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Destino México

Cholula: antigua, orgullosa e independiente

Lo que hoy es un municipio incorporado a la zona metropolitana de Puebla fue, por más de mil años, una de las urbes más pobladas, sofisticadas y prósperas de la América precolombina. Síganos por las calles empedradas de Cholula, para descubrir las pistas de tan esplendoroso pasado, que también se revela, hoy, en las tradiciones y costumbres de sus hospitalarios habitantes.

Por Juan Abelardo Carles
Fotos: Carlos E. Gómez

En un país como México, que cubre todo su territorio con la glamorosa y multicolor pátina que solo milenios de civilización pueden dar, cada pueblo y ciudad se preocupa por preservar aquellas pinceladas y trazos que la hacen resaltar por encima de la obra general, y Cholula no es la excepción. Aunque la población está incorporada a la mancha urbana de Puebla, es más antigua, mucho más antigua, que ésta. De hecho, es probable que las deidades cholutecas contemplaran, indignadas y tristes, desde su pirámide principal, cómo descendía en el cercano valle de Cuetlaxcoapan una cohorte de alados y rubios mensajeros del dios cristiano a marcar los predios y calles de Puebla.

Cholollan (como entonces se llamaba la ciudad) llevaba más de una década intentando reponerse del exterminio que el conquistador Cortés había perpetrado entre sus habitantes. Su pirámide, cuya base es mayor que la de la gran pirámide de Keops, en Egipto, comenzaba a acusar el abandono de los fieles, y en la cima, una cruz marcaba el lugar donde había estado antes el teocalli (santuario prehispánico). Tres veces levantada la cruz, tres veces partida por un rayo, como si Tláloc, dios de la lluvia, resistiera el desalojo de su recinto, hasta que en 1594 comenzó a levantarse el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios que hoy corona lo que, a simple vista, parece un cerro.

El templo actual reluce sobre el verdor de la colina con sus brillantes paredes estucadas, pintadas de amarillo ocre, y sus cúpulas, recubiertas con mosaico talavera de abigarrado diseño. Pero antes de llegar a la cima, nos adentraremos en los túneles que llevan al interior de la pirámide, los cuales revelan espacios y momentos que estuvieron llenos de vida hace casi dos mil años. Antes de entrar, hay que visitar el pequeño museo arqueológico del sitio, nutrido por piezas descubiertas en las excavaciones que se hicieron, primero a principios de la década de 1930, y luego de 1966 a 1970. La colección expone la evolución estética y técnica de los cholutecas durante un periodo histórico inusualmente largo.

Se cree que aquí ya había asentamientos humanos desde el 1000 a.C. y que la pirámide comenzó a ser construida en el siglo I de nuestra era. Se calcula que la cultura olmeca-xicalanca gobernó la ciudad desde el año 800 d.C. hasta el 1100, cuando la dinastía reinante fue desalojada por otra de origen tolteca-chichimeca. Durante todo este tiempo, los gobernantes siguieron la vieja costumbre de marcar su reinado cubriendo la pirámide anterior por otra más grande. Los túneles, que cortan transversalmente el magno edificio, muestran dicha práctica, yendo hasta la pirámide original, una sencilla plataforma que no superaba los 34 metros de largo y los seis metros de altura.

Al sur, la gran plazoleta ceremonial muestra altares, estelas y murales representativos de ofrendas que diferentes gobernantes, tanto locales como lejanos, daban a las deidades de Cholollan, en busca de su benevolencia. En esta plaza se realizaban danzas que duraban, ininterrumpidamente, siete días con sus noches. Los danzantes aguantaban semejante sacrificio tomando agua mezclada con polvo de maíz. Me pregunto qué frenéticos bailes y ceremoniales se ejecutaron aquí para implorar la protección divina ante el avance del conquistador europeo, durante el ocaso del Cem Anáhuac.

De nada sirvió: la ciudad cayó y los supervivientes de la nobleza gobernante choluteca, sometidos y cautivos de los españoles, a modo de ejecución, fueron arrojados, maniatados, contra jaurías de perros bravos, en 1523. De ahí en adelante, la Corona española y la Iglesia católica marcaron las pautas de desarrollo de la ciudad. Aparte del Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, erigido en la cima de la pirámide, otros templos surgieron durante el período colonial. El complejo más emblemático es el Convento de San Gabriel de Cholula, edificado sobre los restos de la antigua pirámide de Quetzalcóatl.

En las galerías que rodean el patio de su claustro principal se conservan restos de pinturas, algunas de ellas atribuidas a Fray Antonio de Roldán, que retratan pasajes importantes de la vida y visiones de San Francisco. Aunque se dice que la fachada y los exteriores de su iglesia tienen resabios del gótico, mezclados con el plateresco hispanoamericano, los macizos muros apenas interrumpidos por pequeñas ventanas parecieran apelar al estilo románico, mucho más antiguo. El interior del templo es completamente neoclásico. Más antigua que la Iglesia de San Gabriel, y también más grande, es la Capilla Real que, a su lado, sostiene sobre sí un amplio dosel de 49 cúpulas. Al contrario de lo que su nombre podría sugerir, esta capilla no tiene rango real por los monarcas europeos, sino por la realeza indígena, para cuyo uso fue reservada.

Y es que Cholula abrigó a una vigorosa comunidad de indígenas, al principio sometida al sistema de encomiendas, pero que comenzó a rescatar parte de su autonomía e iniciativa, a partir de 1537, cuando Carlos I los convirtió en sus súbditos y tributarios directos. Cholula y sus comunidades vecinas se organizaron, eligiendo autoridades y cabildos, distribuyendo la tierra y las actividades económicas y defendiendo celosamente su autonomía frente a Puebla, asentamiento reservado a españoles. La prosperidad de la ciudad puede advertirse en los templos que fueron desplegándose con los años, y en los que se mezclan la tradición y las creencias de ambos mundos.

Para confirmarlo, salga un poco del centro de Cholula y vaya a Tonantzintla, en donde la ornamentación del templo dedicado a Santa María reproduce el Cielo, tal como los artesanos indígenas lo interpretaron al escuchar la descripción de los franciscanos. Así, los racimos de uvas se entremezclaron con las mazorcas de maíz, y entre el tropel de ángeles, serafines, santos y vírgenes que trepa por sus muros, columnas y arcos, se camufla, con sus ojos redondos y sus colmillos curvados hacia afuera, Tláloc, el benévolo dios de la lluvia, cuyo reino era lo que más se les parecía a los indígenas a aquel otro mundo descrito por los sacerdotes españoles.

Otra tradición conservada en Cholula es el de los cargos civiles nombrados en cada parroquia. El tepil (aprendiz) de la Iglesia de San Francisco de Ecatepec nos explica, mientras dentro del templo se celebra una boda. Aparte del tepil, también están el fiscal, el teniente, el mayordomo, el portero y el campanero, todos nombrados por la comunidad (y no por la Iglesia). Sospecho que esta peculiar institución asienta sus raíces en el sentido de independencia de los cholutecas. Del mismo modo que los huehues, otra manifestación cultural que tuvimos la oportunidad de ver durante nuestra visita a Cholula. Al principio, los advertimos, con sus atuendos un poco estrafalarios, caminando presurosos a concentrarse, cada uno con su grupo de hermanos de batallón, para el gran evento del día: la toma simbólica de la presidencia municipal (Alcaldía) de la ciudad, que se hace la semana siguiente a la celebración del Carnaval, en el cual también participan. Los huehues llevan disfraces que reproducen de forma jocosa y burlesca de aquellos que llevaban las tropas invasoras francesas cuando invadieron el país en la década de 1860. Los batallones de huehues desfilan por las calles principales de la ciudad, descargando hacia el cielo estruendosas andanadas de pólvora.

Hay que recordar que fue en la cercana Puebla, en una batalla en la que también participaron masivamente los cholutecas, donde los mexicanos vencieron por primera vez y pararon la marcha del ejército francés, entonces el más profesional y poderoso del mundo. Los huehues evocan la valentía de aquellos combatientes y, al tomar la presidencia municipal, reiteran el sentido de independencia que siempre ha caracterizado a Cholula. De hecho, ese es el mensaje que subyace tras tantas expresiones culturales de la ciudad y la región vecina, y con ese mensaje nos vamos de Cholula: orgullo, independencia y amor por la historia y la tradición.

*Dedicado a don Alfredo Torres Cuautle, que nos mostró Cholula como solo puede hacerlo quien la ama profundamente.

Cómo llegar

Desde Centro, Norte, Suramérica y el Caribe, Copa Airlines le ofrece cuatro vuelos semanales a Puebla (México), desde el Hub de las Américas, en Ciudad de Panamá. Los vuelos salen los martes, jueves, viernes y domingos, a las 9:17 a.m. y aterrizan en Puebla a las 12:52 p.m. De regreso, despegan el mismo día de la capital poblana, a la 1:49 p.m. y llegan a Panamá a las 5:23 p.m. www.copaair.com.

Desde el centro de Puebla, busque la calle 7 sur y sígala hasta la tomar la Avenida Manuel Espinosa Yglesias en dirección noroeste, gire luego al norte por la Avenida Esteban de Antuñano y luego al oeste por la Autopista 190 (recta a Cholula).

Qué ver

Además de los monumentos listados en la nota, pueden visitar los Portales Guerrero (Avenida Hidalgo y calle 4 Poniente), el Mercado Cosme del Razo (también en Avenida Hidalgo, entre calles 5 y 3, norte) y el Museo Caballero del águila (calle 4 Poniente, entre avenidas 5 de Mayo y 2 norte). También hay sitios muy buenos para comer, como La Casa de Frida (Avenida Hidalgo, 109) y Ciudad Sagrada (Avenida 2, oriente, 615). Más información sobre Cholula en www.puebla.travel, www.turismo.puebla.gob.mx y www.guiascholula.com.