Contáctanos

Reportaje

Gigantes con cráneo de cristal

Sólo se han hallado cuatro cráneos en una sola pieza del titanosaurio ―pacífico herbívoro de cuello largo y la criatura más grande que haya pisado tierra firme―, pues sus huesos son tan finos como hojas de papel, y apenas dos de esos cuatro (hallados en la Patagonia argentina) están en perfecto estado.

Por Ángela Posada-Swafford
Illustrado por Henry González

Fósiles de dinosaurios los hay por montones en todo el planeta: fémures, caderas, vértebras, costillas, dedos y hasta uno que otro diente. Pero los cráneos son otra cosa: son tan frágiles, que no sobreviven a los embates del tiempo y la erosión. Entonces, por más poderosos que hayan sido sus dueños, podría decirse que los dinosaurios en general tienen la mala costumbre de perder la cabeza.

Esto es especialmente cierto cuando se habla de los titanosaurios, las criaturas más grandes que jamás hayan pisado tierra firme. Sólo se han hallado cuatro cráneos en una sola pieza de esos pacíficos herbívoros de cuello largo, pues sus huesos son tan finos como hojas de papel, y apenas dos de esos cuatro están en perfecto estado. Ambos provienen de la Patagonia argentina y fueron descritos este año por dos grupos de paleontólogos.

Además, son especies nuevas; tanto, que aún no tienen nombre común y han sido bautizados por los científicos con una combinación de homenajes al lugar donde fueron hallados y los expertos que trabajaron en ellos: Sarmientosaurus mussacchioi y Tapuiasaurus macedoi.

 

“A pesar de que se han descubierto sesenta especies de titanosaurio, sus cráneos son tan raros como dientes de gallina”, confirma Matthew Lamanna, curador asistente del Museo Carnegie de Historia Natural, en Pittsburgh, y especialista en dinosaurios del hemisferio sur. “Entender realmente cómo era el animal, su historia evolutiva, su alimentación, su inteligencia, sus sentidos, todo eso depende de la estructura del cráneo y de los tejidos blandos dentro de éste”, añade Lamanna, quien forma parte del equipo internacional que colaboró en el estudio del Sarmientosaurus, bajo el liderazgo del doctor Rubén Martínez, descubridor del fósil en 1997 en la ventosa provincia de Chubut, en la Patagonia argentina.

“Esos dos cráneos están abriendo una ventana sin precedentes a la biología de los titanosaurios, que irónicamente fueron el grupo de dinosaurios más exitosos y del cual sabemos menos justo por falta de cabezas”, dice Diego Pol, reconocido experto en titanosaurios del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, en Trelew (Argentina), quien junto con sus colegas brasileros de la Universidad de São Paulo describió al Tapuiasaurus. “Ahora viene lo divertido, que es sentarnos a comparar ambas criaturas”, dice Pol (codescubridor del dinosaurio más grande del mundo: un titanosaurio gigante presentado en sociedad en 2014).

Por ejemplo, una diferencia interesante entre las dos cabezas estudiadas son sus dientes. Mientras que en el Sarmientosaurus los dientes tienen forma de cuchara o espátula y están colocados a lo largo de toda la mandíbula, en la otra cabeza son como pequeños cilindros que solo existen al frente del hocico. Esto da algunas pistas sobre qué masticaban y cómo lo hacían. ¿Quizá cortaban las hierbas con un movimiento de tijera? ¿O podrían estar consumiendo plantas con flores, esa nueva fuente de alimento que comenzaba a dominar el mundo cretácico?

Es difícil resistirse a la tentación de imaginar a un titanosaurio con un manojo de flores en la boca, pero no hay que precipitarse. “Tiene sentido especularlo, aunque casi que habría que encontrar granos de polen entre las tripas de alguno para estar seguros”, ríe Lamanna.

Sorpresas anatómicas

Además de los dientes, los paleontólogos han descubierto que ambos cráneos están llenos de sorpresas anatómicas. El del Sarmientosaurus, por ejemplo, es un brocado exquisitamente delicado de ventanas, columnas y agujeros del tamaño de manos que alguna vez albergaron ojos enormes, un cerebelo modesto y un cerebro del tamaño de un limón demasiado pequeño para su bóveda ósea. Y enterrado en lo más profundo del hueso, el tesoro mayor: la estructura del oído interno.

“Este ha sido un raro privilegio porque pudimos meternos dentro de las capacidades auditivas del animal”, interviene el doctor Lawrence Witmer, paleobiólogo de la Facultad de Medicina Osteopática de la Ohio University Heritage College, en Athens, un experto en el cráneo de los vertebrados modernos y extintos. Gracias a las tomografías computarizadas hechas en Argentina, Witmer, quien ha trabajado con docenas de fósiles de dinosaurios, pudo construir modelos digitales en 3D de todo el cráneo, incluyendo los tamaños y formas de su compleja arquitectura interior. “Este dinosaurio en particular era especialmente sensible a los sonidos de baja frecuencia, que se pueden escuchar a través de largas distancias sin disiparse. Quizás esta criatura podía seguir los pasos de sus compañeros de rebaño sin verlos directamente; igual que hacen las ballenas en los océanos”.

El oído interno reveló además algo nuevo sobre la postura del animal. Basado en la orientación del canal semicircular y en la posición de la articulación donde el cuello se conecta con el cráneo, Witmer sugiere que el dinosaurio tenía el hocico normalmente orientado hacia el piso. “Esto nos dice que se alimentaría de plantas bajas en el suelo, usando el cuello para trazar arcos de lado a lado, casi sin tener que moverse. Algo así como una aspiradora”.

Las cavidades de los ojos, aunque son grandes en los titanosaurios, son inmensas en el Sarmientosaurus. Dice Witmer: “Tratamos de ponerle ojos adentro. Es una de las cosas que hace mi laboratorio, más allá de sólo entender los huesos. Y nos parece que este animal tenía ojos bastante grandes, en comparación con otros titanosaurios”. Al respecto, él piensa que el sentido de la vista era muy importante para este dinosaurio, igual que el poder escuchar sonidos en baja frecuencia. Y eso es interesante porque esas características fueron perdiendo importancia en los titanosaurios más avanzados. “Eso es algo que no esperábamos y es emocionante poder ser testigo de este cambio en la anatomía de los sentidos, donde un dinosaurio pasa de depender de los ojos a depender del oído. Es como si estuviéramos viendo claramente la forma en que trabaja la evolución”.

Ese tipo de oportunidad rara vez se da en paleontología, porque nuestra Tierra es un mundo dinámico y violento que tiende a erosionar, aplastar o inundar las ventanas al pasado. Pero ahora se abre un portal al mundo de los gigantes con cráneo de cristal, y los científicos como Matthew Lamanna se apresuran a poner el pie en la puerta.

“Encontrar la cabeza de un titanosaurio, encontrarla así de bien preservada, encontrarla en un animal tan interesante, es algo que literalmente pasa una sola vez en la vida. No me sorprendería si nunca vuelvo a trabajar con un fósil tan importante como éste”.