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Eduardo Kobra: de las calles a las galerías

Niño de barrio marginal, transgresor de paredes, respetado y aplaudido internacionalmente, Kobra es un artista sensible, talentoso y dueño de un estilo único.

Destacados

  • Pasó de reproducir imágenes del São Paulo antiguo a ser un admirado muralista internacional, con obras en veinte países.
  • Tiene un Récord Guinness por la obra “Etnias”, el mayor mural de pintura en aerosol realizado en equipo.
  • Para celebrar sus tres décadas de carrera, convirtió un bus en la Galería Circular, que llevó fotos de sus obras a varios puntos de São Paulo.

Por Ricardo Viveiros (ABCA-AICA)

Fotos: Mari Souza, Alan Texeira y otros

Tal como una red social, el grafiti es un significativo y creciente canal donde la juventud comunica sus críticas a la sociedad. El gran crecimiento del grafiti se dio en el auge de la llamada contracultura, al final de los años 60 en Europa y Estados Unidos. De letras, palabras o frases a grandes murales, el camino fue corto. En Brasil, el grafiti apareció a mediados de los años 70, y rápidamente desarrolló un estilo propio. Entre los artistas más conocidos está Eduardo Kobra, a quien Panorama de las Américas entrevistó en exclusiva.

¿Cómo fue el proceso de pintor espontáneo a artista reconocido?

No fue un proceso rápido: tres décadas de constante y arduo trabajo creativo, para llegar a la legalidad del arte mural, invitado y autorizado por los propietarios. Sucedió de manera natural, espontánea e intuitiva. A los ocho años comencé a interesarme por la pintura. A los doce ya pintarrajeaba las paredes y unas tres veces me detuvo la policía. Experimenté la intolerancia y el desprecio social, lo que no impidió que mi nombre inundara São Paulo. 

Transité por varios movimientos del arte urbano: desde la ilegalidad de la “pichação” [tipografía que imita las runas, típica de grafiteros de São Paulo y Río de Janeiro, que se realiza de manera clandestina en áreas altas y de difícil acceso] y del grafiti espontáneo, a murales con perspectiva y escenas urbanas antiguas en blanco y negro. Me aventuré en mis relecturas, que gradualmente fueron ganando el color y la vivacidad del grafiti.

¿Cómo encaja su arte en la transición arquitectónica de las grandes ciudades?

Además de asuntos técnicos como el estado de la edificación y la incidencia del sol, al proyectar una obra contemplo factores históricos, sociales y culturales de la ciudad con una preocupación por la arquitectura y la preservación del patrimonio histórico y cultural.

¿El transeúnte frenético sí logra apreciar su mensaje?

Un mural urbano no es una obra de un artista, es de los transeúntes; debe conversar con sus creencias y pensamientos. El arte urbano ayuda a desacelerar, para contemplar. Las ciudades no son solo estrés y contaminación: hay jardines, pájaros, personas, sentimientos. Creo que estamos aprendiendo a ver el mundo de otra forma.

https://www.rom.on.ca/en

¿Cómo maneja el carácter comercial de las marcas que lo contratan?

Así como montar una pieza de teatro, una película o un espectáculo musical, un mural de grandes dimensiones necesita apoyo. Así que acepto pintar para una marca siempre que respete mis conceptos y principios, y el mensaje dialogue con lo que creo.

¿Y cómo fue que llegó a las galerías?

No lo busqué. Surgió con la construcción de mi trayectoria. Nací pobre y con poco acceso a la cultura. Tuve que aprender a vivir con los contrastes. Disfruto un hotel cinco estrellas, pero he dormido en el asfalto por cuestiones de trabajo. En algunos viajes, me quedé sin dinero para comer y he tenido dificultades para comprar tinta; pero el arte es mi vida: seguiré escalando andamios hasta que mis piernas me lo permitan.

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