes o peculiares con el sonido de alguna manera. En sesenta minutos la película nos presenta cinco personajes principales: Mir Rodríguez, el hombre del corazón roto, quien se propone montar una radio comunitaria en un pueblito llamado Tucué; Eduardo Irving, un músico que desarrolla una suerte de activismo sonoro musical muy particular y recorre las calles panameñas regalando música clásica a la gente; Magdalena Solano, una invidente elegida en un casting en la Unión Nacional de Ciegos; el audiófilo Derek Irving y el ingeniero de sonido y músico Ingmar Herrera, quienes teorizan sobre el sonido y de alguna forma son los “filósofos” de la película.

¿Por qué pensaste en incluir a una persona invidente en el filme?

Primero pensé en un sordo. Y luego pensé en una persona a la que el sonido le agrega sensorialidad absoluta. Y eso es lo que hace Magdalena: ella es el elemento sensorial de la película. Ella no te está hablando del sonido, ella simplemente dice “salió el sol” y tú reaccionas. A mí me pasa que cuando veo esa escena, reacciono, me conmueve. Es su manera de estar ahí.

¿Cómo te preparaste en el aspecto técnico para realizar una película sobre el sonido?

José Tuñón, el sonidista, tenía muchos juguetes y siempre estábamos atentos a cualquier cosa que estuviera sonando en los lugares donde grabábamos. Intentamos hacer “primeros planos sonoros” (yo los llamaba así). Tratamos de ir reconstruyendo los ambientes sonoros, que usualmente se presentan como una sola cosa. Nosotros fuimos en busca de los detalles. Y eso de escuchar te ancla al presente. Te pone atento a todo lo que te rodea.

¿Cómo era tu relación con el sonido antes de la película?

Hay una cosa curiosa. Yo vivo en el Cerro Ancón [el punto más alto de la Ciudad de Panamá] y lo subo mucho. Es una actividad física que hago varias veces a la semana. Y me di cuenta de que a mí el Cerro Ancón me enseñó a escuchar. Es un lugar silencioso, pero también es un lugar en el que vas subiendo y te vas alejando físicamente de la ciudad. Y al principio tú vas por la primera curva y se escucha mucho el barrio de El Chorrillo, las bandas escolares practicando o los pitos de los autos. Pero vas subiendo y subiendo y toda esa cosa se va quedando atrás. Entonces ya son otros los sonidos que vas descubriendo. Un ñeque correteando, por ejemplo. Y yo me di cuenta de que me hacía bien hacer eso: esa trayectoria física que me llevaba de un espacio sonoro a otro y cómo eso me hacía prestarle mucha atención a lo que estaba haciendo en ese momento. A estar ahí en ese momento. Yo creo que el escuchar tiene esa cosa como meditativa, casi. Que te ancla al presente: si estás atento realmente a lo que está sonando, estás aquí y ahora y no estás pensando ni en lo que va a pasar ni en lo que pasó.

Una maquinaria bien aceitada

Para la productora Isabella Gálvez, que ya ha hecho dos documentales con DOCTV, el gran reto de La felicidad del sonido fue no poder tener todo bajo control antes de empezar a rodar. “Dejamos ese espacio para que los personajes fluyeran e ir descubriéndolos a medida que los acompañábamos. Ya los conocíamos desde la preproducción, claro, pero durante el rodaje fuimos descubriendo otras cosas que por ahí añadían nuevas locaciones y más días de rodaje. Para mí esto pudo haber sido un caos en otro momento, por los permisos para las locaciones, pero acá se sentía diferente, porque simplemente era la naturaleza del proyecto. Eso también nos fue abriendo a nuevos temas que quedaron en la película, como la soledad y el silencio”.

Para la realizadora panameña, contar con un respaldo económico hace toda la diferencia a la hora de encarar una producción. “Muchas veces tenemos documentales en los que hay que seguir personajes y, como normalmente no hay recursos, se pasan años haciendo el proyecto y uno se desmotiva en el camino. Por eso DOCTV es un programa buenísimo para la región. Le da a cada país un fondo decente para poder hacer un documental, pero también te exige cumplir con fechas específicas que te hacen completar tu proyecto. Y luego el documental no se queda ahí, sino que tiene una distribución en muchos países”.

“Se rodó en un tiempo acotado: cuatro semanas. Y fue una delicia. éramos una maquinaria bien aceitada y yo creo que eso se siente, le da a la película algo mucho más orgánico”, concluye la directora Ana Endara, quien está convencida de que tuvo la fortuna de contar con un equipo técnico de lujo, que supo acoplarse muy bien entre sí. “La película es de todos ellos. Yo creo que ese es el mayor logro de esta película: el equipo técnico. Este es mi tercer largo y uno se va dando cuenta de qué es lo que vas aprendiendo de cada experiencia, y siento que el equipo técnico fue un gran acierto”.

Más información: www.lafelicidaddelsonido.com y www.doctvlatinoamerica.org