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Ecología

Expedición hacia los desconocidos arrecifes profundos

¿Qué puede suceder si el ser humano logra explorar el fondo del océano más allá de los límites que le impone el buceo? ¿Qué sorpresas deparan a la ciencia los arrecifes profundos hasta ahora insondables?

Por: Javier A. Pinzón
Fotos: Cortesías científicos, Caroline Powers y Substation Curaçao

 

 

¿Qué puede suceder si el ser humano logra explorar el fondo del océano más allá de los límites que le impone la práctica del buceo? ¿Qué sorpresas deparan a la ciencia los arrecifes profundos hasta ahora insondables? El doctor Ross Robertson, quien lleva toda una vida estudiando a los peces de arrecife, logró llegar a los arrecifes profundos en un submarino y en apenas cinco años ha descubierto, con ayuda de su equipo, dos docenas de nuevas especies, entre los 130 y los 300 metros de profundidad., además de una nueva zona de arrecifes en las profundidades.

Y es que para este biólogo australiano resulta muy divertido encontrar cosas que nunca antes alguien haya visto, estudiarlas y describirlas. Esto inició desde chico, cuando fue a un internado en el campo en Australia, donde no solo aprendió sobre la granja, sino de los bosques, ríos y animales salvajes a su alrededor, que le llamaron poderosamente la atención y marcaron el rumbo de su vida. Para su maestría estudió peces de agua dulce y fue en su doctorado cuando se dedicó a los peces de arrecife.

Robertson vivió durante tres años en una isla en la Gran Barrera de Arrecifes australiana, estudiando a un pequeño pez que limpia a otros peces, para lo cual les hace cosquillas para luego recoger los parásitos que suelta; pero lo más interesante es que ese animalito puede cambiar de sexo. Cada macho tiene un territorio de unos quince metros, dentro del cual hay hembras, cada una con su territorio. El macho las visita y copula a diario con cada una. Si el macho muere y no regresa, la hembra más grande se da cuenta de que algo anda mal y en apenas una hora comienza a comportarse como un macho y en el lapso de una semana sus espermatogonias, que estaban ocultas, empiezan a desarrollarse, se expanden y toman el lugar de los ovarios. Observaciones que solo un ojo agudo, una sólida formación científica y una rigurosa disciplina pueden desentrañar del libro oculto de la naturaleza.

No es gratuito por ello que al terminar su doctorado, Robertson ganara un fondo de Australia que le permitía elegir cualquier lugar del mundo para realizar una investigación. Eligió Panamá por ser la sede del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y también por los peces tropicales, su interés de estudio. Así que durante un año se dedicó a recorrer con este objetivo los arrecifes de Guna Yala y, al terminar, obtuvo una posición como científico en dicha entidad. Desde entonces ha estado viajando alrededor del mundo para estudiar a los peces y publicó las guías de peces costeros del Pacífico oriental tropical (https://biogeodb.stri.si.edu/sftep/es/pages) y de peces costeros del Caribe y cercanías (https://biogeodb.stri.si.edu/caribbean/es/pages) descargables como apps.

En 2013 tuvo un feliz encuentro en Curaçao. Un inversionista de la industria turística, amante de los peces y aficionado a la exploración, había comprado el submarino Curasub para satisfacer su curiosidad de saber qué hay más abajo del límite del buceo con tanque. Y es que muy poco se sabe de lo que pasa abajo de los cincuenta metros, que es el límite de buceo. Incluso el uso de rebreather, que permite bajar 150 metros, no es suficiente para hacer una investigación, debido al poco tiempo que se puede permanecer abajo y por la cadena de fuerza que se requiere en los 150 pies. Desde entonces Ross inició su trabajo en las profundidades junto a la doctora Carole Baldwin, del Museo Nacional de Historia Natural, quien ganó un fondo con este objetivo.

El uso del submarino les ha permitido llegar hasta los trescientos metros, con la facilidad de poder permanecer varias horas y recorrer grandes distancias. El submarino tiene dos brazos robóticos, que permiten colectar peces gracias a una bomba que los succiona, los pasa por un compartimiento donde quedan anestesiados y luego los atrapa en un acuario.

La exploración en el submarino no solo ha permitido descubrir nuevas especies para la ciencia; durante estos años de estudio, Ross y sus colaboradores describieron una nueva zona de arrecifes. Hasta la fecha se conocían dos zonas: una hasta los cuarenta metros, donde los corales de aguas someras son muy comunes (altifóticos) y otra de los cuarenta a los 130, donde hay otras especies de corales formadores de arrecifes (mesofóticas, que significa de luz media). Durante las exploraciones en el submarino, encontraron que había diferentes especies de peces relacionados a la misma familia entre áreas someras y áreas profundas entre los 130 a trescientos metros y que los típicos peces de arrecife iban mucho más profundos que los arrecifes mismos. Entonces definieron esta zona como rarifótica, duplicando así la zona en la que sabíamos que habitaban los peces de arrecife, familias y géneros en general.

Ross y Carol se preguntaron si los peces de arrecife que encontraron en áreas profundas en Curaçao también se encontrarían en otros lugares del Caribe. Para ello consiguieron otro submarino, el Idabel, en Roatán (Honduras), el cual fue diseñado y fabricado por su propio piloto y su fin no era científico, pero le adaptaron el sistema de recolección de peces y es ahora la mano derecha de Ross.

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Roatán era perfecto para responder a sus preguntas, ya que está al lado opuesto del Caribe respecto a Curaçao y tiene agua más cálida. Los científicos quieren estudiar en qué parte de la pendiente del arrecife se encuentran estos peces, si la comunidad de peces cambia a medida que se desciende y qué determina el rango de profundidad en la que cada especie habita: si la luz o la temperatura. Dada la diferencia de temperatura entre las dos zonas, también pueden comparar el rango de profundidad de peces comunes entre los dos lugares, para saber si este factor afecta la distribución. Queda pendiente comparar con Bahamas o Bermudas, ya que en estos mares la temperatura es aún más caliente, llegando a 20 °C en vez de 11 °C.

¿Qué importancia pueden tener estos estudios más allá de la, suficientemente válida, curiosidad científica? El mundo está cambiando. Con el calentamiento global, los mares se van a volver más cálidos. Si el agua superficial se calienta mucho y el agua de profundidad se calienta un poco, ¿podrán las especies de arriba moverse a áreas más profundas? Saber cómo vive la misma especie en diferentes lugares con distintas temperaturas nos puede dar una idea de la importancia de la temperatura como determinante de la profundidad adecuada para vivir en cada especie.

Descender a estas profundidades ha permitido a los científicos detectar otro gran problema: el pez león, especie invasora y causante de grandes mortalidades de peces en áreas someras, ha sido visto a más de 130 metros de profundidad, más grande y, por tanto, capaz de poner más huevos. Carole y Ross quieren estudiar qué está pasando con su reproducción, ¿están produciendo crías que van a la superficie? ¿Podrían estas poblaciones de aguas profundas sostener las poblaciones de agua somera, en donde los buzos los están cazando para controlar su población?

Ellos necesitan estimar la población, medir la talla del pez en varias profundidades —lo cual logran mediante un láser— y estudiar su contenido estomacal, usando el ADN para saber qué come el pez león de profundidad. El ADN se puede identificar gracias a una biblioteca de ADN desarrollada por el Smithsonian a lo largo de los años.

Otra idea es usar isótopos estables; los ratios de isótopos de carbono, oxígeno y nitrógeno. Cada organismo guarda un récord permanente de lo que come; con este método, los científicos pueden comparar las señales de los isótopos del pez león de superficie con los de profundidad, para determinar si hay diferencia en la dieta en un período largo de tiempo. Los resultados nos dirán si estos peces se mantienen a bajas profundidades siempre o migran de arriba abajo.

Todavía queda mucho por descubrir en nuestro planeta, y en estos arrecifes de profundidad hay mucho por encontrar, ya que solo se ha explorado una ínfima parte. El problema, como siempre, es de fondos, puesto que un submarino resulta muy costoso. Pero gracias al esfuerzo de estos científicos, seguimos maravillándonos con el encuentro de nuevas especies.