Contáctanos

Reportaje

Amalia Andrade: Escribir desde el punto medio

Amalia Andrade lleva más de una década publicando en su blog historias de adolescentes caleños, amores no correspondidos, cartas nunca entregadas… Hoy tiene más de 45.000 seguidores en la red social Instagram y su libro Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida, una guía gráfica para superar el desamor, ya se encuentra en todos los países de habla hispana y también fue traducido al italiano y al alemán.

Texto y fotos: Alejandra Algorta

Andrade es de esas personas que no tiene edad. Dice que su escuela de dibujo es YouTube mientras bosqueja caras, corazones y sillas en el reverso del individual de papel como una niña esperando su pedido; después recibe una llamada para cuadrar la portada de la revista de la que es editora.

Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida es un libro absolutamente visual, además de estar escrito e ilustrado a mano, el libro pide ser intervenido por el autor. Pero los que la siguen desde el comienzo saben que lleva mucho más tiempo publicando historias en su página web que mostrando sus dibujos.

¿Por qué apostarle a un libro completamente ilustrado?

Creo que sentí que con la escritura no era suficiente. Siempre me ha interesado mucho la escritura como imagen, como dibujo: las palabras en orden dispuestas en una hoja de papel formando un dibujo. También me interesan nuevas formas de escribir; entonces sentí que las palabras solas cojeaban, las sentí más rotundas, más poderosas si podía dibujarlas, hacerlas con mis manos.

La mayoría de las fotografías de sus redes sociales son de sus dibujos: fotos de su diario, fotos de un cuadro que enmarca una hoja de cuaderno con una plana que dice: “Así sea, así sea, así sea”. ¿Cómo se compara el contenido que pone allá afuera, en su blog o en las redes sociales, con lo que escribe en su libro?

Es lo mismo, es escribirme a mí misma a través de imágenes, a mí me gusta mucho Instagram porque siento que, a diferencia de otras redes, es una herramienta que no es tan hostil. No es hostil porque lo que prima es la imagen, no el texto. Por eso, si quiero escribir, si quiero compartir mi trabajo escrito vía Instagram, tengo que hacer de ese texto una imagen. Es una manera de contar una historia, de crear un universo sobre lo que uno es. Y en ese proceso de autoedición pasan cosas muy interesantes: uno escoge qué muestra y qué esconde, y eso se parece mucho al proceso de escritura. Hablan los silencios tanto como las palabras.

Sin embargo, lo que publica en internet lo publica en tiempo real sobre su vida real. ¿Dónde se traza la línea entre un feed personal y su proyecto literario?

Mi Instagram empezó como un lugar de exploración propia, genuinamente como una herramienta de autoconocimiento; así como es la escritura. Hace muy poco entendí que tal vez tengo que marcar límites más prudentes respecto a mi vida privada y mi vida pública. No me interesa que mi trabajo sea solipsista, utilizo lo que está sucediendo en mi vida; después me di cuenta de que con tantos seguidores todo se puede volver una mirada indiscreta. Ahora me esfuerzo por callar ciertas cosas manteniéndome honesta, callando sin mentir.

En su escritura hay varios grados de ficción: la Amalia que se escribe a sí misma en las redes, la Amalia que hace gráficas del desamor en Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida y la Amalia que dentro de este libro escribe una historia desgarradora sobre el creador de Lambada. ¿Cómo se separan estos tres tipos de escritura?

Es muy bonito partir de cosas reales y después en la escritura tomar decisiones que vuelvan ficción esa vida de uno. Yo lo llamo “auto-ficción” y es tal vez un ejercicio más íntimo, que probablemente sea el género donde me siento más cómoda. Ese ejercicio de escribirse a uno mismo es vital, porque es ahí donde encuentro cosas de mí misma a las cuales no sé cómo más acceder.

En la ficción siento que el proceso es diferente, siento que es un proceso que nadie entiende. Susan Sontag decía que ser escritor es una manera de mirar el mundo. Oír la Lambada y decir: “Acá hay una historia, habla de una persona que se fue llorando, aquí hay una gran historia”. Pero yo no sé qué va a pasar hasta que me siento a escribir. De la historia de João, el compositor de la Lambada, sabía que iba a hablar de esa canción como un conjuro. No sé por qué, pero creo que eso es lo que pasa con las canciones: yo te puedo dedicar una canción hoy y siempre que la oigas vas a pensar en mí.

Páginas amarillas de cuaderno llenas de repeticiones. “Malas noticias, todo cambia, buenas noticias, todo cambia”. Listas de palabras favoritas. Las palabras como conjuro, como empoderamiento, son la marca constante de su escritura. Andrade levanta la mirada de corazón roto que acaba de dibujar en el individual: “Clarice Lispector decía que escribir es echar un conjuro” —lo dice como si acabara de revelarme el secreto de la alquimia. “Sabes que triunfaste cuando logras capturar a alguien en la escritura”.

Sin embargo, la escritura de Amalia Andrade parece estar siempre en un punto indefinido: la oveja negra de los géneros. Un libro de ficción sobre cosas que sí pasaron, un libro ilustrado por una escritora, incluso un libro de autoayuda con billetes para redimir en el banco de la inteligencia emocional.

La escritura es una salvación, es medicina. El texto es un libro de autoayuda en el sentido en el que todos los buenos libros son libros de autoayuda. Suena muy romántico, pero yo escribo para acceder a mí misma. Hay una frase de Jeannette Winters que dice que es a través de la escritura que uno puede hacer esto. Mi trabajo me explica y me sana.

Parte de esta condición híbrida de la obra de Andrade es lo que la ha llevado a sentarse junto a la ilustradora española Ana Saínz Quesada en el Hay Festival de Cartagena, para hablar sobre sus aproximaciones al arte de contar historias por medio de imágenes. Cada una desde lugares opuestos del espectro.

Me gusta que mi escritura proponga una manera diferente de leer. Es importante que en el Festival haya habido espacios para las nuevas formas de literatura: el cómic, la novela gráfica… Yo no estoy de un lado ni del otro, me gusta habitar los dos mundos.

¿Pero cuál sería entonces la categoría correcta para su narrativa?

Quisiera poder situarme en una nueva categoría de lectura: en la frontera, habitar el punto medio. La literatura para mí es como la vida, siento que habito lugares in between, es mi vida personal. Y lo más orgánico es que mi libro haga lo mismo.

¿A qué le tienes miedo?

No quiero hablar de mis miedos porque son muy literales, las alturas, vomitar… Mis miedos son más tangibles que emocionales. Creo que eso es una desventaja, porque me parece que es difícil asir el miedo al fracaso en cambio el miedo a cruzar las calles es algo que te puede paralizar. El miedo a veces es un motor que te obliga a enfrentarte a ti mismo. Me encanta que me preguntes esto porque ese es el tema de mi próximo libro.