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Vistas de Panama

A Colón en tren

Quiero hacer el mítico viaje entre Ciudad de Panamá y Colón con el fin de armar una propuesta para un día diferente. Voy en tren, por supuesto, porque es la mejor forma de recorrer los ochenta kilómetros que separan las dos ciudades, atravesando bosques y lagos y penetrando en el paisaje mismo, y contrato a Robert, un joven guía citadino, para que me espere en la estación de Colón y me lleve a puntos de interés al lado Atlántico. Luego de una ardua visita, selecciono los atractivos turísticos que ningún turista debería perderse en Colón.

Por Margarita de los Ríos
Fotos: Javier Pinzón

Quiero hacer el mítico viaje entre Ciudad de Panamá y Colón con el fin de armar una propuesta para un día diferente. Voy en tren, por supuesto, porque es la mejor forma de recorrer los ochenta kilómetros que separan las dos ciudades, atravesando bosques y lagos y penetrando en el paisaje mismo y contrato a Robert, un joven guía citadino, para que me espere en la estación de Colón y me lleve a puntos de interés al lado Atlántico. Luego de una ardua visita, selecciono los atractivos turísticos que ningún turista debería perderse en Colón.

El tren

Cuando el vagón alcanza las aguas azules del lago Gatún y pasa raudo por encima, casi tocándolas, es cuando asimilo que estoy en medio de una leyenda. Aquí, en primer plano, la masa de agua de 5,2 kilómetros cúbicos que alimenta el Canal de Panamá. Atrás, una de las selvas tropicales más húmedas y lluviosas del planeta, con su fauna silvestre intacta, y a la izquierda, el Canal de Panamá: la obra de ingeniería que partió en dos el continente para unir los mares.

También el ferrocarril en el que viajo es un mito por derecho propio. Su construcción comenzó en 1850 con el objetivo de unir los dos mares por un medio expedito. Fue trazado sobre los pasos de indígenas precolombinos que habían descubierto la cintura estrecha de América en tiempos pretéritos, sobre los caminos que abrieron los españoles y la sangre derramada de esclavos e indígenas, que en el proceso de conquista y colonia cambió para siempre el destino de este estrecho pedazo de tierra; y, sobre todo, sobre la memoria de 12.000 trabajadores que murieron en el proceso de construcción de esta hazaña.

Cuando apenas comenzaban los trabajos, surgió la fiebre del oro en California y se inició una peregrinación interminable de gentes del este que buscaban el camino más corto para hacer parte de la conquista del oeste. Las obras se apresuraron y fue el primer medio de transporte moderno transcontinental, y el único durante 19 años, lo cual convirtió a Panamá en el vaso comunicante entre el este y el oeste de Estados Unidos.

Durante los primeros doce años de operaciones, el Ferrocarril de Panamá llevó más de 750 millones de dólares en polvo de oro, pepitas de oro y monedas de oro y plata. Hoy, el ferrocarril mueve cerca del 35% de la carga que llega a Panamá, remolcando más de dos millones de toneladas y trasladando unos dos millones de pasajeros al año.

Las esclusas de Gatún

El Canal de Panamá tiene varios hitos en su construcción. Uno de ellos, tal vez el más importante, lo constituyen las esclusas mediante las cuales los barcos que penetran a territorio panameño son ascendidos con ascensores de agua a 26 metros de altura para alcanzar el nivel del lago Gatún y así poder atravesar hasta el otro océano, donde descienden de nuevo al nivel del mar. Al lado del Pacífico, un elegante centro de visitantes ofrece vista, explicación, película en 3D, museo y tienda. Al lado del Caribe, el centro es más sencillo, pero más emocionante.

Aquí es posible observar en detalle el funcionamiento del canal: las cámaras de esclusa tienen poco más 33 metros de ancho y 320 de longitud. Durante cien años estas dimensiones determinaron el tamaño máximo de las naves que podían utilizar el canal y por esta razón se conocieron en el mundo entero como “Panamax”. Pero el activo comercio mundial presionó hasta que los buques “post-Panamax” salieron en busca de nuevas rutas marítimas. Al reto impuesto, Panamá respondió con la ampliación del canal: una obra faraónica que dará paso a este tipo de buques, convirtiendo así a los antiguos post-Panamax en neo-Panamax.

Centro de Observación de la Ampliación

Más de 6.200 millones de dólares invertidos, ocho años de espera y ya a pocos meses de su apertura se prevé que el canal ampliado aumentará en 80% el tránsito de buques por Panamá.

Dado que al llegar a Panamá los turistas curiosos del mundo entero preguntaban por la ampliación, la Autoridad del Canal construyó este Centro de Observación. Es un parque de cuatrocientas hectáreas, con terrazas y plataformas abiertas ideales para ver los trabajos de construcción de las nuevas esclusas. El mirador, suspendido a sesenta metros sobre el nivel del mar y cincuenta del canal, permite observar el majestuoso lago Gatún y dos senderos que conducen a una enriquecedora visita al bosque.

La ampliación del Canal de Panamá consiste, entre otras obras, en la construcción de dos complejos de esclusas de tres niveles, cada uno con tres tinas de reutilización de agua por nivel: uno en el lado Pacífico y otro en el lado Atlántico. Gracias a sus dimensiones (427 metros de largo, 55 de ancho y 18,3 de profundidad) podrán pasar de diez a doce buques neo-Panamax diarios, para un total aproximado de cuarenta barcos diarios.

Hoy, los buques más grandes pueden transportar hasta 5.000 contenedores de medida estándar. Los buques neo-Panamax (hasta de 49 metros de ancho, 366 de largo y 15 de profundidad) podrán transitar por el Canal hasta con 13.000 contenedores.

Bosque y Castillo de San Lorenzo

Es necesario atravesar las esclusas de Gatún para pasar a “costa abajo de Colón” y entonces sí entrar al Parque Nacional San Lorenzo. Allí hay 12.253 hectáreas de bosques, pantanos y un ecosistema costero en donde abundan grandes mamíferos silvestres y se escuchan en lo alto de los árboles familias inmensas de monos aulladores.

Pero no solo naturaleza abunda en San Lorenzo. En un recorrido de solo doce kilómetros, es posible palpar la historia de las sucesivas ocupaciones que ha vivido su territorio. Lo primero que encuentra el paseante son los restos de la base militar Sherman, que operó el ejército de Estados Unidos desde 1911 hasta 1999. Luego puede observarse una sección del canal francés, esfuerzo titánico e inútil que inició en 1882 y le costó al país galo más de 300 millones de dólares de la época y una vergüenza nacional.

Mimetizadas entre el bosque, se conservan las baterías que Estados Unidos construyó durante la dos guerras mundiales, para defender la entrada del canal ante cualquier ataque internacional. Y ya al final del camino, frente a la plácida y silenciosa desembocadura del río Chagres en el Caribe, está el Fuerte San Lorenzo El Real de Chagre, construido por los españoles en 1597 para proteger, infructuosamente, al istmo centroamericano de ataques piratas. Después de siglos de abandono, en 1980 la UNESCO lo declaró Patrimonio Mundial.

El parque tiene también playas, cativales y manglares, y es un inigualable lugar para la observación de aves en un país en donde se abundancia es sobresaliente.

No deje Colón sin tomar saril

Colón es una ciudad casi mítica, donde pareciera que surgió el realismo mágico. Por eso resulta difícil para el foráneo abordar sus calles, bulevares o barriadas. Sin embargo, acaba de iniciarse un plan de renovación urbana que con una inversión de 500 millones de dólares, entregará una ciudad totalmente remozada en el 2018. Cuando esté listo, será inigualable la vista del Conjunto Monumental Histórico de la ciudad. Mientras tanto, el visitante, no puede irse de Colón sin probar el exquisito pan bon, y tomarse un saril (agua de flor de Jamaica), un icing glass (bebida local hecha con el alga kappaphycus a la que se le adjudican poderes sobrenaturales) o una ginger beer. Por ello es obligatorio deslizarse hasta la avenida Amador Guerrero y, a la altura de la calle 9, buscar la Panadería Colón, donde la visión del empresario Melvin Cabey logró embotellar de manera profesional las clásicas bebidas que los colonenses beben en su hogar. En la panadería también puede encontrar exquisitos pasteles de bacalao, carne o pollo y el famosísimo plantintá (Originalmente plantain tart): pastel de plátano teñido con remolacha, tan célebre que hace poco protagonizó un evento gastronómico en el Hotel Sheraton de Ciudad de Panamá, donde se lució su chef Jorge Maxwell.

Pero si lo que desea es un buen almuerzo, el Restaurante Hudson, también sobre la avenida Amador Guerrero, le ofrecerá las exquisiteces de pescado y marisco cocidos en leche de coco. Su chef y propietario, Luis Sue, aumenta la oferta de bebidas naturales con ponche de vegetales o berro con naranja, entre otras muchas delicias. Los críticos culinarios recomiendan también la cocina del restaurante Dos Mares, donde además venden el mejor pan bon de la ciudad, delicioso pan moreno con abundancia de frutos secos, que en otras latitudes se acostumbra comer en Pascua pero que en Colón es “pan de cada día”.

Cómo llegar

El ferrocarril de pasajeros funciona de lunes a viernes a las 7:15 a.m. de Panamá a Colón y a las 5:15 en la vía contraria. Las boletas solo se pueden adquirir el mismo día del viaje, así que es preferible madrugar. Hay cinco vagones de pasajeros, pero solo uno de ellos es panorámico. Conviene realizar este viaje con el apoyo de un guía que lo espere en Colón con auto.

Almiza Tours: mario@myfriendmario.com / almizatours@hotmail.com
Verde Azul: info@expedicionesverdeazul.com

Dónde comer

En el Centro de Observación de la Ampliación hay un restaurante que ofrece buffet a la hora del almuerzo. A pocos kilómetros de Sherman está Sheter Bay; una marina con servicio de restaurante que puede ser muy conveniente antes de entrar al Fuerte San Lorenzo. De regreso a Colón es obligatorio visitar la Panadería Colón, tomar una bebida refrescante natural en el Restaurante Hudson y llevar de recuerdo un pan bon de Dos Mares.

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