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Ecología

El agua, un clamor silencioso

Muchos ecosistemas del mundo claman de manera silenciosa por ayuda, pues el agua está en peligro. Los glaciares —que cubren un 10% de la Tierra y acumulan más del 75% del agua dulce—, están en retroceso y cerca de 1.200 millones de personas viven en áreas de escasez física de agua.

Texto y fotos de Javier A. Pinzón

El agua —ese líquido incoloro, inodoro e insípido que recorre todos los ecosistemas del mundo— proporciona vida a su paso. A veces silenciosa, se desliza del hielo a los ríos; otras, de forma ruidosa y estremecedora, cae montaña abajo o se agiliza en los rápidos.

Hoy, sin embargo, el agua está en crisis y por ello muchos ecosistemas claman de manera silenciosa por ayuda. Los glaciares, que cubren un 10% de la Tierra y acumulan más del 75% del agua dulce del mundo, están en retroceso. Un estudio realizado en Alaska por el geólogo Bruce Molnia demuestra que, desde mediados del siglo XIX, el 99% de los glaciares se ha reducido considerablemente. Por ejemplo, desde 1941 el glaciar Muir ha retrocedido más de 3.2 kilómetros y su espesor se ha reducido en más de cuatrocientos metros. Por otra parte, según Simon Cook, profesor de la Universidad Metropolitana de Manchester (Reino Unido), los glaciares bolivianos han perdido el 43% de su masa. Y no solo las comunidades bolivianas próximas a la masa glaciar utilizan el agua del deshielo para el consumo humano, el riego y la energía hidroeléctrica; también grandes ciudades como La Paz y El Alto beben de la misma fuente.

 

Los páramos de los altos Andes tropicales no están siendo cuidados como se debería, aunque proveen de agua dulce tanto a las poblaciones como a los embalses que producen energía. Estas fábricas de agua, donde la niebla es la protagonista, se están perdiendo. Al respecto, Wouter Buytaert, especialista en aguas andinas de la Universidad Imperial College de Londres, ha establecido que las ciudades de los Andes enfrentarán enormes presiones por el agua, y Bogotá, Quito y Cuenca serán algunas de las más vulnerables.

A pesar de que el 70% del planeta está cubierto de agua, solo el 0.03% es accesible y se puede usar para beber. No es gratuito que 4.5 millones de personas carezcan de los servicios de saneamiento y 2.1 billones no tienen acceso a servicios de agua potable gestionados de manera segura, según indica la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de ser un recurso vital y tan escaso, la UNESCO detectó que el 80% de las aguas residuales retornan al ecosistema sin ser tratadas o reutilizadas.

La presión que estamos ejerciendo sobre los ecosistemas es enorme. La OMS informa que cuatro de cada diez personas están afectadas por la escasez. Cerca de 1.200 millones de personas —casi una quinta parte de la población mundial— vive en áreas de escasez física de agua, mientras que quinientos millones se aproximan a esta situación; otros 1.600 millones —alrededor de un cuarto de la población mundial— se enfrentan a situaciones de escasez económica de agua, donde los países carecen de la infraestructura necesaria para transportar el agua desde ríos y acuíferos.

Algunas cifras de The Nature Conservancy nos dejan perplejos frente al uso que le damos al agua: un estadounidense promedio usa 32.900 vasos de agua por día, de los cuales solo el 10% es para los quehaceres diarios como beber, cocinar y lavar. El resto se gasta produciendo su comida, su ropa y la energía que consume. Efectivamente, se necesitan 46.400 vasos de agua para producir el algodón necesario con el que se fabrica un par de pantalones, 20.800 vasos para producir la carne de una hamburguesa y de 4.800 a 16.000 vasos para mantener encendida una luz de 100 vatios durante una semana.

En 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho de todos los seres humanos a tener acceso a una cantidad de agua suficiente para el uso doméstico y personal (entre cincuenta y cien litros diarios por persona) y que sea segura, aceptable y asequible. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de 1977 fue el primer intento amplio de abordar el tema, y con el Decenio Internacional de Acción “Agua para la Vida” 2005-2015 se logró que 1.3 billones de personas en los países en desarrollo tuvieran acceso al agua potable y se impulsó el proceso en materia de saneamiento como parte del esfuerzo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Este año comenzará el Decenio Internacional para la Acción “Agua para el Desarrollo Sostenible”, en el Día Mundial del Agua: el 22 de marzo de 2018.

También hay muchas organizaciones y ONG comprometidas con este recurso. The Nature Conservancy, organización que lleva sesenta años ayudando a proteger el agua, tiene a más de cuatrocientos expertos trabajando en más de cien proyectos en 35 países. Uno de ellos es la Alianza para el Gobierno Abierto (OGP, por sus siglas en inglés), que ha propiciado el diálogo y el trabajo conjunto entre los Estados y los actores no estatales —particularmente las organizaciones de la sociedad civil— para fortalecer el acceso a la información, la transparencia, la participación y la rendición de cuentas como principios fundamentales para la profundización y estabilidad de las democracias. Los planes de acción, en el marco de la OGP, ofrecen una oportunidad y un instrumento concreto para avanzar con el involucramiento y la participación de la ciudadanía en la implementación del derecho humano al agua y en políticas públicas tendientes al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la adaptación efectiva al cambio climático.

Este año, en su Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos, la UNESCO y la ONU-Agua abogan por una solución basada en la naturaleza. Gilbert Houngbo, presidente de ONU-Agua y del Fondo Internacional para el Desarrollo de la Agricultura, afirma que “hemos usado durante mucho tiempo la infraestructura construida o ‘gris’ para mejorar la gestión de los recursos hídricos”, dejando de lado el conocimiento tradicional e indígena, que adopta enfoques más ecológicos. Por tal razón, se necesitan soluciones nuevas de gestión de los recursos hídricos para contrarrestar los nuevos desafíos en materia de seguridad del agua. “Si no actuamos ya, de aquí a 2050 cerca de 5.000 millones de personas vivirán en zonas con escasez de agua”, advirtió Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO.

Todo este movimiento mundial representa un despertar de la ecología, del uso de la naturaleza y el uso de infraestructuras “verdes”, en oposición a las “grises”, para mejorar la gestión del agua. Es fundamental preservar la función que desempeñan los ecosistemas en lugar de la ingeniería civil. Ya existen muchos ejemplos de estas soluciones “verdes”: en las ciudades vemos cada vez más techos verdes y fachadas vegetales. En Nueva York, por ejemplo, se protegen las tres cuencas hidrológicas que la abastecen. La ciudad, que dispone ahora de la mayor fuente de agua no filtrada de Estados Unidos, ahorra así más de trescientos millones de dólares anuales en costos de funcionamiento y mantenimiento de su sistema de tratamiento de aguas.

Otro ejemplo del uso de los ecosistemas ocurrió en Rajastán (India), que vivió uno de los episodios de sequía más graves de su historia en 1986. En los años que siguieron a esa catástrofe, una ONG creó, con ayuda de los habitantes, estructuras para recolectar el agua y regenerar parte de los suelos y los bosques de la región. Como resultado, la cobertura forestal aumentó en más del 30%, el nivel de los manantiales subterráneos subió varios metros y la productividad de las tierras cultivables mejoró. Hay muchos ejemplos más de esta tecnología verde: Madagascar desarrollo un sistema de intensificación del arroz y en China se están creando las primeras “ciudades esponja”, con el objetivo de reciclar el 70% del agua lluvia mediante suelos más permeables.

Los humedales, que cubren únicamente el 2,6% del planeta, desempeñan un papel hidrológico de primer orden: tienen un impacto directo sobre la calidad del agua y actúan como filtros para retener algunas sustancias tóxicas derivadas de los pesticidas, los desechos industriales o la actividad minera, además de servir como barreras y esponjas que ayudan a prevenir el impacto de catástrofes naturales. En algunas regiones se han recreado zonas húmedas para tratar, al menos parcialmente, las aguas usadas de origen industrial; en otras, como en Chile y el estado de Luisiana, se están preservando y restaurando sus humedales costeros, para evitar o limitar el impacto de ciertas catástrofes naturales.

El Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas aboga por un reequilibrio entre ambos enfoques y recalca que las soluciones basadas en la naturaleza se inscriben de lleno en los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por las Naciones Unidas en 2015. Todavía hay mucho que hacer, pero, como dijo Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas, aún hay suficiente agua para todos nosotros, pero solo si la mantenemos limpia, la usamos con prudencia y la compartimos equitativamente.