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Destino Belice

Belice: nuevo destino de Copa

Belice es el segundo país más pequeño de Centroamérica, después de El Salvador. Con 347.000 habitantes y 386 kilómetros de costa, el país ofrece una rica diversidad cultural, bellos paisajes naturales, antiguas ciudades mayas y atractivos marinos inigualables.

Por:  Ana Teresa Benjamín
Fotos: Carlos E. Gómez

Viajar a Belice es intentar encontrarle respuesta a un gran signo de interrogación. Es convertir a este pequeño país centroamericano en un territorio concreto, para gozar la oportunidad de conocer algo de su historia, su gente y sus paisajes.

Belice es un país de apenas 22.966 kilómetros cuadrados de extensión que, sin embargo, no es el más pequeño de Centroamérica. El Salvador, un poquito más abajo en el mapa de esta región bella y de historia convulsionada, tiene 21.041 kilómetros cuadrados pero 175 veces más población: 6,1 millones frente a las 347.000 personas que viven en los seis distritos beliceños.

Cuenta la historia que sus tierras fueron parte del imperio maya, que se extendía desde el sur de México hasta Guatemala. Aunque los españoles llegaron primero e intentaron colonizarla, fueron los británicos quienes se asentaron allí para explotar el palo de campache y la caoba, a punta de mano de obra esclava. La última vez que España intentó recuperar el territorio fue el 10 de septiembre de 1798, cuando los Baymen bucaneros y piratas británicos‚Äï se enfrentaron a las tropas españolas en la Batalla del Cayo San Jorge. La fecha es hoy día de fiesta nacional.

A partir de ese momento, los Baymen tomaron control del lugar que, hasta 1973, se llamó Honduras Británica. El 21 de septiembre de 1981 Belice obtuvo su independencia, pero su relación con el Reino Unido perdura en situaciones tangibles: la figura central del dólar beliceño es la Reina, e Inglaterra compra buena parte de la producción agrícola del país: naranjos, bananos y productos marinos.

En el aspecto cultural, Belice se vincula con otros territorios del Caribe que fueron colonias británicas, haciendo de su existencia en la “Centroamérica española” casi que una excentricidad. Allí, por ejemplo, el idioma oficial es el inglés, aunque más de la mitad de su población es mestiza y habla español. El inglés que se habla en las calles es el creole o inglés criollo ‚Äïsurgido de la necesidad de los esclavos para comunicarse‚ pero también sobrevive un 10,5% de población que habla algún idioma maya y otro 2,9% que mantiene la lengua garífuna.

Hoy, con apenas 34 años de vida independiente, Belice apuesta por el turismo como una fuente importante de desarrollo, y vaya que tiene atractivos para hacerlo. Aquí, un vistazo de algunas de sus bellezas.

1. Ciudad de Belice

La puerta de entrada a Belice es el Aeropuerto Internacional Philip Goldson, a unos 25 minutos de la Ciudad de Belice. La ciudad es pequeña y atiborrada, y en sus calles pululan turistas que han llegado en cruceros y disponen de unas pocas horas para conocer este rincón caribeño. Ese martes 1 de septiembre ha comenzado el año escolar y niños de uniformes multicolores caminan rumbo a sus colegios.

Algunos de los sitios imperdibles de la Ciudad de Belice son los edificios de la Corte Suprema de Justicia, la Catedral St. John’s, la Casa del Gobernador y el Puente Giratorio, que hasta hace poco se abría para darles paso a los pescadores que entraban a la ciudad tras cumplir su jornada. Uno de los sitios más bellos de la ciudad es el Paseo Peatonal, porque desde allí se disfruta el viento indomable y la sensación de libertad que proporciona vivir al pie del mar Caribe.

¿Datos curiosos? La Ciudad de Belice está a cero metros sobre el nivel del mar y a veces da la sensación visualmente, digo de que se hunde. Justo por esta cercanía con el mar, toda la ciudad está llena de canales, y esto hace que las calles secundarias sean muy angostas y propicias solo para conductores diestros.

No deje de ir al Museo de Belice: en sus pabellones podrá conocer y entender la historia del país, apreciar algunas piezas de la civilización maya y la colección de insectos (mariposas, escarabajos, arañas). El museo, por cierto, se encuentra en una antigua prisión.

2. Mountain Pine Ridge

En el distrito de Cayo sede de la capital del país, Belmopán se encuentra la Mountain Pine Ridge Forest Reserve, área de 482.000 kilómetros cuadrados que, como su nombre lo indica, es una zona de bosque de pinos (en recuperación, debido a una plaga que casi los acaba) atravesada por ríos y caídas de gran belleza.

Uno de los puntos de interés de la reserva es la catarata Thousand Foot Fall, que se puede apreciar desde un mirador acondicionado para estos propósitos. Un poco más abajo está la Rio on the Pool, que no es más que una sucesión de rocas lisas que van formando pequeños pozos en los que remojarse. Pero quizás el sitio más impresionante de todos es la Big Rock Falls, a la que se accede por un caminillo desde el que se va escuchando el sonido impetuoso del agua al caer. Debido a la altura considerable de la cascada y a la conformación del cauce, en las Big Rock Falls se puede nadar con comodidad; aunque si no sabe nadar, no hay problema: también hay piscinitas, y la sola vista y el sonido del agua son un regalo para los sentidos.

El otro sitio especial en la reserva son las Cuevas de Río Frío. Según las antiguas creencias mayas, las cuevas eran la puerta de entrada al inframundo, pero para mí la enorme boca de entrada a aquel sitio se vuelve una tentación irrefrenable, debido a la belleza de su forma. Ya adentro, el río que discurre le otorga al ámbito un aire especial. La cueva es corta se vislumbra la salida casi al entrar y está poblada (como todo espacio cerrado digno) de una gran comunidad de murciélagos. No se asuste: son inofensivos y vale la pena detenerse a apreciar los caprichos que la naturaleza ha formado en las rocas.

3. Xunantunich, Cahal Pech y Caracol

El distrito de Cayo posee también algunos de los mejores sitios mayas del país. Está, por ejemplo, la antigua ciudad de Caracol, que en su época fue un importante centro político y económico. También están las edificaciones de Xunantunich, cuyo edificio más imponente, llamado El Castillo, tiene una altura de cuarenta metros. Por último está Cahal Pech, una ciudad con edificaciones más bajas pero en las que es posible imaginar mejor la vida doméstica, gracias al conjunto de plazas, pasillos y cuartos del complejo.

Para llegar a Xunantunich hay que atravesar el río Mopan en un viaje en ferry de dos minutos… ¡sí, dos minutos! Se dice que aunque sería más práctico un puente, el ferry se ha conservado como atracción turística. En el bosque alrededor de las ruinas hay familias de monos aulladores, que llenan el espacio de sonidos profundos. Con suerte, algún mono se le atravesará en el camino.

4. Spanish Lookout y Barton Creek

En Cayo existen dos comunidades menonitas, aunque entre las dos existen diferencias importantes. La más conocida es, quizá, Spanish Lookout, dado que es una comunidad más moderna y abierta, dedicada al cultivo y a la ganadería mecanizada, sobre todo. Allí puede encontrar puestos de venta de productos agrícolas, así como buenos restaurantes. Por su parte, los menonitas de Barton Creek conservan una forma de vida más tradicional y muy rural, basada en el trabajo comunitario y en el uso de la tierra de acuerdo con las capacidades humanas. Sin luz eléctrica ni agua potable, llegar a Barton Creek es como hacer un viaje en el tiempo, en el que el único ruido posible es el silbido del viento. Una de las familias del lugar está compuesta por el matrimonio de Abraham y Deborah; créame que conversar con ellos es una experiencia. En Barton Creek también puede conseguir productos agrícolas recién cosechados, pero sépalo: la comunidad no está “armada” para los turistas y, tal vez por eso, resulta más cautivadora.

5. Placencia

Si busca usted en el mapa de Belice se dará cuenta de que Placencia es una tirita de tierra ubicada en el distrito de Stann Creek, que por un lado tiene una laguna y por el otro el mar Caribe. Desde el pueblo de San Ignacio, en Cayo, se tarda tres horas en llegar, pero en avión son apenas veinte minutos de viaje.

Placencia es una península que invita a la relajación y también a la rumba. Nada más entrar se nota la inversión explosiva en bienes raíces y, ya en el pueblo, abundan los hotelitos, hostales y restaurantes para todo presupuesto.

El mayor atractivo de Placencia es, sin duda, su mar de aguas color turquesa y las innumerables actividades marinas que pueden realizarse. Belice posee un sistema de arrecifes que forman parte del sistema de arrecifes mesoamericano, el segundo arrecife de coral más grande del mundo, después de la gran barrera de coral de Australia. Cientos de miles de visitantes viajan cada año a Belice para disfrutar de las bellezas de estas formaciones. Dicho corto: si va a Belice incluya un día para bucear o caretear; no se arrepentirá. La diversidad de corales y de peces es inmensa, y los colores bajo la superficie son de fantasía.

En Placencia también hay una comunidad garífuna, Seine Bight, que vale la pena conocer porque la lengua, la danza y la música de esta etnia es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Más arriba en el mapa están Hopkins y Dangriga, también comunidades garífunas, pero para visitarlas necesitará más tiempo, debido a la distancia.

 


Cómo llegar

Copa Airlines tendrá dos vuelos semanales a Belice a partir de diciembre.

Dónde hospedarse

La oferta es amplia y para todos los presupuestos, pero he aquí algunas recomendaciones:

• Cahal Pech Village Resort: en el pueblo de San Ignacio, distrito de Cayo. Dispone de cuartos y cabañas con una vista espectacular del pueblo, además de tres piscinas, bar y restaurante. Es un hotel muy tranquilo y las cabañas son muy acogedoras. El personal del hotel lo ayuda a organizar sus paseos a los sitios de interés y tiene guía en español.

• Captain Jak’s: en la península de Placencia. Tiene cuartos disponibles para mochileros, parejas, familias y grupos grandes o pequeños, equipados con sala y cocina. Alquilan bicicletas y carritos de golf para recorrer el pueblo y sus alrededores. Los carritos son bastante útiles, porque protegen del fuerte sol tropical.

Dónde comer

• Restaurante Nerie’s, en el área de Fort George, Ciudad de Belice. Ofrecen comida típica beliceña, como arroz con fríjoles, pescado, ensalada y tajadas maduras fritas. Entre sus delicias está la sopa de cangrejo y de escabeche. Pruebe la limonada (lime juice).

• Guava Limb Café, en Morra Town, San Ignacio. Un restaurante muy acogedor, situado en una casa de madera sobre pilotes, restaurada. La carta es generosa y la presentación de los platos, impecable. No deje de probar los ceviches.

• Benny’s Kitchen, en el barrio de San José Succotz, del pueblo Benque Viejo del Carmen, limítrofe con Guatemala. Es un comedor popular que ofrece tanto platos típicos de la cocina beliceña como aquellos en los que se adivina la influencia maya, guatemalteca y mexicana en la cultura culinaria del país. Entre las delicias están la sopa de pata, el sancocho negro y el pibil (cerdo asado con guacamole y pico de gallo). El jugo de sandía es delicioso y refrescante.

• J-Dee’s, en Placencia. Comida popular beliceña, sobre la vía principal del pueblo. Los platos diarios incluyen rice ‘n’ beans acompañado de pollo y cerdo, además de variedades de sopas.