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Destino Argentina

Argentina también tiene su carnaval

Son las dos de la tarde, las persianas cerradas de los negocios y casas particulares anuncian la famosa “hora de la siesta”

By Julia Henríquez
Photos: Demian Colman

Son las dos de la tarde, las persianas cerradas de los negocios y casas particulares anuncian la famosa “hora de la siesta”, el sol quema el pavimento y el centro de la ciudad parece un solitario pueblo detenido en el tiempo.

Estamos en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos (Argentina). Con una población de unos 110.000 habitantes, en la ciudad los días fluyen con tranquilidad junto a los dos ríos que la bañan. El turismo ecológico, con termas y caminatas en el bosque, atrae viajeros que la visitan a lo largo del año. Nosotros estamos aquí en busca de su verdadero tesoro, que nos espera más adelante.

Al recorrer la ciudad, apreciamos la arquitectura de casas bajas tipo colonial y caminamos hacia la Playa del Puente, balneario cerca del centro. Entre arquitectura clásica y verde a nuestro alrededor, la tranquilidad pura y el silencio se van alejando y las notas musicales empiezan a surgir tras los árboles. Desde lejos comienzo a entender por qué el centro se sentía tan solitario: cientos o quizá miles de personas se reúnen en el balneario a disfrutar las 24 horas del día. Estamos en el Carnaval de Gualeguaychú, un evento con más de cuarenta años de tradición donde se olvidan tabúes, fronteras y barreras idiomáticas entre asistentes de las más diversas nacionalidades. Durante el Carnaval la música no para y los pies no parecen cansarse.

Las bebidas abundan, la música resuena y el río refresca el picante sol que nos ha acompañado desde la llegada. Esto es para valientes que llevan solo diversión en las venas y vienen a divertirse. El tiempo corre, el sol baja poco a poco y la gente se empieza a dispersar. Es como si una alarma sorda avisara que es hora de la verdad y todos, juntos, parten hacia lugares incógnitos.

El corsódromo (pista por donde desfilen los “corsos” o carrozas), primera pasarela de carnaval en Argentina, está listo para la función desde hace veinte años y esta noche las luces se vuelven a prender una vez más, las sillas se desempolvan y la tierra empieza a vibrar. Con capacidad para 30.000 personas y una pasarela de 507 metros de largo, el corsódromo está lleno a reventar. Afuera, las carrozas se van alistando, las tres comparsas que este año (2017) tienen el privilegio de participar, Kamarr, Ara Yeví y Marí Marí, con más de doscientos bailarines cada una, dan sus últimos toques de vestuario y maquillaje, mientras que al otro lado el mundo vuelve a resurgir. En la entrada las filas avanzan y las caras expresan felicidad mientras al fondo se escucha la música. Por unos segundos el ambiente se tensa, el nerviosismo y la felicidad a flor de piel se sienten desde la pasarela y finalmente la primera carroza hace su entrada.

Doce carrozas, miles de plumas y millones de lentejuelas de todos los colores iluminan la noche. Una explosión de ritmos y colores se abre camino en medio de las tarimas, las bandas suenan encaramadas en lo alto de las carrozas, y entre gigantes, máscaras, monstruos y hadas, las piernas no paran de bailar: ¡la fiesta ha comenzado! La sonrisa de los bailarines y el ritmo inalcanzable de sus pies hacen que suba el ánimo, logrando que olvidemos el calor y el cansancio. Cuando en Gualeguaychú suenan los ritmos del carnaval y los colores invaden las calles, todos somos carnaval y felicidad es lo único que se respira.

La competencia cada vez es más fuerte, por lo que toda exageración es válida. A lo largo del año, las comparsas trabajan entregando todo lo que tienen de sí para lucirse durante el carnaval, especialmente el último fin de semana, cuando llega el momento final de competencia, que es cuando más público atrae.

Cada comparsa es evaluada por su música, alegría, carroza y coreografía, entre otros aspectos, con los que acumulan puntos a lo largo de las diez noches carnavaleras. Diez noches llenas de sudor y lágrimas, pues lograr el puesto número uno es la meta de los cientos de bailarines que, cargados de energía y felicidad, recorren a todo ritmo esta pasarela diseñada para ellos.

Las plumas se siguen agitando a velocidades increíbles y las máscaras van cobrando vida. Cada corso, o comparsa, tiene su propio tema y su propia cara. Cada uno le agrega su toque de lo que significa el carnaval y así es como las noches se llenan de fantasía y cuentos de hadas y terror que toman vida y bailan junto al público.

La última comparsa está por acabar y nosotros todavía no terminamos de procesar toda la mezcla de colores y sensaciones. En unas horas, Gualeguaychú queda como la encontramos. Vuelven la tranquilidad y la rutina, las estrellas desaparecen y el amanecer consuela a las almas agotadas por el evento, las luces se vuelven a apagar y la taquilla entra nuevamente en reposo… Sin embargo, mañana todo comenzará otra vez.

De fiesta en fiesta, saca un tiempo para ver:

El Castillo Isla Libertad: símbolo de la ciudad, que por su llamativa arquitectura y su historia tenebrosa, más de ochenta años después de su construcción sigue despertando la curiosidad entre locales y turistas.

La Catedral: construcción centenaria que data de 1863, pero cuya inauguración se realizó 27 años después. Su mayor tesoro es un órgano de 2.200 tubos que sigue musicalizando diversos eventos de la ciudad.

Museo Azotea de Lapalma: construcción centenaria envuelta en mitos de desamor y muerte. El fantasma de la sobrina de Juan Lapalma, primer médico de Gualeguaychú, se asoma por la terraza a llorar sus penas mientras que los transeúntes curiosos la buscan. La casa es un museo que exhibe las riquezas de la familia Lapalma.

Caminatas: la belleza natural de la ciudad es un gran atractivo para quienes disfrutan de una caminata o un paseo por el río, donde puedes disfrutar de la extensa flora y fauna de la región, dando un descanso a los ojos y pulmones para llenarlos de verde y aire puro.

Cómo llegar

Desde Norte, Centro, Suramérica y el Caribe, Copa Airlines ofrece tres vuelos diarios a Buenos Aires a través de su Hub de las Américas en Ciudad de Panamá. En Buenos Aires es posible tomar el transporte público para llegar a Gualeguaychú, ubicado a dos horas y cincuenta minutos por carretera.