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Ecología

Usted no sabe nada sobre las abejas

Las abejas son fundamentales en los ecosistemas agrícolas del mundo y en los bosques tropicales por su rol en la polinización, pues sin ellas, muchas especies de plantas dejarían de existir. Sin embargo, el que ha sido considerado el animal más importante para la sobrevivencia del planeta está en peligro, debido a la exposición a pesticidas, la mala nutrición, el aumento de la carga de parásitos, la degradación del hábitat y la reducción de la diversidad genética. Científicos del Smithsonian, en Panamá, investigan la ecología y microbiología de algunas especies entre las más de 30.000 que habitan el planeta. Y todo lo que tienen para contar es novedad.

Texto y fotos Javier Pinzón

Además de saber que las abejas, como polinizadoras, son la piedra angular para la estabilidad del ecosistema terrestre y componentes clave en la productividad agrícola, sabía que hacen miel y algo había oído del extraordinario baile que realizan para indicar a sus compañeras dónde están las flores y hasta sus rutilantes colores.

Por eso, todo lo que vi en casa del doctor David Roubik — científico del Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), quien lleva cuarenta años estudiando a las abejas— y lo que me enseñó el doctor Jordan Kueneman —estudiante posdoctoral del STRI— me confirmaron que de nada habían servido mis estudios de biología ni la suma de documentales de National Geographic que ocupan mi tiempo libre. Lo cierto es que es tan diverso su mundo, tan sutiles y a la vez tan profundas las diferencias entre una especie y otra, y tan delicado su equilibrio, que de repente me di cuenta de que no sabía nada sobre las abejas.

Al iniciar la entrevista, lo primero que noto cuando están a punto de abrir una colonia es que no llevan protección. Kueneman me explica que estas abejas Tetragonisca angustula, de la tribu Meliponini, no tienen aguijón y, además, son muy tranquilas. No solo me sorprende su tamaño diminuto, su color amarillo y su indiferencia ante nuestra presencia, sino que cuando Kueneman y sus colaboradores abren la caja en donde está el nido, descubro una verdadera ciudad en miniatura con varias estructuras que me recuerdan de inmediato las creaciones de Antonio Gaudí, que conocí hace algunos años en Barcelona.

Los investigadores se disponen a tomar una muestra de cada uno de los materiales de la casa de las abejas: miel, polen, resina, larvas, pupas, algunos adultos que cuidan el nido y otros de los que salen a conseguir comida. Pretenden investigar la microbiología del desarrollo de las abejas y los comportamientos dentro de su casa, de modo que puedan comprender por completo la naturaleza compleja y altamente dinámica de la interacción entre las abejas y los organismos más pequeños que se relacionan con ellas, tanto dentro como fuera de sus cuerpos. Para esto, deben secuenciar microbiomas de 53 especies de abejas tropicales seleccionadas, las cuales son recolectadas cada dos meses durante un año. Los científicos viajaron a través de la selva tropical de las tierras bajas y los bosques nubosos de las tierras altas de Panamá para recolectar los diferentes tipos de abejas.

Roubik explica que el nido se construye con la cera que producen las obreras en tres pares de glándulas dorsales que tienen en el abdomen mezclada con una brea que cosechan a partir de varias plantas. El resultado se denomina cerumen. A este nido le agregan potes independientes que pueden contener polen o néctar. Para realizar la difícil tarea de producir miel, las abejas trabajan en conjunto para evaporar el néctar: el objetivo es reducir la humedad del 70% (como viene el néctar de las plantas) al 20% o 25%. ¿Cómo lo hacen? Mantienen una gota de néctar en la boca y aletean fuertemente.

Al terminar el muestreo, Kueneman y Roubik se disponen a trasladar a una caja un nido de Scaptotrigona panamensis que estaba en la rama de un árbol caído. Esta es otra especie de abeja sin aguijón, también productora de miel, pero es más grande y agresiva. Pacientemente, con ayuda de una motosierra, Roubik comienza el delicado trabajo de abrir la colonia mientras los demás observamos. A falta de aguijón, para defenderse, se enredan en tu pelo y muerden. – A menudo se les conoce como abejas de pelo.

Roubik comenta que los principios importantes en las sociedades de abejas de cualquier tamaño son el reconocimiento de parentesco, la división del trabajo, la asignación de tareas y la retroalimentación de las colonias. Una abeja guardiana está impregnada con su olor y el de sus compañeras de nido para poder reconocer y repeler a los intrusos.

El interés principal de las abejas sociales avanzadas que viven en grandes colonias (de miles a decenas de miles de adultos) es conocer bien a su reina. Para ello son indispensables las feromonas, productos glandulares que llevan mensajes y respuestas específicas en el cerebro del insecto y el sistema endocrino nervioso. Las feromonas de contacto son difundidas por la reina a través de su “séquito” de asistentes trabajadores y llegan a todas las porciones e individuos del nido. La división del trabajo en las colonias de abejas ocurre entre los reproductores primarios y sus ayudantes. Cada uno tiene sus quehaceres para que la colonia sobreviva y se reproduzca. Pero hay algo aún más especial en este tipo de abejas productoras de miel y es que son permanentemente sociales: tienen una sola reina y esta no puede vivir sin las obreras, así como estas no pueden reproducirse sin ella. Todas son obligatoriamente parte de una colonia.

Estas abejas productoras de miel dependen de los recursos hídricos y florales y de la resina que encuentran en su rango de vuelo: de uno a doscientos kilómetros cuadrados. Ellas dependen de la comunicación precisa y efectiva para poder producir la miel, la cual fabrican con el único objetivo de alimentar a las crías, pues las adultas se alimentan de polen.

Las abejas sin aguijón tienen una diferencia fundamental con respecto a las melíferas (productoras de miel con aguijón) y es que estas últimas son enjambre libre. Una colonia sale de un nido materno, con la reina establecida a la cabeza, y el sitio de anidación se cede a una nueva reina y una parte de la población trabajadora. En contraste, las meliponinas (productoras de miel sin aguijón) tienen una restricción importante: requieren que un nuevo nido esté preparado por completo, con una entrada bien hecha y algo de comida almacenada, antes de que una nueva reina (que no está apareada y todavía puede volar) y una parte de los trabajadores de la colonia madre puedan volar hasta ella; además, su distancia desde la colonia madre no puede exceder los cien metros. En algunos casos, la colonia madre continúa apoyando a la colonia hija después de separarse, al permitir que los trabajadores transporten alimentos o material de construcción de un nido al otro.

Cuando pensaba que ya había comprendido que entre las abejas que producen miel existen grupos que tienen aguijón y otros que no, me encuentro de nuevo con los científicos, incluido al máster Ernesto Bonadies, esta vez en los laboratorios del STRI, en Gamboa. Roubik está trabajando con otra especie de un verde y dorado rutilante, algunos tonos azules y rojos, cuyos machos no poseen aguijón, pero las hembras sí. Los investigadores atraen a los machos ofreciéndoles olores fuertes y estos llegan apresurados a untarse en un lugar específico en las patas para atraer a las hembras. Kueneman explica que son abejas de las orquídeas de la tribu Euglossini. Ellas son parte del 92% de las abejas que son solitarias, y algunas incluso son parásitos de otras abejas. Y ahí hay otro dato que me deja perplejo: solo el 8% de las 30.000 especies de abejas son sociales. Sin embargo, las abejas altamente sociales, las abejas melíferas y las abejas sin aguijón dominan la fauna de las abejas en todo el mundo. Roubik enfatiza en que la gran mayoría no tiene nada que ver con socializar: viven solitarias, en el suelo en pequeños túneles o en los arboles. En estas especies de abejas solitarias una hembra hace un nido, abastece células de cría individuales con polen y néctar, deposita sus huevos allí y muere. Los machos solo se alimentan y existen principalmente como entidades reproductivas, no cuidan nidos.

En conjunto, todas las abejas, ya sean especies silvestres solitarias, muy sociales o manejadas como las abejas melíferas, juegan papeles clave en los ecosistemas agrícolas de todo el mundo y en los bosques tropicales, debido a su rol de polinización; sin ellas, muchas especies dejarían de existir. Por ejemplo, la abeja Eufriesea concava es el único polinizador de la flor nacional de Panamá: la orquídea Espíritu Santo. Es más, debemos conservar intactos los bosques viejos y promover la regeneración de bosques afectados para proteger las abejas y las plantas con las que ellas interactúan de su extinción. Sin lugar a dudas, los humanos dependemos de los servicios que proveen las abejas, y no debemos perder de vista esto. 

s estamos perdiendo a causa de la exposición a pesticidas, la mala nutrición, el aumento de la carga de parásitos, la degradación del hábitat y la reducción de la diversidad genética.