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Personajes

Daniela Vega: La mujer fantástica

Una de las estrellas que participó del IFF Panamá 2018 fue la actriz transgénero chilena Daniela Vega, quien alcanzó la cúspide del cine internacional gracias a su impecable interpretación de Marina Vidal: la protagonista de la cinta Una mujer fantástica, del realizador Sebastián Lelio, que se convirtió en la primera producción chilena en ganar el Premio Óscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa.

Texto y fotos: Roberto Quintero, Latin Stock

Daniela Vega es el nuevo rostro del cine latinoamericano. La actriz transgénero, nacida en Chile, ha cautivado a la crítica especializada y al público de todo el mundo, gracias al gran trabajo de actuación que ofreció como protagonista de Una mujer fantástica. Desde cuando fue estrenada en el Festival Internacional de Cine de Berlín, ganando un Oso de Plata al mejor guion, la película del realizador chileno Sebastián Lelio se convirtió en un verdadero fenómeno cinematográfico que arrasó con los más importantes galardones de cine del mundo, incluyendo un Goya a la Mejor Película Iberoamericana y un Óscar en la categoría de Mejor Película de Habla no Inglesa.

En el filme, Daniela interpreta a Marina Vidal, una joven transexual que se enfrenta a la muerte repentina de Orlando, su pareja, veinte años mayor. Pese al dolor de la pérdida, la familia de él le impide vivir su duelo en paz y la convierte en el blanco de sus reproches, prejuicios y violencia.

En un principio, el papel no estaba pensado para Daniela. En 2014, al cineasta Lelio le recomendaron hablar con ella para que lo asesorara sobre la temática trans para su nueva película. En ese momento, Vega tenía 24 años de edad, trabajaba como peluquera en un salón de belleza y estudiaba canto lírico. Y aunque había actuado en una obra de teatro y una película, tenía poca experiencia frente a las cámaras. Lo cierto es que apenas se conocieron, la relación entre el director y la entonces asesora fluyó muy bien. Y en medio del proceso de armado del guion, él se dio cuenta de que ella debía ser la protagonista de Una mujer fantástica. El resto es historia.

Aprovechamos el paso de Daniela por el Festival Internacional de Cine de Panamá para conversar con ella y conocer más sobre su vida y su valiosa participación en tan exitosa película.

¿Cómo apareció el deseo por la actuación en tu vida, lo has tenido desde siempre o llegó por sorpresa? 

Empecé cantando ópera y terminé actuando para tratar de entenderme a mí misma. Fue como una especie de proceso terapéutico, porque yo hice mi transición de género hace quince años y en ese momento eras tú contra el mundo. Y yo dije: “Lo voy a hacer igual, voy a pagar el costo que sea para poder intentar ser feliz”. Yo tenía catorce años. Entonces, decidí ser artista. Y no para ganar premios o para salir en las portadas de las revistas; decidí ser artista para tratar de sobrevivir. Y por eso digo que soy orgullosamente trans y por eso hago una especie de tejido en el que mezclo lo político con lo artístico. Creo que las generaciones futuras no van a tener ese rollo. Pero mi inicio artístico tiene que ver con intentar entenderme, porque estaba muy perdida en la nebulosa de la incertidumbre. No sabía qué iba a pasar conmigo, no sabía cómo crecer ni cómo abordar mi vida en ese momento. Y el arte significó una especie de antídoto a ese lugar oscuro en el que estaba.

¿Cuál fue el gran reto de construir el personaje de Marina Vidal en Una mujer fantástica? 

Diría que el principal reto fue trabajar con el director y con el resto del equipo, porque era un desafío importante. Yo solo tenía una película previa y era casi desconocida en el mundo del cine internacional. Sebastián Lelio me dio la oportunidad de trabajar con él, y con ello me planteó un desafío: encarar toda la película y lograr que saliera bien. Eso era lo que más me importaba. Hubo escenas particulares que, por supuesto, fueron más difíciles que otras, pero el grueso de la obra era generar un trabajo que, de principio a fin, fuese del gusto del espectador.

¿Sentiste temor de encarar un protagónico? 

Ninguno, le tengo miedo a la muerte y nada más.

Más allá del éxito, ¿cuál fue el impacto de la película en Chile? 

La película ha generado muchísima reflexión al respecto de cómo abordamos la realidad trans y de cómo, abriendo puertas y oportunidades a todas las comunidades, podemos construir una sociedad mejor. Yo creo que la película no pretende entregar ningún mensaje panfletario ni pretende ser política. La película lo que hace es cuestionárselo todo y proponer preguntas: ¿dónde están los límites de la empatía? ¿Qué tipo de amores pueden conquistarse? ¿Qué tipo de cuerpos pueden habitarse? Y cuando uno hace esas preguntas, lo que intenta es que el espectador las responda. Esa es la invitación que le estamos haciendo.

Y al proponer precisamente esa reflexión, Una mujer fantástica se convierte en una película muy política.

Es que el arte es político. El arte no pretende escaparse ni evadir la acción política. El arte, al ser una herramienta de cuestionamiento, lo que hace es traducir ese pensamiento crítico que tenemos para crear nuevas realidades. Yo no me considero activista porque no lo soy. La gente activista está en el Congreso, persiguiendo las leyes y cuestionando a los legisladores; yo lo hago desde el arte. De pronto hay algunos gestos que se pueden interpretar como activistas, pero en realidad el grueso de mi obra tiene que ver más con el arte que con el activismo.

Hace quince años, cuando se pensaba en cine latinoamericano, se hablaba de México, Argentina y Brasil. Y de pronto el cine chileno ha llegado con mucha fuerza y logrando muy buenas películas. ¿A qué crees que se debe? 

Yo diría que es el hambre de creación, porque nosotros no tenemos industria cinematográfica. Lo que tenemos es gente resistiendo, buscando fondos nacionales e internacionales para crear películas que aborden diferentes temas; pero una industria como tal, en Chile no existe. Por esta resistencia de los artistas a crear obras, hay gente que incluso hipoteca la casa para hacer una película. Es muy diferente trabajar de esa manera resistente a ir donde un gran productor y decirle: “Tengo esto, fináncialo”. En Chile no es así. En Chile necesitas muchísima ayuda para poder hacer una película.

El filme ganó muchísimos premios en el mundo; pero siendo un poco farandulero, ¿qué se siente estar en una película que gana el Óscar?

En un inicio, muchísima presión. Porque no es un truco de magia que uno hace “¡pum!” y sale. Hay muchísimo trabajo previo. Presentamos la película en muchas partes del mundo y compartimos con la gente. Yo creo que lo más bonito de este proceso fue haber entendido que el ser humano necesita conectarse con otro ser humano, necesita la compañía de otro ser humano para poder reflexionar sobre lo que nos pasa. Yo creo que todo lo que hemos venido recogiendo desde el estreno, en Berlín, hasta el Óscar ha sido producto de un trabajo de muchísimo cariño, en donde hemos tratado de conectar desde el amor con todas las audiencias del mundo. En español, inglés, alemán, francés, polaco, sueco e italiano, da igual el idioma; siempre hay ánimo de comunicación entre los seres humanos. Entonces, para mí, el hecho de haber sido parte de todo este proceso es nada más que un regalo que viene de algún lugar, y que cuando lo descubra trataré de agradecer.

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