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Destino Argentina

Salta: tan linda, que enamora

En un recorrido por la región más septentrional de Argentina, la ciudad de Salta y las zonas aledañas son ideales para admirar paisajes extraordinarios, catar vinos estupendos y conocer su historia preincaica.

Por: Julia Henríquez
Fotos: Demian Colman

 

1. Salta capital

Una imagen completa de Salta, desde varias perspectivas, la ofrece el Cerro de San Bernardo. Las terrazas y balcones, cuidadosamente construidos, son la puerta a la ciudad y ofrecen su mejor vista a 260 metros de altura. Mientras el viento sopla, se puede divisar el entramado de las calles y avenidas, las cúpulas de sus iglesias emblemáticas e incluso los caminos hacia Cafayate y Campo Quijano.

La mejor opción para subir al Cerro San Bernardo es el teleférico, inaugurado en diciembre de 1988. El recorrido, de casi 285 metros, dura diez minutos; lo suficiente para que la ciudad te empiece a enamorar, poco a poco, mientras te acostumbras a que recorrer la provincia implica cambiar de altura en un abrir y cerrar de ojos.

2. Museo Güemes

Este es el escenario perfecto para comprender realmente a Salta y su papel en la historia argentina. El museo es una muestra interactiva dedicada al personaje más destacado de la provincia: Martín Miguel de Güemes, quien fue fundamental en la liberación del pueblo argentino de la Corona española. El museo destaca su historia no solo como héroe de la patria, sino como hombre de familia y valores salteños.

3. Plaza Central

También es necesario darse un recorrido por la Plaza Central para disfrutar de la arquitectura propia de la región.

4. Cafayate

Los rojos exuberantes de la Quebrada de las Conchas se van apropiando del paisaje a medida que el auto se aleja de Salta y se aproxima a Cafayate por la Ruta Nacional 68.

Declarada reserva natural manejada, la quebrada comprende majestuosas formaciones geológicas labradas hace siglos por el agua y el viento.

Son paisajes únicos donde el arquitecto de la naturaleza labró escenarios como la Garganta del Diablo o el Anfiteatro, entre otros muchos.

5. Viñedos

El clima de Cafayate y su suelo colorado hacen la combinación perfecta para el sembrado de la vid y la creación de exclusivos vinos. A diferencia de Mendoza, donde la uva estrella es Malbec, aquí al norte predomina la uva blanca Torrontés.

Cerca de una veintena de bodegas se riegan entre los 1.600 y 2.400 metros de altura, produciendo un vino de gran carácter y fragancias únicas. La escena corresponde a la Bodega El Esteco, a 1.700 metros de altura, que ofrece recorridos para conocer el proceso, un hotel de lujo para una inmersión completa y, por supuesto, la oportunidad de catar sus mejores creaciones.

6. San Antonio de los Cobres

Hacia el norte de la provincia, sobre la mítica Ruta 40, se encuentra la localidad de San Antonio de los Cobres (abreviada como SAC por los locales), cuyo paisaje desértico y rojizo se torna en puna, los cardones aparecen entre las montañas, el oxígeno escasea y la cultura de los pueblos originarios es más fuerte.

7. Fundación El Alfarcito

A 2.800 msnm, alrededor de una humilde iglesia, está el centro de la Fundación El Alfarcito, un proyecto de Sigfrido Moroder, más conocido como el padre “Chifri”, quien buscando mejorar las condiciones de las comunidades de la zona creó, en 2009, este proyecto que incluye colegio, comedor, centro de artesanías y museos.

Con la idea de que unidos son más, hoy los pueblos de Rosario de Lerma invitan a turistas y locales a conocer Alfarcito, su gente y su historia para seguir agregando granitos de arena a este proyecto que no para de crecer.

8. Tren a las Nubes

El poblado de San Antonio de los Cobres es reconocido internacionalmente por su atractivo turístico más llamativo: el Tren a las Nubes, un viaje en el tiempo que te invita a entrar en una película de vaqueros mientras recorres la puna hasta alcanzar los 4.200 msnm.

9. Viaducto de la Polvorilla

El recorrido culmina en el increíble Viaducto de la Polvorilla, en donde las normas de la gravedad se rompen mientras la emoción invade a los viajeros. Es un tramo cuyo ángulo de curvatura es superior al semicírculo, lo que se conoce en arquitectura como “peraltado”.

Pero San Antonio de los Cobres tiene mucho más que ofrecer. Su gente con sonrisa permanente y cachetes rosados ha encontrado oportunidades de explotar el turismo, creando experiencias nuevas y orgánicas para quien se atreva a pasar las vías del tren y las barreras mentales.

Thuru Maky, o “manos de barro”, es una agrupación de mujeres artesanas que crearon su marca de cerámicas hechas a mano y te invitan a que, junto a ellas, hagas tus propias creaciones de barro.

Anatolio, por otro lado, llevado por su deseo de tener una mascota creó su emprendimiento, donde la atracción son sus amadas llamas y una tranquila charla sobre los comportamientos de los animales, su hábitat y la vida de su comunidad en esas tierras a lo largo de los siglos.

10. Santa Rosa de Tastil

Más adelante, el poblado de Santa Rosa de Tastil sorprende con los rasgos de historia que todavía sobreviven sobre sus montañas.

El Museo de Sitio Tastil cuenta la vida de la montaña y de quienes la habitan desde antes de la Conquista.

Aquí se pueden ver unos petroglifos casi en perfectas condiciones encontrados en sitios arqueológicos cercanos, como las Ruinas de Tastil, que cuentan una perfecta narración de su historia preincaica.

11. La Caldera

Y como estamos en una región donde prima la tradición, no podía faltar la oferta de la localidad de La Caldera, vecina de Salta capital y centro de las costumbres gauchas. Aquí se camina a paso de caballo, se usa poncho y se trabaja en el campo.

Ser gaucho, como nos describe nuestro guía Rafael Guitian, es más que trabajar la tierra, es una actitud, algo que agranda el corazón de orgullo y recibe a quien venga curioso a conocer el alma argentina. Turismo Alternativo Camino del Inca es el proyecto familiar de Rafael, quien ofrece desde una buena charla con asado hasta cabalgatas de días en medio de la naturaleza.

En definitiva Salta la linda enamora con su gente y sus paisajes, te deja la sensación de calma mezclada con el afán de querer recorrer todas sus esquinas y conocer todas sus tradiciones. Y no hay mejor fin del recorrido que una serenata improvisada en La Casona del Molino con una copa de buen Torrontés en la mano.

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