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Destino Colombia

Colombia seduce con su magia salvaje

Más allá de ser cine de entretenimiento, Colombia: magia salvaje es una película que puede ser vista como documental científico y de historia natural, clamor por una cruzada en pro de la protección de los hábitats naturales o campaña de promoción del turismo ecológico de Colombia.

Por Vicky Santana Cortés
Fotos: Cortesía Colombia magia salvaje

No son actores reconocidos, mucho menos celebridades. Quizás entre sus congéneres son apenas uno más de la especie, pero hasta el momento ya están en la memoria de más de dos millones de colombianos que los han visto y se han sorprendido con sus historias. El jaguar, el cóndor, el oso perezoso, el tití cabeciblanco, la anaconda, el colibrí, la rana dorada, el pez arawana y la mariposa morpho son algunos de los protagonistas de Colombia: magia salvaje, una película que, más allá de ser cine de entretenimiento, puede ser vista como documental científico y de historia natural, clamor por una cruzada en pro de la protección de los hábitats naturales o campaña de promoción del turismo ecológico de Colombia.

En solo noventa minutos de duración, la cinta recorre por tierra, mar y aire veinte ecosistemas del país ‚Äïnevados, páramos, piedemontes, sabanas, bosques, selvas, desiertos, litorales, océanos, ríos y pantanos, entre otros‚Äï para mostrar la fauna y flora que albergan.

Se dice que Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad del mundo, después de Brasil. Y en efecto, luego de recorrer 126.864 kilómetros, trabajar en 85 locaciones y filmar 38 especies, los realizadores de la película no dejan al espectador duda alguna de la exuberancia, riqueza natural y belleza de este país suramericano.

El relato de la vida salvaje contiene escenas de gran fuerza y dramatismo: la danza silenciosa del jaguar en busca de su presa; la pelea a muerte de dos colibríes en defensa de su territorio: un campo de flores; o el cocodrilo tras su víctima; pero también de sorprendentes imágenes en cámara lenta como el salto del pez arawana, que desde las aguas de un río impetuoso parece volar para atrapar a su indefensa carnada; la lagartija que se desplaza en largos brincos sobre la superficie del agua para escapar de sus depredadores, o la lengua letal de la rana amarilla ‚Äïuna de las más venenosas del mundo‚Äï cuando atrapa a un insecto que se defiende infligiendo un severo picotazo al ahora sorprendido anfibio.

Son apenas algunas de las escenas que despliega con detalle esta película, como el vuelo imperial del cóndor andino; el imponente silencio de los picos nevados recostados en un cielo profundamente azul, o los páramos y sus frailejones; esos colchones de agua de los que depende su supervivencia y la de las especies animales que lo habitan; y también, por supuesto, la supervivencia de los humanos.

Pero más allá de lo bonito del paisaje y de los recursos naturales de Colombia, la película muestra también dramáticas escenas de destrucción y contaminación; de la caza indiscriminada, de las tierras arrasadas y de las sequías, como un grito angustiante por la salvación de este rincón del mundo que parece ausente o, por lo menos, distraído de lo que aquí ocurre.

La producción

Fueron 150 horas de grabación, mientras el personal soportaba largos y difíciles trayectos, con los pesados equipos en avión, lancha, a lomo de caballo o en hombros. Finalmente el director y productor inglés Mike Slee ‚Äïreconocido por su trabajo en películas como Bichos y El vuelo de las mariposas‚Äï, junto con un equipo conformado por 87 personas, logró culminar con la calidad técnica y el rigor científico con el que soñaron desde el primer momento.

Aunque la filmación comenzó en 2014, el proyecto inició en 2010 por iniciativa del colombiano Francisco Forero, cofundador de Ecoplanet y un explorador en todo el sentido de la palabra. Luego de ver documentales de intachable factura y profundidad como Home ‚Äïrealizado por Yann Arthus-Bertrand‚Äï y Planeta Tierra, de la BBC, Forero notó que las monumentales producciones habían dejado por fuera un lugar tan rico por su biodiversidad como Colombia y pensó que el país tenía el potencial suficiente para protagonizar una película similar. Así que con la complicidad de amigos que compartían esta opinión ‚Äïentre ellos Martín Nova, vicepresidente de mercadeo del Grupo éxito‚Äï, emprendió la aventura para hacer realidad una película que mostrara, desde las alturas de las cumbres y las profundidades del mar, los diferentes ecosistemas y sus protagonistas, utilizando a los mejores profesionales del mundo, así como equipos y tecnología de vanguardia.

Martín Nova convenció a las directivas del Grupo éxito para que financiaran toda la producción, cuyo costo ascendió a tres millones de dólares. Y con la garantía de que dispondrían de los recursos necesarios, el grupo de aventureros se dio a la tarea de conseguir al equipo creativo y técnico con el conocimiento requerido en proyectos similares para garantizar su calidad.

Richard Kirby ‚Äïcon más de treinta años de experiencia en rodajes de naturaleza como Deep Blue, Nilo y Ganges‚Äï es el director de fotografía, mientras que David Campbell ‚Äïcompositor y arreglista, responsable de las bandas sonoras de películas como El Hombre Araña y Annie‚Äï tuvo a su cargo la dirección musical. Y fue un gran trabajo, pues sin duda la música es uno de los mayores aciertos de Colombia: magia salvaje.

Cada relato lleva su propio ritmo e identifica con precisión las regiones recorridas: los llanos, las costas, los páramos, las selvas… La musicalización de la Orquesta Sinfónica de Colombia resaltó las composiciones de los artistas colombianos de mayor trayectoria, como Juanes, Carlos Vives, Fonseca, Aterciopelados, ChocQuibTown, Walter Silva y Andrés Castro, quienes aportaron piezas musicales originales para la cinta.

Como a cualquier película, también le caen algunas críticas: que el guión se queda en generalidades y elogios, cuando pudo haber ilustrado con mayor rigor a los espectadores; que dejaron por fuera lugares que merecían ser mostrados; que la narración del periodista Julio Sánchez Cristo cae en la monotonía; que se muestra a un país sin gente, dando la sensación de ser “La Tierra del Olvido”, que parece propaganda gubernamental…

Sin embargo, ello no opaca su importancia como factor de difusión para que el mundo conozca lugares y especies que ni siquiera los colombianos sabían que existían, y no demerita la innegable calidad técnica y estética de la cinta. Como asegura el productor Francisco Forero, Colombia da para muchas más películas y seguramente las habrá, pues anuncia que vendrán otros proyectos de esta magnitud. Por su parte, los productores trabajan ya en la internacionalización de la película, de manera que Colombia pueda sorprender al mundo con su magia salvaje.

Pensar en verde paga

“La naturaleza une a la gente, porque somos una extensión de la misma”. Esta afirmación de Ellen Windemuth ‚Äïfundadora de la productora inglesa Off the Fence, que le dio respaldo científico y técnico a la película‚Äï cobra sentido cuando se mide el impacto que ha tenido su exhibición en las salas de cine colombiano. En las primeras cuatro semanas de exhibición, más de millón y medio de espectadores llenaron los teatros del país. El tema de la película sigue en boca de todos y ha despertado una mezcla de orgullo nacional por la magnitud y belleza de los recursos naturales de Colombia, pero también de preocupación por la vulnerabilidad de sus ecosistemas.

Los escenarios

Parque Nacional Natural de Chiribiquete: parte de la región amazónica contiene reliquias arqueológicas, cuencas hidrográficas y una increíble variedad de fauna y flora casi desconocida.

Páramo de Chingaza: el segundo páramo más grande del país, se encuentra a setenta kilómetros de Bogotá.

Ensenada de Utría: una exuberante selva tropical es el marco de las tranquilas y cálidas aguas de la ensenada, lugar de visita de ballenas jorobadas, tortugas y aves.

Parque Nacional Natural de El Cocuy: sus más de 25 picos cubiertos de nieves perpetuas se levantan en el departamento de Boyacá.

Sierra Nevada de Santa Marta: sitio sagrado para cuatro comunidades indígenas, posee algunos de los más bellos paisajes, incluyendo los picos nevados que la componen, la fuerza de la selva y la diversidad de sus ecosistemas.

Orinoquia: esta rica región de llanuras, sabanas y piedemontes es famosa por sus bellos atardeceres y su impetuoso río Orinoco, hábitat de un temible cocodrilo.

Amazonia: ocupa el 41% del territorio colombiano. Su baja densidad poblacional contrasta con la alta concentración de especies de fauna y flora.

Islas de Providencia, Malpelo y Gorgona: en el Caribe colombiano, Providencia preserva bosques de manglar y bellas formaciones coralinas. Malpelo, en el océano Pacífico, posee una sorprendente abundancia de especies; Gorgona, también en el Pacífico, es un lugar destinado a la investigación.

Chocó: es una de las más importantes regiones selváticas del país y de las de mayor biodiversidad en el mundo.

Caño Cristales: las plantas acuáticas de colores rojo, azul, verde, amarillo y negro son ya una imagen institucional del turismo ecológico colombiano.

Los protagonistas

Cóndor: con tres metros de envergadura, fue uno de los más esquivos para el equipo de producción, pues tuvieron que seguirlo por más de un año.

Colibrí: protagoniza uno de los momentos épicos en la película. Se calcula que un colibrí puede visitar de 2.000 a 5.000 flores cada día. En Colombia existen 179 especies.

Oso de anteojos: vive en bosques altos y húmedos. Es la única especie sobreviviente de su género en Suramérica.

Rana dorada: su verdadero nombre, Phyllobates terribilis, esconde lo mortal que puede llegar a ser. Se considera el vertebrado más venenoso del mundo

Jaguar: en riesgo de extinción, es uno de los felinos más representativos de Suramérica.

Tití cabeciblanco: es una de las 25 especies de primates más amenazada del mundo.

Ballenas jorobadas: estos cetáceos visitan cada año las aguas del Pacífico colombiano. Nuquí, Bahía Solano y la Ensenada de Utría son sus refugios naturales.

Pez arawana: habitante del río Orinoco y sus afluentes, se caracteriza por sus escamas plateadas y por su especial habilidad de saltar fuera del agua para capturar a su presa.

Perezoso: se caracteriza por sus lentos movimientos y su forma de alimentarse de hojas y flores, además de su tierna cara y el color grisáceo o verdoso de su pelaje.