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Cultura

FILBO 2015: La primavera de Macondo

Terminó exitosamente la versión número 28 de la Feria internacional del Libro de Bogotá (FILBO), donde, por primera vez en uno de estos eventos, el invitado de honor fue un lugar imaginario: Macondo, escenario de Cien años de soledad y otras ficciones.

Por Iván Beltrán Castillo
Fotos: Lisa Palomino

Los inventos del gitano Melquíades, los juegos de abalorios que se escondían en los cofres de las casas, el hielo, los espejos, las viandas que preparaba con parsimonia ritual úrsula Iguarán, el tempestuoso ron con que amainaba sus nostalgias el coronel Aureliano Buendía, los pescaditos de oro, las mariposas amarillas, las canciones que entonó Francisco el Hombre (con una de las cuales engañó al mismísimo Diablo), la máquina de sacar daguerrotipos, los catalejos, la gallera sangrienta donde murió Prudencio Aguilar, el tren de todas las nostalgias y el que sirvió para cargar a los muertos en la masacre de las bananeras, los manuscritos que contenían la vida entera… Todas estas cosas deslumbrantes que salpican las páginas de Cien años de soledad, la icónica novela de Gabriel García Márquez, se materializaron de pronto frente a quienes visitaron la más reciente versión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Era Macondo, la nación impetuosa de Gabriel García Márquez, comparable en su fulgor a la Yoknapatawpha, de William Faulkner, o a la Santa María, de Juan Carlos Onetti.

La idea de convidar a Macondo a protagonizar una feria internacional del libro, donde, además de eventos culturales y estéticos se escenifican ruedas de negocios y transacciones comerciales, pareció en principio un poco desatinada. Sin embargo, la muerte del Nobel colombiano, ocurrida hace poco más de un año, dejó al mundo entero una estela de consternación que sobrepasó cualquier pronóstico, quedando sus millares de lectores y admiradores en una enorme orfandad. Entonces el plan de que su alucinado Macondo fuese la nación convidada allí donde estuvieron las naciones concretas hizo pronta carrera entre quienes organizan el evento.

Aquello requirió meses de trabajo interdisciplinario que Diana Carolina Rey, gerente de la feria, recuerda como una temporada casi insomne. Se trataba de recrear Macondo, pero sin destruir el imaginario colectivo ni imponer un modelo a lo que cada lector, desde su intimidad, había soñado. Entonces se recurrió más que todo a símbolos, alusiones, guiños y referencias tangenciales, monitoreadas por el comité curatorial, compuesto por Jaime Abello Banfi, Piedad Bonnett y Ariel Castillo, tres intelectuales lejanos de cualquier sospecha, quienes han consagrado parte de su vida a la pasión de Macondo.

Los visitantes, agradecidos y sonrientes, se encontraron a su paso “La gallera de Macondo”, donde grandes cronistas, biógrafos y escritores crecidos a la sombra tutelar de García Márquez ‚ÄïDasso Saldívar, Gerald Martin, Alberto Salcedo Ramos, Leila Guerriero, Eduardo Márceles Daconte, Santiago Gamboa o el fotógrafo Daniel Mordzinski‚Äï reflexionaron sobre los más diversos aspectos y artificios presentes en la obra macondiana. De Mordzinski, considerado “el fotógrafo de los escritores”, se presentó por ejemplo el libro Gabo siempre, donde están “atrapados” algunos de los más cercanos amigos y conocidos del escritor.

Según Diana Carolina Rey, tres personajes lograron el milagro de activar la “nueva primavera de Macondo”: Santiago Caicedo, Laura Villegas y Andrés Burbano. Como los quiméricos gitanos y alquimistas de Cien años de soledad, estos expertos en arte, tecnología y comunicación moderna lograron transmutar unos pabellones fríos e impersonales en el reino mítico que nos enseñó, hace ya más de cincuenta años, a renacer todos los días.

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