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Destino México

El agua es reina y señora en Centla

La zona pantanosa de Centla, en la costa norte del estado mexicano de Tabasco, representa uno de los escenarios acuíferos más ricos y caudalosos de México y Mesoamérica. Panorama de las Américas la recorre, descubriendo este espacio lleno de vida natural que, por añadidura, sirvió de marco para algunos de los eventos históricos más relevantes en la historia de las Américas.

Por Juan Abelardo Carles R.
Fotos: Carlos Gómez

Cruzan el área los ríos Usumacinta, San Pedro, San Pablo y sus tributarios. Las lagunas que destacan por su tamaño son El Viento, San Pedrito, Pajaral Primero, Pajaral Segundo, Sargazal, Tronconada, Cometa, Encantadita, San Isidro, Larga, El Quemado, Los ídolos, Tacual, Guana, Contemo, Paquial, Corcovado, La Puerta, Clara, Pastal y Puerto Escondido.

Si hay un lugar en el que se puede testificar la riqueza acuífera de Tabasco, y de México es en los manglares de Centla. Lo notas casi apenas dejas la cercana Villahermosa y subes por la carretera 180 hacia la costa caribeña del estado mexicano. Las jugosas pasturas, que no son más que esteros recientemente sedimentados, van intercalándose y dando paso a los terrenos anegadizos de Centla, de los que, poco a poco, surgen también los mangles blancos (Laguncularia racemosa), acompañados de otros árboles y arbustos, como el mucal (Dalbergia browneii), la majagua (Hibiscus tiliaceus), el sibil (Malvaviscus sp.), el plátano falso (Conocarpus erectus), el amarillo (Annona glabra), el musté (Clerodendrum ligustrinum) y el julube (Bravaisia integerrima), todo cubierto por velos de enredaderas y matorrales.

Se trata del primer acorde en un canon natural, el primer tono y tejido de un mullido edredón verde que cubre más de 300.000 hectáreas, y sirve de vestíbulo vivo para que los ríos Grijalba y Usumacinta, unidos en un gigantesco delta, encuentren las aguas del Mar Caribe. Sin embargo, este remanso de paz ha tenido episodios turbulentos para la historia de México y las Américas. El mismo muro de verdes, aparentemente impenetrable, que veo pasar desde mi vehículo, lo vio Hernán Cortés junto a sus hombres desde el azul del Caribe, en 1519. Cerca de aquí intentó desembarcar el conquistador español. Tabascoop, señor maya de Potonchán, convocó a sus huestes para impedir el desembarco, pero fue derrotado. El gobernante indígena ofreció, entre otros tributos de reparación, a una esclava náhualt, Malintzin, que inflamó la codicia de Cortés cuando le habló de la riqueza que había, tierras arriba, en el Valle del Anáhuac, desde donde Tenochtitlán, la luminosa, señoreaba sobre el único Mundo.

Cortés partió de aquí, en un periplo cuya conclusión todos sabemos. Mientras tanto, Centla quedó en un sopor tropical en el que ha permanecido, más o menos, hasta nuestros días. Tras recorrer cerca de ochenta kilómetros de la 180, cruzamos el puente Enrique González Pedrero, sobre el río Grijalva y tornamos de inmediato a la derecha, siguiendo el cauce del río. En menos de diez minutos nos topamos con la Uyojot Ja’ (Casa del Agua), centro administrativo e interpretativo de la Reserva de la Biósfera Pantanos de Centla.

El complejo consta de cinco pabellones levantados sobre palafitos y divididos en espacios de exposición que versan sobre los ecosistemas terrestres y el impacto del hombre en ellos. Además, hay talleres, auditorios y plataformas de observación. El epítome de Uyojot Ja’ es su alta torre de observación, que permite ver, hacia el sur, la conjunción de los ríos Grijalva, Usumacinta y San Pedrito (aunque este es un brazo del anterior). Todas estas estructuras, inauguradas en 2002, terminan sirviendo de marco y antesala para la extraordinaria manifestación de vida de los manglares.

Al contrario de otros sitios, donde la fauna se oculta del visitante, en Centla pareciera acudir en bienvenida, o al menos permitir con indiferencia que se le contemple. Calculo que son animales largamente protegidos en el entorno de Uyojot Ja’, que ya han perdido mucho del recelo natural hacia el ser humano. Celebro su inocencia, pues me permite disfrutar de un sinfín de formas, colores y cantos.

Centla protege una rica variedad de vertebrados. Tan sólo al asomarse sobre los barandales de la Casa del Agua es posible ver cocodrilos de pantano y tortugas, mientras las iguanas atraviesan con velocidad los senderos. Por no hablar de aves, de las que se aprecia una gran variedad de zancudas. En resumen, aquí es posible ver 39 especies de peces, cincuenta de anfibios y reptiles, sesenta de mamíferos y 125 de aves, predominando los animales acuáticos y semiacuáticos.

El centro de interpretación y los senderos que lo rodean se encuentran en el corazón del pantano, por lo que la flora aquí es más específica que en los bordes de la zona protegida. Aunque ya hay espacios dominados por el mangle rojo (Rhizophora mangle), algunos promontorios ofrecen un respiro a otra especies, como el chelele (Inga spuria), de fruto largo y blanca pulpa, el palo campeche (Haematoxylum campechianum), clave para la riqueza y prosperidad de la región desde tiempos coloniales, y la más destacada: la imponente ceiba, árbol sacro y eje de la cosmovisión maya, cuyas ramas se internan y sostienen el Cielo Elevado (Wakah-Chan), enterrando sus raíces en lo más profundo del Inframundo (Xibalbá). El reino de los hombres sólo puede existir gracias al vigoroso tronco de la ceiba, que separa y sostiene el espacio entre los dominios de los trece dioses celestes y los nueve dioses subterráneos.

Pero la experiencia de Centla no puede quedar en la caminata por los senderos demarcados alrededor de Uyojot Ja’. Hay que acompasarse con el ritmo y vaivén de sus aguas salobres, nivelar los ojos a la altura de su lechoso espejo líquido. Cómo hacerlo depende del tiempo con el que se cuente para recorrer los pantanos: bien puede ser en lancha con motor fuera de borda, para cubrir más extensión, o en kayaks y canoas tradicionales (durante la temporada seca), más lentos, pero que permiten observar el pantano a su propio son. Nosotros escogimos algo así como un punto medio, usando lancha de motor, pero deteniéndonos por largos períodos.

Es la única forma de compenetrarse con ese “silencio”, lleno de ruidosa vida que sólo se manifiesta en un refugio natural. Se descubren, sobre todo, innumerables aves zancudas, residentes o migratorias, que anidan en los árboles y se empachan de insectos, pequeños reptiles y moluscos que deambulan en los lodazales nutritivos del lecho pantanoso. Elegantes garzas tigre (Tigrisoma mexicanum) y blancas (Ardea alba), robustos martines pescadores en apareo (Ceryle torquata) e íbices (Eudocimus albus), por nombrar los más vistosos que se cruzaron a nuestro paso. Pero Centla es hogar para muchas especies aladas más, como el carao (Aramus guarauna), aura sabanera (Cathartes burrovianus), milano caracolero (Rostrhamus sociabilis), halcón aleto (Falco femoralis), halcón esmerejón (Falco columbarius) y el halcón peregrino (Falco peregrinus), por nombrar algunos, que dominan su dosel de ramas y sus cielos.

Abordamos una lancha de la Cooperativa de Servicios Turísticos Boca de Tres Brazos; una de las agrupaciones comunitarias que atiende el turismo en la zona de Centla. La población de la región ronda las 15.000 almas, más que todo mestizos y grupos originarios chontales y mayas, cuya fuente de subsistencia principal es la pesca, la agricultura y el trabajo jornal. Sin embargo, desde que Centla fue declarada zona protegida, en 1992, el sector de servicios turísticos se ha fortalecido, complementando la economía local. El recorrido termina en el Mercado Campesino de Frontera.

Ha sido una jornada mágica, durante la que hemos sentido los olores intensos, minerales y, hasta cierto punto, fermentados del pantano, escuchando y viendo a sus habitantes, actores de este interminable ciclo de nacimiento, crecimiento, decadencia, muerte y resurrección que tan bien se constata en los dominios de Centla, disputados siempre por la tierra, el río y el mar. La expedición nos abre el apetito para degustar el famoso ceviche de róbalo, típico del pueblo de Frontera, así como un bufet de platillos hechos con pejelagarto, protagonista de gran parte de la gastronomía regional.

 


Tome nota

Desde Norte, Centro, Suramérica y el Caribe, Copa Airlines le ofrece tres vuelos semanales a Villahermosa (México), a través del Hub de las Américas, en Ciudad de Panamá. Desde Villahermosa, capital tabasqueña, tome la carretera 180 hacia el pueblo de Frontera. Luego de atravesar el puente Enrique González Pedrero, gire al sur por la carretera a Mariche de Morfín. El centro de interpretación Casa de Agua se encuentra a doce kilómetros desde el puente.