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Ecología

El misterioso y colorido mundo de los hongos

Texto y fotos: Javier A. Pinzón

Los hongos no solo son hermosos y divertidos, pues su curiosa estructura resguarda una extraordinaria capacidad para adaptarse a cualquier medio: están en los bosques y en las grandes urbes, en el agua y en la tierra, en la piel y el cabello; pero también en metales, vidrio, tela, papel y, literalmente, en cualquier lugar del globo terráqueo.

Estos curiosos seres juegan un papel importante dentro los ciclos naturales, ya que al ser descomponedores, transforman la materia muerta en desechos orgánicos, devolviendo así al medio ambiente sustancias asimilables para plantas y animales, propiciando de esa forma el flujo de energía de los ecosistemas naturales. Son los únicos capaces de degradar la lignina, componente fundamental de la madera.

Los hongos jugaron un papel muy importante en la evolución terrestre de las plantas, debido a su capacidad para desarrollar relaciones simbióticas (dependencia cercana y persistente entre dos organismos de distintas especies) con las raíces de las plantas. Este vínculo comenzó hace unos quinientos millones de años y se calcula que el 95% de las plantas vasculares poseen micorrizas (hongo asociado a las raíces de las plantas), sin las cuales la vida sobre la Tierra tal como la conocemos sería imposible.

También hay hongos que forman relaciones mutualistas (interacción entre distintas especies en donde todos se benefician). Una de ellas es la que han establecido con las hormigas cultivadoras de hongos, las cuales lo “siembran” para utilizarlo como alimento. Otras asociaciones son las que han establecido con los herbívoros para digerir la celulosa, así como con larvas de insectos acuáticos y crustáceos marinos.

Hay otros hongos aún más especializados: los que atacan a los insectos que viven enterrados en el suelo. Los insectos que se ven infectados, abandonan sus tradicionales madrigueras y suben a los árboles, donde se fijan hasta morir cubiertos por millones de esporas, que luego se dispersan por el viento y el agua.

Existen otros que literalmente atrapan a su presa. Estos utilizan su forma de bastones pegajosos como trampas para atrapar a pequeños gusanos a los cuales se adhieren fuertemente. Cuanto más se mueva el gusano para defenderse más bastones se pegarán a su superficie hasta inmovilizarlo por completo. Después los hongos crecerán en su interior y se alimentarán de su “hospedero”.

De villanos a héroes

Los hongos son implacables descomponedores de materia orgánica en la naturaleza, pero esta actividad no siempre es deseable para el ser humano. Es lo que ocurre en la conservación de manuscritos antiguos o libros de importancia en las bibliotecas, donde es necesario mantener la humedad baja para evitar su proliferación. En nuestra casa los podemos ver en acción en el moho, que no es sino el crecimiento de diversos tipos de hongos. Su medio propicio es la humedad y ganan espacio en paredes, techos, muebles e incluso en la ropa si permanece húmeda mucho tiempo.

Otra de sus capacidades es la patogénica, con la cual pueden atacar vegetales cultivados o almacenados, generando millones de pérdidas. Estos organismos fitopatógenos, microscópicos, adquieren su alimento a través de una planta hospedera, provocando su marchitamiento si no es controlado de forma adecuada, como es el caso de la roya del café, una de las siete enfermedades de plantas que han dejado mayores pérdidas en los últimos cien años. Basta con decir que las pérdidas para América Latina se calculan en un 30% de la cosecha.

También hay hongos que atacan al ser humano y pueden causar alergias, infecciones e intoxicaciones. Las infecciones con hongos producen micosis superficiales o profundas y tienen la capacidad de penetrar la piel sana y destruir los tejidos mediante enzimas como la queratinaza. Las alergias por hongos son causadas debido a una reacción de hipersensibilidad del humano hacia esporas o fragmentos de hifas.

Pero no todos son villanos. Otros tipos de hongos también juegan el papel de héroes. Por ejemplo, los que producen antibióticos. El primero, más perfecto y reconocido de todos es la penicilina. Su descubridor, Alexander Fleming, observó cómo el hongo Penicillium notatum producía “algo” capaz de matar las bacterias. Este antibiótico ha salvado millones de vidas humanas. Hay otros tipos de hongos que producen gran variedad de productos útiles en la medicina y la industria, como son las vitaminas, enzimas, sustitutos de plasma, aceleradores de la cicatrización, anticancerígenos, polisacáridos, ácidos orgánicos y muchos más.

En la industria alimentaria pueden ser utilizados en programas de control de plagas, aprovechando lo que en ciertas circunstancias sería una propiedad nociva: su capacidad patógena. Están también los hongos que infectan insectos o atrapan nematodos, así como los que pueden controlar a los hongos fitopatógenos que atacan a las plantas.

Los hongos también son fuente de alimento para el ser humano. Los champiñones son exquisitos y las trufas y setas son un producto muy apetecido en los delicatesen. Y existen otras formas en las cuales estos seres enriquecen nuestra vida, pues ¿qué sería de nuestras mañanas sin el pan, elaborado con la levadura (un tipo de hongo)? O ¿qué dirían los amantes de un buen vino o una cerveza, sin el necesario hongo en el proceso de fermentación? También están muchos otros alimentos que requieren procesos fermentativos, como el yogurt, el kumis y algunos productos elaborados a base de carne, como salchichas, salamis, chorizos y pepperoni.

Los hongos no son ni plantas ni animales, pero sin duda son parte esencial de nuestras vidas, ya sea como héroes o como villanos.