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Reportaje

Centroamérica se encuentra

Este año, Centroamérica Cuenta quiere explorar el tema de la memoria, que sirve no sólo para crear y fortalecer la identidad, sino también como materia prima de la literatura.

Por Ana Teresa Benjamín
Fotos: Daniel Mordzinski

Este año, Centroamérica Cuenta propone la memoria como tema del encuentro. Durante seis días “del 23 al 28 de mayo”, setenta narradores de 17 países de Latinoamérica y Europa se reúnen en Managua para conversar en torno a la temática “Memoria que nos une”, una oferta retadora porque implica preguntarse (preguntarnos) si como centroamericanos tenemos memoria colectiva, si recordamos o preferimos olvidar.

“Somos países muy desmemoriados”, asegura el escritor nicaragüense Sergio Ramírez ante la pregunta inevitable que sugiere el lema del encuentro. “Preferimos olvidar lo que molesta o estorba”, añade desde el otro lado de la línea telefónica, para agarrar al vuelo el rumbo de la esperanza y rematar que, precisamente, para eso existe la literatura: “Para recordarnos qué somos y cómo hemos vivido. La historia tiene que ver con el pasado, y la literatura no puede vivir sin el pasado”.

Centroamérica Cuenta es un evento concebido por quien fuera un activo militante de la Revolución Sandinista, hasta que el sueño se rompió con la repelencia del poder. Ramírez cuenta todo el proceso en su libro Adiós muchachos, publicado en 1999. Nueve años antes había abandonado la política ‚Äïtras la derrota sufrida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), frente a Violeta Chamorro‚Äï y a partir de entonces se entregó a su vocación postergada: la literatura.

En 2012, Ramírez ideó este encuentro de narradores cuyo propósito es reflexionar y dialogar no sólo sobre el arte y la literatura, sino también sobre la realidad centroamericana mediante charlas, simposios, conversatorios y talleres con autores e invitados especiales de América y Europa.

Entre los invitados latinoamericanos a esta cuarta versión están, por ejemplo, los escritores guatemaltecos Humberto Ak’abal, David Unger y Ana María Rodas, autora de poemas rudos y suaves, según le salgan del alma; el colombiano Jorge Franco, ganador del Premio Alfaguara 2014 con su novela El mundo de afuera; y los mexicanos Jorge Volpi, Emiliano Monge y Gonzalo Celorio, este último académico y profesor, cuya última novela autobiográfica se titula El metal y la escoria. Para deleite de sus admiradores, el poeta salvadoreño Manlio Argueta también figura entre los invitados, así como sus compatriotas Carmen González Huguet y Miguel Huezo Mixco. De Nicaragua estarán Gioconda Belli y José Adiak Montoya.

Los talleres, por su parte, son muy prometedores, dados sus sugestivos nombres: el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski estará a cargo de “Fotografía y memoria, cómo ver lo que ya no existe”; el escritor peruano Santiago Roncagliolo hablará de lo que más le gusta: el miedo; y Alberto Salcedo Ramos, reconocido periodista colombiano, impartirá un taller sobre crónica periodística, con el auspicio de la Fundación Gabriel García Márquez para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

Ramírez, entusiasta ante la cuarta versión del evento y con una lista de invitados europeos que supera la docena, comparte algunas de sus inquietudes sobre la literatura, la identidad y el periodismo.

¿De qué escriben los escritores centroamericanos de hoy?

Hay una gran diversidad de temas, porque los países centroamericanos son diversos. Tenemos una identidad común, pero en la diversidad, y así las realidades son distintas. Hay temas que atraviesan toda Centroamérica, como el narcotráfico, las migraciones hacia Estados Unidos, la corrupción gubernamental. No estoy diciendo que son temas obligados, porque la literatura no vive de los asuntos públicos sino que también habla de los seres humanos, y como estos temas afectan la vida humana, en esa medida entran en la literatura.

¿Qué tan subversiva es la literatura centroamericana actual?

La literatura siempre es subversiva, porque plantea temas más allá de lo convencional. La subversión está en manos de los jóvenes, y yo creo que en Centroamérica existe este tipo de literatura.

¿La literatura centroamericana es hoy más conocida que en 2013, cuando comenzó el festival?

Hemos avanzado en estos cuatro años, pero creo que hay dos obstáculos pendientes de lograr: uno hacia adentro y otro hacia afuera. Primero está la comunicación inter-literaria en Centroamérica: ¿por qué los libros panameños no se pueden comprar en Guatemala o en Honduras? En los años 70 hicimos el experimento de la Librería General Universitaria: teníamos los libros de Rogelio Sinán, Gloria Guardia o José de Jesús Martínez… Los teníamos en Guatemala y Honduras, y habría que volver a intentarlo, pero hay que contar con un aparato de producción.

Lo otro es cómo colocar la literatura centroamericana en las vitrinas fuera de Centroamérica… Hay mucho escritor centroamericano que no puede llegar a los mercados de Argentina, México o España, y aquí la lucha sigue abierta. En ese sentido, Centroamérica Cuenta quiere que esta vía sea más expedita y por eso los juntamos, para que se vean las caras entre sí y, a la vez, vean a los de afuera.

¿Se han logrado resultados?

Desde que empezamos Centroamérica Cuenta se han publicado antologías de cuento centroamericano en Francia y Alemania. En Francia está por salir una nueva antología.

En Centroamérica Cuenta también se conversa sobre periodismo. ¿Cuál es su opinión sobre el ejercicio de la profesión en Latinoamérica?

Para mí, literatura y periodismo están vinculados; son dos ramas de un mismo árbol. Los motivos narrativos y los temas vienen a ser los mismos. Lo que queremos es cultivar el periodismo narrativo y hay que hacerlo con herramientas literarias.

Este año vamos a abrir un taller dictado por Alberto Salcedo Ramos, vamos a tener otro taller sobre comics y otro sobre fotografía, con Daniel Mordzinski.

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