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Vistas de Panama

Defender a Portobelo

La ruta comercial que atraviesa la parte más delgada del istmo centroamericano funciona al menos desde hace medio milenio y fue víctima de ataques de piratas durante la colonia. El sistema defensivo que se levantó en Portobelo es hoy un testimonio pétreo de los enfrentamientos que hubo entre las potencias europeas por el control de las riquezas que pasaban por aquí.

Por Redacción Panorama de las Américas
Fotos: Carlos Gómez

Desde lo alto de una colina, recostado sobre un cañón original del siglo XVII, diviso la hermosa Bahía de Portobelo. Desde aquí puedo imaginar el turbulento pasado que agitó estas tranquilas aguas que hoy lucen como un espejo. Corría el año 1606 y España, la mayor potencia del mundo, tenía en este pueblo, hoy perdido en el Caribe panameño, su corazón comercial. Otros reinos europeos ansiaban arrebatarle no sólo los tesoros que venían del imperio Inca sino, sobre todo, la razón de su poderío: el control de la estrecha cintura que comunica el Atlántico con el recién descubierto Mar del Sur, y con ello el acceso al resto de América.

El enorme comercio entre la península Ibérica y las Indias Occidentales tenía un momento culminante cuando se realizaban las Ferias de Portobelo, durante las cuales llegaban los comerciantes españoles con productos procedentes de Europa y los subastaban en la plaza pública, mientras cargaban los barcos con todas las riquezas extraídas de América. Las ferias se realizaron desde 1544 hasta 1597 en Nombre de Dios, pero en 1606 fueron trasladadas a Portobelo, dado que su bahía permitía fondear muchos más barcos y tenía una forma geográfica más viable desde el punto de vista defensivo.

Puedo imaginar a los funcionarios agitados, sudorosos, pesando la plata y el oro en la Casa de la Aduana, el mercado público donde los esclavos atemorizados e indefensos eran exhibidos como mercancía y a los mayoristas buscando un mejor precio. Los oficiales reales supervisaban el volumen y el valor de las mercancías, y registraban los intercambios para evitar fraudes fiscales.

Pero mientras todo esto se cocinaba bajo al ardiente sol tropical, muy cerca de allí, en mar abierto, piratas, bucaneros y corsarios de Inglaterra, Holanda, Francia y Alemania codiciaban estas riquezas y preparaban ataques, en ocasiones a nombre propio y otras veces patrocinados por sus países. Las tranquilas aguas aún se posan como una sábana sobre decenas de embarcaciones hundidas que esconden este turbulento pasado.

Por ello, no es extraño que los españoles llamaran a sus mejores ingenieros para construir fortificaciones que protegieran la ciudad. Hasta 1739, cuando las ferias comenzaron a decaer, Portobelo fue atacado ferozmente, y los fuertes, destruidos, reconstruidos y modificados docenas de veces.

Sobre las aguas, y rodeando todo el litoral portobeleño, se descubren las fortificaciones: el fuerte Santiago de la Gloria, las baterías baja (San Fernando) y la alta (San Fernandino), el Castillo San Felipe de Todofierro, el Fuerte San Jerónimo, el Fuerte Farnesio y las defensas de Buenaventura. Algunas de estas fortificaciones perduran casi completas, de otras sólo quedan trozos de piedras; pero todas son testimonio de una época en que Portobelo fue la capital comercial del mundo.

Fuerte San Fernando

Está compuesto por tres edificaciones. La batería baja fue construida en 1760 por Ignacio Sala, al igual que la reconstrucción del fuerte Santiago de la Gloria. Ambos actuaban de forma convergente, concentrando sus cañones hacia la entrada de la bahía. Subiendo el cerro adyacente, se encuentra la batería alta San Fernandino, equipada con varios cañones, con facilidades para guardar pólvora y cuya altura permite avistar embarcaciones. Además, tenía un horno para calentar pólvora o cocinar, y un pozo para recolectar agua de lluvia. Subiendo el sendero, detrás de la batería alta, se encuentra la Casa-Mata, o Casa-Fuerte, rodeada por un foso y donde también se guardaba pólvora y agua.

Fuerte Santiago de la Gloria

Uno de los dos primeros fuertes construidos en Portobelo, conocido originalmente como el Castillo Santiago, fue construido a principios del siglo XVII por el arquitecto Bautista Antonelli. Al edificio original se le llama “El Peñón”, porque las ruinas sobrevivientes parecen una enorme piedra, hoy cubierta de malezas. Tras el ataque del almirante inglés Edward Vernon, en 1739, se replanteó el sistema defensivo de la ciudad, así que en 1753 lo mudaron y reconstruyeron, y lo llamaron fuerte Santiago de la Gloria. En sus dos versiones, estaba diseñado para funcionar como portero, cerciorándose de que entrara mercancía y no piratas. Su segunda manifestación tenía dos filas de cañones, un gran depósito de pólvora y varios cuarteles.

Fuerte de San Jerónimo

Muy cerca de la célebre Aduana de Portobelo está el fuerte de San Jerónimo. En 1601, cuando el corsario William Parker sorteó fácilmente las defensas de San Felipe y Santiago de la Gloria, muy lejos una de la otra, y capturó a la población, se hizo evidente la necesidad de levantar otro fuerte en el litoral de Portobelo. Así surgió San Jerónimo, primero sobre un islote frente a la costa, luego tras un relleno, como un reducto proyectado en 1620 por el arquitecto Cristóbal de Roda y, finalmente, como un fuerte, construido entre 1658 y 1663. En 1753 la Corona española envió a Portobelo al ingeniero militar Ignacio Sala para rehacer las defensas. Al fuerte San Gerónimo se le agregó un terraplén que lo conectaba con tierra firme, sobre el cual delinearon las paredes con cañones que apuntaban hacia la bahía, dándole el aspecto que hoy conocemos.

Fuerte Farnesio

Junto a los fuertes más grandes, fueron construidas otras defensas menores para complementar la fortificación de la bahía. Antes de entrar a Portobelo, cerca de Santiago de la Gloria, se halla el fuerte Farnesio. Construido en 1726, Farnesio fue pensado como una estructura temporal que precediera a otro castillo más grande, el cual debía comenzar a ser levantado en 1731, pero nunca fue puesto en marcha. Tenía apenas tres cañones y debía apoyar el poder de fuego de San Fernando y San Felipe de Todofierro, ubicados frente a él, al otro lado de la bahía.

Las Defensas de Buenaventura

Cumplían la misma función defensiva complementaria del Farnesio y estaban localizadas detrás de éste, subiendo una pendiente, en el patio de una residencia privada. En los mapas históricos realizados por Agustín Crame y Juan de Herrera en el siglo XVIII, Buenaventura hace parte de las fortificaciones de Portobelo. Los tres cañones de las defensas aprovechaban la inclinación de la montaña para reforzar la protección de Portobelo, que hacía poco había sido saqueada por Edward Vernon. Hoy día, de las ruinas nada más se alcanza a ver una pared, parcialmente devorada por malezas y maltratada por la erosión y el tiempo.

Castillo San Felipe de Todofierro

Fue uno de los dos fuertes propuestos por Bautista Antonelli con motivo de la fundación de Portobelo, en 1597. Localizado en la punta norte de la bahía de Portobelo, cuidaba su entrada junto con el Santiago de la Gloria original. La arquitectura del Todofierro es de tipo medieval, siendo una de las defensas más antiguas de Portobelo. La distancia probó ser el fallo del Castillo San Felipe, pues durante varios ataques se volvió inútil apenas los piratas entraron a la bahía. En 1739 el castillo fue tomado y desmantelado por el almirante Edward Vernon. Los ingenieros Ignacio Sala y Manuel Hernández utilizaron los restos para construir las baterías alta y baja de San Fernando.

A la espera

Se están haciendo trabajos de restauración en el fuerte Santiago de la Gloria. Otras edificaciones como la Aduana, el fuerte San Jerónimo, el Almacén de Pólvora, el Monte Carmelo, el Baluarte de San Cristóbal, la Iglesia de San Juan de Dios, las defensas de Buenaventura y los puentes coloniales de arco, con más de cuatrocientos años de historia, están a la espera de atención estatal.

Alfredo Castillero Calvo

Para la producción de este reportaje, Panorama de las Américas contó con la orientación, documentación y apoyo de Alfredo Castillero Calvo, sin duda el historiador panameño más relevante en la actualidad. Graduado en Historia y Filosofía por la Universidad de Panamá, y doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid, Castillero es estudioso y autor prolífico, cuya nutrida bibliografía incluye trabajos como Arquitectura, urbanismo y sociedad: La vivienda colonial en Panamá (1994), Cultura alimentaria y globalización, Panamá, Siglos XVI-XXI (2010), El descubrimiento del Pacífico y Los orígenes de la globalización: Panamá historia contemporánea (2013). Es catedrático en la Universidad de Panamá y profesor visitante en varias universidades de primera categoría.