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Ecología

Bonsáis: arte y naturaleza

Hace más de dos mil años, en la quietud de los conventos taoístas de la antigua China, surgió el paciente arte del bonsái, que le permitió al hombre modelar un pequeño árbol como réplica a escala de los gigantes de la naturaleza.

Texto y foto: Javier A. Pinzón

Nada en la naturaleza es más artístico que un árbol: los hay rectos y gigantes, que sobresalen orgullosos por encima del bosque; algunos son tan regordetes y retorcidos, que sus troncos bien podrían ser esculturas dignas de un museo, otros son barrigones y al golpearlos suenan como vasijas de agua, mientras que algunos más son tan lisos que el acervo popular los llama “mono desnudo”.

Por ello, no es de extrañar que el hombre quisiera ser partícipe de tan magnífica obra e intentara manipularla de algún modo. Y, en efecto, mediante el arte del bonsái, que tiene más de dos mil años, se pretende emular, en miniatura, a estos gigantes. Como símbolo de eternidad, en la antigua China el árbol representaba un puente entre lo divino y lo humano, el cielo y la tierra. El paciente arte del bonsái fue desarrollado en la quietud de los conventos, donde los monjes taoístas llegaron a considerar los arbolitos un objeto de culto. Cuando iban a la montaña en el verano llevaban sus árboles más queridos y también cuando bajaban al campo. Hay quienes piensan que esa imagen refleja a la perfección la idea del bonsái y es probable que tengan razón, pues bonsái significa “árbol en una bandeja”.

Ciudad de Panamá tiene un pequeño mundo escondido en medio de los gigantes del Parque Metropolitano, conocido como Jardines del Bonsái. Allí es donde Constantino Tserotas guarda los secretos de las especies más pintorescas del bosque tropical. Lo más interesante del jardín de Dino —como suelen llamar a Constantino— es precisamente tener estos enanos inmersos en medio del bosque de gigantes.

Aunque la tradición del bonsái es China, su vertiente clásica fue desarrollada por los japoneses, cuyo objetivo es lograr que loss árboles tengan una simetría perfecta. Dino trabaja el estilo libre, pues opina que en la naturaleza todo es irregular y asimétrico, y es justo allí donde estriba la belleza. “Cuando usted ve algo simétrico sabe que la mano del hombre está ahí”. El chino, en cambio, va a la montaña, observa los árboles que lo rodean y trata de copiar la forma como crecen en su entorno natural; por esta razón, ellos cultivaron el estilo libre.

Si bien esta práctica se sitúa dos mil años atrás, lo cierto es que existen dibujos en cuevas del Tíbet que datan de 4.000 años, donde aparecen cuatro hombres cargando una caja de madera con un árbol frutal (un naranjo o un limonero). Para los orientales el arte de hacer un bonsái tiene un sentido místico, cada punto del árbol tiene un significado diferente: la primera rama es la tierra y el ápice, dios.

Para los occidentales, el bonsái es la expresión artística de la horticultura y más bien lo consideran un objeto decorativo. El primer libro escrito en occidente dedicado exclusivamente a los árboles enanos fue publicado en francés en 1902 y luego salió otro en inglés en 1940, pero fue en 1957 cuando vio la luz El arte japonés de los árboles en miniatura y paisajes (The Japanese Art of Miniature Trees and Landscapes), obra de Yuji Yoshimura y Giovanna Halford, considerada la biblia del bonsái. Este libro vincula la expresión clásica japonesa con el enfoque occidental.

Dino cuenta que hace 28 años deseaba tener un bonsái, pero en Panamá no había dónde adquirirlo. Entonces se afilió a la asociación de expertos en la materia que opera en la ciudad y allí estudió durante seis años los secretos del arte. Después alquiló el local del Parque Metropolitano y su pasión por los bonsáis le permitió establecer su negocio. Para Dino, el arte del bonsái es apasionante y relajante.

Cómo hacer un bonsái 

Según informa Dino, hay cuatro maneras de obtener un bonsái. Primera: por semilla, un proceso lento y tedioso, ya que se requieren muchos años para ver el resultado. Segunda: cortar un esqueje, meterlo en el suelo y, con suerte, tener un nuevo arbolito. El problema es que hay árboles que no enraízan fácil, pero cuando pegan, se logra un árbol más grueso.

Tercera: recolectar árboles en la naturaleza. Lo normal es hacerlo en la zona donde el viento pega muy fuerte e inclemente, ya que los árboles engrosan torcidos y no crecen. Ese es el material perfecto para un bonsái. Para ello es necesario esperar la época del año indicada y sacarlo con mucho cuidado. Tampoco se puede sembrar de una vez en una maceta, pues se debe enterrar en un contenedor más grande y esperar a que se recupere del trasplante mientras se le van dando las características que se le quieran imprimir.

Cuarta: por acodo aéreo. Se toma una rama de un árbol grande, se le quita la corteza y se le hace un anillo de una pulgada que se forra con una capa de musgo mojado con hormonas enraizadoras. Como el árbol es un ser viviente, entre la madera y la corteza fluye un río de savia que sube (savia bruta) y baja (savia elaborada). El árbol recibe los nutrientes del suelo que suben hasta las hojas, que funcionan como unas fotoceldas donde se realiza la fotosíntesis y luego esa savia baja y alimenta el árbol. Lo que sucede en nuestro caso es que al bajar la savia encontrará el anillo y no tendrá por dónde pasar, pero la capa de musgo contribuirá a que la rama saque un callo y, a partir de allí, raíces. En un máximo de un mes y medio se puede recortar y tendremos un nuevo árbol adulto, que ya se puede poner en una bandeja para bonsái y comenzar a trabajarlo.

Cuando el árbol está en la bandeja de bonsái comienza su formación. He aquí algunos conceptos fundamentales sobre el crecimiento de los árboles para entender cómo podarlos y poder transformarlos en árboles miniatura. Los árboles tienen una tendencia a crecer hacia arriba y sus brotes se darán en ese sentido. Este patrón de crecimiento (llamado “dominancia apical”) es en realidad una competencia por la luz cuyo objetivo es evitar ser sombreados por otros árboles. Debido a esta situación, todo el crecimiento se acentúa en la parte superior de las ramas. Este efecto no es deseable para el mantenimiento de un bonsái y debe tenerse en cuenta en el diseño y la formación.

Para la poda de formación, lo primero es decidir qué estilo le daremos a nuestro bonsái, ya que cualquier corte que hagamos será una acción irreversible. Hay muchos estilos, que evocan formas muy parecidas a las dadas en la naturaleza, incluyendo escoba, vertical formal, vertical informal, inclinado, en cascada, literati, barrido por el viento y bosque, entre otros. No obstante, todos están abiertos a la interpretación personal y a la creatividad.

Después de la poda de formación viene la poda de mantenimiento, que no solo ayuda a conservar la estética del árbol, sino también su salud, advierte Dino. Todas las formas de los bonsáis copian la naturaleza, por eso siempre tendrán las ramas más grandes abajo y las más pequeñas arriba, distribución que permite entrar la luz solar a todas las hojas. Por este motivo, debemos podarlos para mantener esta relación de aspecto y la salud del árbol.

Para finalizar, Dino afirma que el proceso de hacer un bonsái es lento. “Uno no se puede apurar para hacer un bonsái”, debe tener mucha sensibilidad, porque de lo contrario termina haciéndole daño al árbol. Los bonsáis son seres vivientes en continua evolución. Un pintor o un escultor terminan de hacer su obra, guardan sus instrumentos y ya está. Un bonsaísta nunca termina su obra, ya que esta es un ser vivo que continúa creciendo y cambiando con el tiempo.