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Vistas de Panama

De vuelta a la tierra

A medida que las ciudades crecen, más y más personas regresan a sus patios para poblarlos con algo más que césped ornamental. Ya sea por conciencia ecológica o curiosidad, los huertos urbanos toman fuerza entre quienes nunca se habían dedicado a la agricultura.

Por Ana Teresa Benjamín
Fotos: Carlos E. Gómez

Lo de John Douglas fue pura casualidad y ahora verá usted por qué. Hace doce años, en medio del dolor intestinal que le produjo un zarpazo al corazón, sin más protocolo que la rabia y la indignación, abandonó aquel país del norte de más de siete millones de kilómetros cuadrados porque se le había quedado chico ante la posibilidad ingrata del reencuentro.

Lo hizo de la mano de los Cuerpos de Paz. Así fue como terminó en Panamá. Seis años después ya se sentía tan a gusto entre el verde húmedo istmeño que compró diez hectáreas de terreno en un sitio con un nombre de cuento: Churuquita Grande. Hoy, John Douglas es feliz en medio de los naranjos y los mangos; entre el palo de guanábana y los plátanos; con los frijoles, los cultivos de lechuga, el tomate, la manzana de agua, las berenjenas, el balo y los limoneros; la yerbabuena, el guineo chino, los ajíes, el aguacatero y el maracuyá…

“Es mi hobby”, cuenta ahora, bajo la sombra de una cerca viva. John vive muy cerca del río Zaratí, en Penonomé. Tiene como mano derecha a Marcelino, la compañía de dos perros y mucha flojera. Por eso su finca se llama Los Perezosos.

Quizás haya sido para sacudirse los gritos del pasado o la histeria del amor, cómo saberlo. Quizá fue naciéndole por simple y llana curiosidad. Tal vez encontró encanto en eso de entenderse con la tierra madre. Tal vez fueron todas las razones… Lo cierto es que John decidió, hace ya más de un lustro, que iba a dedicarse a sembrar, a observar y a esperar los frutos, y todo lo cuenta con ese español atropellado de gringo, mientras camina parsimonioso por su finca en apariencia caótica pero estrictamente planificada, gracias a los conocimientos sobre permacultura que ha adquirido con los años.

Pero, ¿qué es la permacultura?

Es más que sembrar de forma ecológica. Es un sistema de vida con principios éticos establecidos respecto a temas de administración de tierra, finanzas, gobernación comunitaria, educación, tecnología y hasta métodos de construcción.

En el tema de administración de tierra y naturaleza, por ejemplo, propone los huertos bio-intensivos, la conservación de semillas y los bosques comestibles. En el tema de educación se inclina hacia la educación en casa y en el tema de salud, por el parto natural, la medicina complementaria y la muerte digna. En cuanto a finanzas y uso de tierra, promueve los sistemas monetarios locales, los mercadillos de agricultores, el comercio justo y la creación de eco-aldeas.

Dicho corto, es un concepto acuñado en 1978 por los australianos Bill Millinson y David Holmgren que implica “voltear la paila”. Es una tendencia que ha tomado fuerza debido a la factura que en los últimos años nos ha presentado la naturaleza y cuya vertiente más popular es la relación del hombre con la tierra a escala micro: la posibilidad de volver a inclinarse sobre un suelo trabajado sin agroquímicos ni pesticidas, para sembrar allí las frutas u hortalizas para consumo personal familiar o comunitario.

“El hombre está entendiendo la importancia de la tierra… Está entendiendo que la mejor respuesta de su existencia la da el propio planeta y que nada es superior a un cultivo natural, a un rayo de sol o a una orquídea salvaje”, asegura Víctor Vallejo Mateo, responsable de El Huerto en tu Casa, en Facebook.

Según las últimas estadísticas, el sitio supera ya los 12.300 miembros. ¿Y qué se ofrece allí? “Darle una panorámica a las personas sobre los beneficios de la convivencia con la naturaleza, la belleza de las plantas y la relación de los seres vivos entre sí”, explica Vallejo Mateo. “Es ir sembrando conciencia por las cosas sencillas y vitales que nos da la tierra”, agrega.

Los entusiastas miembros del grupo comparten a diario fotografías del trabajo en sus huertos y las cosechan obtenidas: desde papayas y tomatitos cherry hasta calabacines y rosas, y en el camino obtienen información y conocimiento para saber en qué momento, cuándo y qué sembrar, cómo combatir las plagas o cómo preparar composta a partir de desechos naturales, por ejemplo. Culturalmente también es interesante porque, como al sitio se unen personas de todo el mundo, se descubren los nombres o utilidades de un mismo producto en cada país.

Para encontrar el edén

Finca Los Perezosos, Churuquita Grande, Penonomé, Coclé; a unos 120 kilómetros de Ciudad de Panamá. La forma como John Douglas empezó a trabajar su finca despertó burlas y desconfianza, pero seis años después muestra el resultado orgulloso. “Mi prueba de suelo es mi producción”, asegura John. Una producción siempre abundante que se consigue utilizando repelentes naturales (árbol de balo, nim o plantas aromáticas como hierba de limón) y abono compuesto de desechos naturales. “Un suelo limpio significa erosión; un suelo con ‘basura’, más producción”, sentencia.

En Los Perezosos no existe una zona para los cítricos y otra para las hortalizas, por ejemplo. árboles, bejucos y plantas rastreras se siembran juntas, respetando los beneficios mutuos que pueden brindarse y obteniendo así más fortaleza frente a los ataques de insectos y enfermedades. “Las fincas con monocultivos son más propensas al ataque, porque donde ataca a una planta ataca a la otra”, dice John. “Con variedad hay más resistencia y, para combatir las enfermedades, se fortalece el suelo”, añade.

Tan eficiente es su método de cultivo que ni siquiera se preocupa por regar; la humedad del suelo se mantiene con los árboles de sombra y los desechos que pone alrededor de las plantas o como “mesas de cultivo”.

Finca Las Lomas, Pedasí, provincia de Los Santos; a unos 360 kilómetros de Ciudad de Panamá. Lo de Las Lomas fue pura carambola. Un buen día abrió el restaurante Manolo Caracol y, como se sabe, los restaurantes requieren siempre productos frescos para la cocina. Al principio, fue suficiente con visitar los mercados. Luego vinieron los recorridos por las ferias agrícolas para buscar esta fruta o aquella, este vegetal o este otro, huevos de gallina de patio o huevos de codorniz… “Luego abrimos un restaurante en Pedasí y nos dimos cuenta de los productos que había alrededor”, explica Daniel Suaya, uno de los dos socios del local.

Estando allá empezó a cocinarse un sueño: comprar tierra para sembrar. Y los socios adquirieron treinta hectáreas con árboles de guayacán, corotú, espavé, roble, laurel, jobo, cedro espino… “Todo lo que se te ocurra”. Y entre los árboles encontraron monos (aulladores, cariblancos y charros) y en medio de todo sembraron yuca, saril, guineo, papayas, guavas, albahaca…

“Lo que tenemos es una finca orgánica. Es una finca agroturística con senderos… Tengo hasta mi propio trapiche para hacer mi propia miel”, explica Daniel. Y lo que se produce allá se utiliza en la cocina del Casco Viejo donde está Manolo Caracol‚Äï y empezará a utilizarse en otro restaurante inaugurado en Pedasí llamado La Huerta.

La Granja, Cativá, provincia de Colón; a unos 72 kilómetros de Ciudad de Panamá. Empezó como una finca familiar que, con los años, fue abriéndose al público. Con giras agroturísticas y actividades de aventura, La Granja está pensada para enseñarles a los más chicos de dónde vienen los alimentos.

Hay sembradíos de plátanos, yucas y piñas que se abonan con los restos de los animales que allí se crían. De hecho, lo que más abunda son los animales: gallinas, patos, gansos, cerdos, búfalos, vacas, cabras y hasta un burro. De las cabras, por ejemplo, se extrae leche y se producen quesos. De las gallinas se aprovechan los huevos y la carne, y los patos y cerdos son vendidos cuando hay sobrepoblación; lo que a su vez se convierte en fuente de ingresos para la operación autosostenible. Todos los productos son utilizados también en el restaurante de La Granja.

Si lo suyo son las plantas aromáticas o medicinales, allí hay albahaca morada, hierba de limón, orégano y romero. Si está interesado en el composta, allí le enseñan el método con el uso de la lombriz californiana.

Los Perezosos, Las Lomas y La Granja, cada una con su visión y fortalezas, contribuyen no solo al sueño particular de sus fundadores sino a uno más grande y colectivo que, como dice Vallejo Mateo, responde a la necesidad de demostrar “que se puede vivir, alimentarse y reproducirse sin dañar el ecosistema”.

 


Cómo llegar

Finca Los Perezosos: en la comunidad de Churuquita Grande, de Penonomé, a dos horas de camino por la carretera Interamericana desde Ciudad de Panamá. Contacto: John Douglas. Tel. (507) 6001 0410. johnarthurdouglas@yahoo.com

Finca Las Lomas: en la comunidad de Oria, en Pedasí, provincia de Los Santos. A unas cuatro horas de Ciudad de Panamá por la carretera Interamericana hasta la intersección en Divisa. De allí hasta Pedasí son unas tres horas más, hacia el sur. Contactos: Daniel Suaya y Manuel Madueño. manolocaracol1@facebook.com

Finca La Granja: en Cativá, provincia de Colón, a hora y media de Ciudad de Panamá por el Corredor Norte. Tels. (507) 6780 1655 / (507) 6780 1644.

En los tres sitios se ofrece hospedaje.

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