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Destino Brasil

Fernando de Noronha: el tesoro de Pernambuco

Gracias a la deslumbrante belleza de su paisaje natural, la riqueza de su fauna marina y la transparencia de sus cálidas aguas, este archipiélago brasileño en el océano Atlántico se ha convertido en uno de los destinos ecoturísticos más visitados del mundo, donde se pueden realizar actividades recreativas y disfrutar de su oferta gastronómica exquisita.

Text and photos Roberto Quintero

En Fernando de Noronha la vida es una verdadera delicia. A diferencia de otros destinos de playa que ofrecen resorts atestados de gente, en este archipiélago de Pernambuco, Brasil, se practica un turismo de baja densidad respetuoso con el medio ambiente. La razón es sencilla: se trata de un importante santuario ecológico del planeta que ha alcanzado fama mundial por la belleza de sus playas, por lo cual atrae gran cantidad de turistas cada año. Y sabiendo la joya que tienen entre manos, los lugareños están explotando su recurso natural de forma controlada para afectar lo menos posible el bello entorno que los rodea. Afortunadamente, porque se trata de un lugar muy hermoso.

Su historia es también fascinante. El archipiélago lleva el nombre del hidalgo lusitano que financió la expedición de Américo Vespucio: primer europeo que desembarcó en las islas, en 1503. Desde entonces fue asediada por los franceses e ingleses, hasta que en 1629 pasó a manos holandesas durante 25 años y luego fue recuperada por Portugal en 1654. Casi doscientos años después, el famoso científico inglés Charles Darwin pasó por allí para hacer una escala antes de llegar a Galápagos, dentro de su legendaria expedición a bordo del bergantín HMS Beagle. También fue un centro penal, primero para reos comunes y después para presos políticos. Luego se transformó en territorio federal durante la Segunda Guerra Mundial, para establecer una base militar que tuvo gran presencia de soldados estadounidenses. Y hace apenas treinta años fue reintegrado al estado de Pernambuco, cuando comenzó su nueva vida como centro recreativo.

A praia mais bonita do mundo

Cuentan en el pueblo que cuando Vespucio desembarcó exclamó “¡el paraíso es aquí!”. Y aunque la leyenda parezca exagerada, creo que no lo es. El paisaje natural de Fernando de Noronha es deslumbrante. El archipiélago tiene 26 kilómetros cuadrados y está formado por 21 islas, de las cuales solo una está habitada. Fue declarado Parque Nacional Marino por el gobierno brasileño y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Sus hermosas playas cristalinas de cálidas aguas son motivo de orgullo en todo Pernambuco, pero hay una en particular de la que todos se ufanan. Su nombre es Baía do Sancho, pero en la isla principal es más conocida como “A praia mais bonita do mundo”. Así no más, como si no hubiese otra igual. Y es que, en efecto, ha sido seleccionada tres veces como la Playa más bonita del mundo en la clasificación anual de la página web TripAdvisor.

Dado que un tesoro escondido, no es sencillo llegar a ella. Primero hay que registrarse en la entrada de acceso, ya que se trata de un área protegida. Allí hay un centro de información turística y una tienda de souvenirs y productos varios. Si no trae consigo agua, comida y protector solar, es indispensable aprovechar el sitio para abastecerse; ya que pasado este punto no hay otro sitio donde hacerlo. Eso sí, no lleve muchas cosas. Desde allí es preciso caminar entre la vegetación por un sendero que conduce hasta el mirador. Y luego se desciende por el acantilado a través de unas cuevas donde han instalado largas y empinadas escaleras.

Después de todo este ajetreo, se conquista el paraíso. El mar es delicioso, la arena suave y el paisaje insuperable. Las aves vuelan sin que nadie las perturbe, los cangrejos corren libres por la arena, y en la apacible tarde que se ausentaba llegué a jurar que la felicidad podría ser eterna. No sé si Baía do Sancho es la playa más bonita del mundo, pero su increíble belleza me basta para creer el título que ostenta. Vale la pena conocerla para comprender por qué es uno de los destinos ecoturísticos más codiciados del mundo.

Ya que se encuentra en ese sector de la isla, le recomiendo retomar el sendero que conduce a Baía do Sancho y seguir unos metros hasta llegar al próximo mirador, desde donde se puede observar la Baia dos Porcos: una playa llena de peces de muchos colores, que se distingue por sus piscinas naturales color turquesa que se forman entre las piedras, custodiada por el imponente Morro dois Irmãos. La vista, además de ser una de las postales más famosas del archipiélago, es un verdadero espectáculo de la naturaleza.

Gastronomía de altura

Como en todo buen paraíso, en Noronha (como le dicen familiarmente) se come muy bien. Entre las muchas opciones que componen la oferta gastronómica, decidí apostarle a los sabores locales. Y de todos los restaurantes que visité, hubo dos que me sorprendieron. El almuerzo en Mergulhãoes una excelente oportunidad para degustar las exquisiteces de la cocina brasileña contemporánea. En este restaurante sobre el puerto, los platos son riquísimos y por la hermosa vista que ofrece el sitio dan ganas de quedarse aquí por siempre. ¡Pruébelo! Y al caer la noche, en el Festival Gastronómico Ze María, la cena es toda una experiencia. Es una suerte de ritual en el que los comensales se reúnen en torno a un rico banquete en el que se destacan la paella, pescados, frutos del mar y comida típica del nordeste brasileño. Solo ocurre los miércoles y sábados, a partir de las 8:30 p.m. Es importante reservar con anticipación, pues se ha convertido en uno de los eventos nocturnos más populares de la isla.

Diversión bajo el agua

Después de tirarse en la arena a disfrutar del hipnótico sonido de las olas que van y vienen, y de la paz que reina en toda la isla, luego de haber comido y bebido como un vikingo, ¿se puede pedir algo más? A mí con eso ya me basta, pero sin duda Fernando de Noronha tiene mucho más que ofrecer a los visitantes activos que desean más diversión en el mar.

Gracias a la riqueza de su fauna marina, así como a la transparencia y cálida temperatura de sus aguas, las playas del archipiélago son ideales para realizar snorkeling y buceo. Dadas las condiciones, su visita estaría incompleta si no aprovechara para ver delfines y nadar junto a tiburones y enormes tortugas marinas. Para intentarlo visite Praia do Cachorro, Baía dos Golfinhos, Baía Sueste y Praia do Boldró.

El archipiélago también es un escenario perfecto para practicar deportes acuáticos. De hecho, los amantes del surf llaman a este lugar el “Hawái brasileño”. Y entre noviembre y marzo, cuando se dan las mejores condiciones para surfear, la playa Cacimba do Padre (considerada entre las mejores de Brasil) se convierte en el punto de encuentro para surfistas del mundo entero.

Otra experiencia muy divertida es realizar un paseo en bote alrededor del archipiélago. Y si quiere disfrutar de un atardecer de ensueño, por nada del mundo se pierda la puesta de sol desde el Fortinho do Boldró. Créame, lo dejará sin aliento.

 


Cómo llegar

Copa Airlines ofrece dos vuelos semanales a Recife desde Norte, Centro, Suramérica y el Caribe a través de su Hub de las Américas en Ciudad de Panamá. Desde Recife, varias aerolíneas brasileñas ofrecen el servicio aéreo hasta Fernando de Noronha. Solo es posible llegar en avión.

 

Dónde hospedarse

La oferta hotelera está conformada por pequeñas y cómodas posadas, como el Dolphin Hotel, que es una buena recomendación para hospedarse. Más información en la página http://dolphinhotel.tur.br

Este reportaje se hizo con el apoyo de la Empresa de Turismo de Pernambuco (EMPETUR).