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Vistas de Panama

Explorando Tierras Altas

Por Julia Mendoza
Fotos: Demian Colman

Nuestro norte era el Parque Internacional La Amistad, arriba, en Las Nubes, y viajábamos llenos de expectativa en busca de paz tanto interior como exterior. Atrás dejamos la ciudad de David y, en muy pocos minutos, la montaña nos dio la bienvenida cuando el aire se coló por entre las ventanas y se apoderó de nuestros pulmones. La carretera, sinuosa, y la neblina, juguetona, nos cambiaban el escenario de manera intermitente. Al poco tiempo ya estábamos a más de dos mil metros sobre el nivel del mar: otro mundo, otro clima, otro olor y otro color que se develan en las alturas de un país costero.

El parque, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la UNESCO, abarca más de 400.000 hectáreas compartidas con Costa Rica. Aunque hay caminantes, aficionados y ancestrales, que viajan entre los dos países en expediciones que duran días o semanas, nosotros habíamos planeado una caminata mucho más corta y de resistencia media. Lo que buscábamos era apenas una introducción a este mundo mítico de árboles gigantes y hongos de colores y, aunque iniciamos nuestra caminata un poco fríos, en muy pocos minutos estábamos atónitos en medio de un universo de mariposas cuyas formas casan a la perfección, como las fichas de un rompecabezas, con las flores de los árboles. El guía intentaba llamar nuestra atención mientras vagabundeábamos sorprendidos en medio de los sonidos naturales, que son a la vez armonía y algarabía, y una orgía de olores, formas y sabores.

El guardabosque nos cuenta que el parque reúne 600 de las 850 especies reportadas de pájaros en Panamá y, sin embargo, nos aclara, que vinimos en el mes equivocado, pues en épocas menos lluviosas habríamos observado a los legendarios quetzales: pájaros de cola larga y colores pretenciosos, idolatrados por científicos y avistadores. Lo que pienso en realidad, mientras el guía se lamenta, es que tal experiencia, por lo menos hoy, no nos hace falta. Alcanzamos a observar, revoloteando entre las ramas, plumas rojas y naranjas, picos largos y cortos, delgados y gruesos de muchos colores. Más que quetzales, o incluso esquivas águilas arpías ‚Äïestamos en la casa del ave nacional de Panamá, pero tampoco son de las que se dejan ver fácilmente‚Äï, concluyo que el encanto de este parque está en la abundancia, casi infinita, de protagonistas menos renombrados: hongos enormes, flores voluptuosas, gotas brillantes de agua escurriendo de musgos refrescantes y orquídeas a granel. También, algunos colibríes que cruzan atrevidos muy cerca de nosotros, ardillas que saltan tímidas de una rama a otra y perezosos que ascienden lentamente los altísimos “edificios” donde habitan. Sí, jaguares y tapires pueden seguir ocultos tras sus trincheras; nosotros no vamos tras los “rock stars”, tenemos suficiente con poder apreciar la abundancia de los pequeños seres del bosque más biodiverso de Panamá.

Nuestra llegada al Parque Nacional ocurrió el segundo día de andar revoloteando, tal como la mariposa que ahora me hipnotiza mientras intento alcanzarla con la cámara. Nuestra intención era salirnos de la ruta, llegar a los destinos menos promocionados de las guías turísticas. Así fue como antes de llegar a nuestra cabaña en Guadalupe, el asentamiento más cercano a los caminos de penetración del parque, habíamos elegido Bambito como centro de operaciones. Allí encontramos otro gran tesoro de las Tierras Altas panameñas: un lugar perfecto para dejar que el tiempo corra mientras permanecemos “tumbados” cómodamente con una bebida en una mano y un buen libro en la otra. Además de que la vista, con una espectacular neblina que viene y va, resulta extraordinaria, hay un sofisticado spa, un río escondido entre los árboles donde es posible deslizarse en tubbing, una pequeña tirolesa, senderos para caminatas y cabalgatas fáciles por los alrededores.

A escasos ocho kilómetros de nuestro refugio encontramos Cerro Punta, a 1.970 metros sobre el nivel del mar y verdadera despensa del país, el poblado más alto de Panamá. Caminando bajo el tibio sol en medio de jardines, sembrados y la calma campesina, encontramos los planes turísticos de Cerro Punta S.A., que ofrecen recorridos por huertos de flores, verduras y fresas. Nos es por nada que llaman a las Tierras Altas el “Jardín de Panamá”. En el camino llama nuestra atención el pequeño fruto rojo que decora los jardines de las casas, constituye la razón social de grandes empresas y abunda en las orillas de las carreteras. Las fresas se han tomado las alturas chiricanas y conquistan a quien pase, por eso algunos lugareños han abierto pecaminosas tiendas en donde las rojas protagonistas van con todo.

Es así como caemos no en una sino en dos tentaciones: el Mirador La Fresa, en donde la pregunta es ¿fresas con qué? Chocolate, dulce de leche, leche condensada, vino, helado… difícil decisión. Como si fuera poco, más adelante encontramos una casa, junto a la carretera, como salida del cuento Hansel y Gretel: Dulces Caseros Alina. Allí nos recibe la mismísima Alina, hija de Ludovina y Ulises Vargas, quien nos cuenta que su madre, aprovechando la abundancia del jardín, vendió su primera mermelada hace treinta años. “Empezamos con unas para los turistas y poco a poco el negocio y la oferta de postres fue creciendo”. Tienen helado ciento por ciento natural y hecho en casa, fresas con crema, dulces tradicionales y el famoso vino del señor Ulises (receta que hoy en día recae en las manos de Alina, quien rescata los secretos escritos en los apuntes de su padre).

Y como en las Tierras Altas se vive de la tierra, la tierra y sus productos fuimos a visitar. Por eso no podía faltar la visita a la Finca Janson, propiedad de una familia que se ha dedicado, desde hace tres generaciones, a la cría de diferentes razas de caballos de paso y de ganado superior Angus, además del cultivo y desarrollo de café de alta calidad con granos especiales.

La empresa familiar Lagunas Adventures ha desarrollado variados paquetes turísticos. Es así como nos recibe Leif Janson con la promesa de pasar un día lleno de energía. Janson produce un café comercial aprovechando las ventajas de la altura, el clima y el “suelo increíble”, alimentado por los ricos minerales volcánicos. En efecto, el Café Geisha, producido en Panamá, es acreedor de premios y fama mundial, ya que es de los pocos cafés puros que sobreviven. Este grano es sometido a un proceso artesanal tan minucioso, que los califica como líderes mundiales. En el tour, entendimos y vimos cara a cara el proceso del café: el crecimiento de las plantas, la cosecha, el secado, el tostado y empacado, así como las diferentes selecciones que resaltan el gusto frutal de esta renombrada semilla. Dentro de las ochocientas hectáreas de la finca, repartidas entre ganado, café (125 ha), bosque secundario y reserva ecológica se pueden visitar Las Lagunas de Volcán: dos lagunas permanentes y cuatro que se secan en verano, en donde se puede acampar, pescar o disfrutar de un día de picnic. El paseo en kayak por el mayor sistema de humedales y lagos de Panamá es fascinante.

Cuando creíamos que la diversión no podía ponerse más interesante llegamos al Coffe Shop, donde nos esperaba una cata de café con las variedades de granos que habíamos conocido durante el día, que exaltó nuestras papilas gustativas y nos demostró que el esfuerzo de los más de cien trabajadores se siente en cada sorbo. Para completar la dosis dulce del día, Leif me recomienda un increíble pie de limón: como todo en Janson, hecho a mano y con amor.

Aunque esta es una selección personal de dos descarrilados a quienes no les gusta hacer las cosas dictadas por los libros, las opciones turísticas en las Tierras Altas son infinitas. Por ejemplo, el sitio arqueológico Barriles, descubierto en 1947, exhibe petroglifos, vasijas, piedras de moler y demás evidencias de esta cultura precolombina. La finca Drácula, en Cerro Punta, es todo un espectáculo pues tiene la mayor exhibición de orquídeas en Panamá.

Recorrer los senderos del Parque Nacional Volcán Barú, visitado por cientos de panameños y extranjeros, es un reto para caminantes y ecologistas. Los hoteles de Volcán, Bambito, Boquete y Cerro Punta ofrecen caminatas, rafting, tirolesas y otras actividades de aventura al aire libre. Las Tierras Altas de Chiriquí no solo proveen de alimentos a Panamá, sino que además se han propuesto ser el próximo gran destino turístico del país y lo están logrando.

 


Dónde quedarse

Bambito

Hotel Casa Grande de Bambito: bello hotel estilo boutique, rodeado de montañas, rocas volcánicas y manantiales.

Hotel Bambito: se halla en medio de jardines y fuentes. Fue galardonado con el Certificado de Excelencia TripAdvisor 2013.

Cerro Punta

Hotel los Quetzales. Aparte del hotel en medio del poblado, ofrece cabañas en la montaña ideales para realizar las caminatas por el Parque Nacional la Amistad.

Volcán

Hotel Dos Ríos, Cielito Sur Bed & Breakfast Inn, Cotito Boor Ranch y Mount Totumas Cloud Forest Lodge.

Dónde comer

Restaurantes que han recibido certificado de excelencia de TripAdvisor: La Carbonera Restaurant, Burricos, Maná Restaurante y Café Lodge (Volcán); Fanny’s Terrace Bistro (Cerro Punta).

Además Café Volcán, Cerro Brujo y el nuevo restaurante Redondo, con un famoso chef español.