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Reportaje

Caja 25: Voces de la historia

El documental panameño Caja 25 revela la existencia de unas cartas escritas por los hombres que construyeron el Canal de Panamá (1904-1914), donde relatan las duras condiciones laborales, la muerte de muchos de sus compañeros y la discriminación imperante en la época.

By Ana Teresa Benjamín
Photos: Cortesía Betesda Films

La del Canal de Panamá es una historia caleidoscópica. Una sacude ese espacio negro del pasado, en apariencia inamovible, y se asoma el rostro grandilocuente de la obra de ingeniería y la lucha contra el trópico y sus mosquitos… Pero lo mueve otra vez y aparecen los intríngulis políticos y económicos que hicieron posible su construcción, el Tratado Hay-Bunau Varilla, la contratación de trabajadores en condiciones desfavorables, las luchas por la recuperación del Canal y sus tierras y la segregación que se instaló como forma de vida en la Zona del Canal.

Las cineastas panameñas Mercedes Arias y Delfina Vidal hicieron precisamente esto: sin buscarlo siquiera accedieron a un caleidoscopio viejo, que palpitaba y mostraba colores poco amables pero muy potentes. Como cuenta Vidal: “Yo estaba haciendo otra investigación y de pronto me encuentro con estas cartas… Les saqué copias, porque sabía que iba a querer hacer algo con ellas”.

Las cartas a las que se refiere Vidal estaban en la biblioteca del Centro Ascanio Arosemena de Balboa, en Ciudad de Panamá. El centro fue una escuela zoneíta ―es decir, un colegio al que asistían los nacidos en la Zona del Canal, también llamados ‘zonians’― y ahora alberga varias dependencias de la Autoridad del Canal de Panamá, la entidad a cargo de la operación de la vía. Si bien allí reposa una cantidad importante de documentos vinculados con la historia y administración de la vía interoceánica, buena parte ―si no todos― son copias y el grueso del archivo original (mapas, fotografías, correspondencia, estudios…) terminó en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos de América, luego del proceso de devolución al gobierno de Panamá de tierras y edificios de la Zona del Canal.

Vidal se quedó con las copias de las cartas y unos años después coincidió con Arias, quien también conocía los documentos. “Nos dimos cuenta de que ambas las teníamos, y terminaron por unirnos”, explica Vidal.

Resulta que en 1963, una zoneíta llamada Ruth C. Stuhl, miembro de la Sociedad Histórica del Istmo, decidió que sería buena idea organizar un concurso para rescatar la memoria colectiva de los hombres que participaron en la construcción del Canal de Panamá. Un total de 114 cartas con historias fueron presentadas al certamen, y en todas se contaban las duras experiencias de los miles de trabajadores que llegaron al istmo “con un sueño en las maletas”, como dice Vidal.

El documental es la historia en primera persona ―mediante entrevistas y la lectura de algunos de los manuscritos― de la relación tensa, a ratos gloriosa y muchas veces dolorosa, entre Panamá y Estados Unidos. Entre las historias leídas está, por ejemplo, aquella que detalla cómo una gran explosión redujo a vísceras a muchos compañeros, cuyos restos terminaron colgados de los árboles. Otra cuenta cómo, ante una injusticia laboral, el trabajador prefirió callar porque el “jefe blanco, por estos lados, se cree un dios”. El escritor y sociólogo Gerardo Maloney, uno de los entrevistados para el documental, explica que se debería entender a estos hombres en su contexto: venían de las Antillas, de un pasado de esclavitud, y tal vez las condiciones laborales y la propia segregación que establecieron los estadounidenses no les parecían tan ofensivas, porque de todas formas recibían un pago.

Los testimonios se intercalan con algunos de los momentos importantes de las relaciones de Panamá con Estados Unidos ―aparecen viejos videos del proceso de negociación de los tratados Torrijos-Carter, por ejemplo― y se recurre hábilmente a los dibujos y a las fotografías antiguas para darle acción al documental y mostrar cómo era la realidad de los trabajadores y cómo se vivía en esa Zona del Canal.

El documental presenta una realidad cruda de la que poco se ha contado oficialmente y rescata las voces de los menos escuchados. Tal vez el contenido de esas cartas no sea novedad para los panameños más viejos ―aquellos que vivieron cuando existía la Zona o eran hijos o nietos de aquellos trabajadores―, pero para las nuevas generaciones y los no panameños revela un material sorprendente. Su valor principal está, precisamente, en que ahora conocemos la existencia de esas historias plasmadas en papel; de esas vivencias relatadas por los hombres que abrieron la zanja para unir ―otra vez― el océano Atlántico con el Pacífico.

En medio de todo, el documental cuestiona la triste suerte de la historia panameña que, en alguna época, se consideró tan inservible que miles de documentos fueron arrojados al mar, para evitar las alimañas y la humedad. Las cosas han mejorado un poco, aunque no tanto; en general, la historia de Panamá está dispersa, archivada en forma precaria u oculta.

“El panameño tiene espacios vacíos de su historia porque nuestra educación no ahonda en eso”, reflexiona Vidal, “y con estos documentales buscamos llenar esos vacíos. El documental da la oportunidad de investigar, desarrollar y recrear el pasado; un pasado que todavía no tenemos claro”.

Caja 25 termina con el hallazgo de los manuscritos originales en la Biblioteca del Congreso: un reencuentro que le puso el nombre definitivo al trabajo que, al principio, llevaba como nombre “Diarios del Canal”. Tal como enfatiza Arias, llegar a los originales fue un sacudón emocional: “Las cartas me produjeron una sensación de tener la historia viva entre mis manos… Ver esos trazos temblorosos, que te indican la edad de las personas… Nada me preparó para ellas”.

El concurso epistolar

En 1963, Ruth C. Stuhl convocó a un concurso epistolar en el que podían participar los antiguos trabajadores, no estadounidenses, que hicieron parte de la construcción del Canal. Un total de 114 personas respondieron al llamado, aunque solo había premios para los tres primeros lugares: cincuenta dólares para el relato de Albert Peters, treinta para el de George Martin y veinte para el de Alfonso Suazo.

La idea del concurso era conseguir y conservar la memoria histórica de los trabajadores que llegaron, por miles, de las entonces colonias británicas del Caribe y de algunos países de Europa. Se calcula que al menos 15.000 trabajadores fallecieron durante los diez años de construcción (1904-1914).

Con Caja 25, la historia panameña logra recuperar un eslabón más, porque hasta ahora se desconocía la existencia de estos documentos.

El recorrido de Caja 25

Caja 25 obtuvo, en abril de 2015, dos premios en el Festival Internacional de Cine de Panamá: Mejor Documental y Mejor Película de Centroamérica y el Caribe.

En octubre se presentó en el Festival Internacional de Cine de Marbella, en España, donde quedó entre los diez mejores documentales, entre 250 películas presentadas. En noviembre estuvo en Italia, en el Festival Internacional de Cine de Milán, nominada a Mejor Documental en Lengua Extranjera, Mejor Dirección y Mejor Edición (Carlos Revello).

Ahora Caja 25 se presentará en la sección Latinoamérica en Perspectiva del XXXVII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en Cuba, que se realizará del 3 al 13 de diciembre. Si bien es una sección no competitiva, los filmes son elegibles para los premios colaterales que se otorgan en el Festival.