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Ecología

Ese aire que respiras

Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación del aire causa cada año siete millones de muertes prematuras, el equivalente a ochocientas muertes por hora o trece por minuto; es decir, el aire que respiramos es responsable de más fallecimientos que la desnutrición, el consumo de alcohol y la inactividad física.

Texto y fotos: Javier Pinzón, Shutterstock, EFE

 

No solo de oxígeno vive el hombre, sería el adagio a aplicar. Y es que nuestra salud, el buen funcionamiento del cerebro, la adecuada circulación sanguínea y, en resumen, nuestra calidad de vida, dependen de un delicado equilibrio de gases atmosféricos: 78% de nitrógeno, 20% de oxígeno, 1% de gases nobles, 0,03% de dióxido de carbono y 0,97% de agua.

Todos los seres vivos del planeta, no solo los seres humanos, necesitamos ese equilibrio y, no obstante, la receta está fallando. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación ambiental causa cada año unos siete millones de muertes prematuras, el equivalente a ochocientas muertes por hora o trece por minuto. Es decir, el aire que respiramos es responsable de más fallecimientos que la desnutrición, el consumo de alcohol y la inactividad física.

De acuerdo con la OMS, el 97% de las ciudades en países de ingresos bajos y medios con más de 100.000 habitantes no cumplen con las exigencias mínimas de calidad del aire. De esos siete millones de personas que mueren cada año a causa de la contaminación atmosférica cuatro millones viven en la región de Asia y el Pacífico. Además, en las Américas 93.000 defunciones anuales en países de ingresos bajos y medios y 44.000 en países de ingresos altos son atribuibles a este factor.

Este problema también repercute en la economía de cada país; según el Banco Mundial, cada año la contaminación del aire le cuesta a la economía mundial más de cinco billones de dólares en costos de asistencia social y 225.000 millones en ingresos perdidos.

Lo paradójico es que, según varios estudios, la solución a este problema global es mucho más económica que las pérdidas que representa no resolverlo. El sexto informe de Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO-6) estima que las medidas de mitigación climática para lograr los objetivos del Acuerdo de París costarían unos 22 billones de dólares. Por otro lado, reducir la contaminación del aire podría ahorrarnos 54 billones en beneficios de salud, lo que nos ahorraría 32 billones si actuamos ahora contra la polución. 

También hay otros costos indirectos que nos afectan a escala mundial, ya que la contaminación del aire degrada los materiales y recubrimientos de las construcciones, disminuye su vida útil y genera costos de limpieza, reparación y reemplazo. Además se espera que el ozono a nivel del suelo reduzca los rendimientos de los cultivos básicos en 26% en 2030, lo que creará problemas de seguridad alimentaria y nutrición.

Efectos

Los riesgos y efectos en la salud no están distribuidos equitativamente en la población. La OMS indica que las personas con enfermedades previas, los niños menores de cinco años y los adultos entre cincuenta y 75 años de edad son los más afectados. Hay efectos de la contaminación del aire sobre la salud a corto y largo plazo, siendo la exposición a largo plazo y de larga duración la más significativa para la salud pública. En efecto, el 36% de las muertes por cáncer de pulmón, el 35% de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el 34% de los accidentes cerebrovasculares y el 27% de las cardiopatías isquémicas son atribuibles a la contaminación atmosférica.

Por desgracia, el mayor impacto recae sobre la mortalidad infantil; más de la mitad de las muertes de niños menores de cinco años por infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores son debidas a partículas inhaladas por la contaminación del aire, las cuales son producto del uso de combustibles fósiles. A escala mundial, el 93% de todos los niños respiran aire que contiene concentraciones tan altas de contaminantes, que la OMS las ha establecido como inseguras para la salud humana. Como resultado, cada año mueren 600.000 niños.

Un reciente estudio, liderado por el neumólogo Xavier Muñoz y publicado en la revista especializada Science of the Total Environment, demuestra que las partículas diésel son causa directa del asma en personas sanas. Estas partículas contaminantes de menos de 2,5 microgramos de diámetro se hallan suspendidas en el aire y en su mayoría provienen de las emisiones de los vehículos con motor diésel. Según Muñoz, cuando se inhalan grandes cantidades de partículas diésel, estas rompen el epitelio bronquial, provocando inflamaciones y alteraciones del sistema inmune e incluso asma. 

EFE/ Diego Azubel

La prevalencia del asma es del 5% en la población general adulta, pero entre la población infantil ya es del 12%. Se sabía que la contaminación empeora el asma, pero ahora esta nueva investigación nos ha revelado que la contaminación puede ser la causa del asma en edades infantiles. 

Laura Tuck, vicepresidenta de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial, afirma que “la contaminación atmosférica es un desafío que amenaza el bienestar humano esencial, provoca daños al capital natural y físico, y restringe el crecimiento económico. Al promover ciudades más saludables e inversiones en fuentes de energía más limpias, podemos reducir las emisiones peligrosas, ralentizar la crisis climática y, lo que es más importante, salvar vidas”.